El pasado 2 de septiembre, cuando se cumplía el 75 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, el presidente de China, Xi Jinping, propuso a Moscú unificar esfuerzos para defender los resultados de la guerra, dado que hoy los países de la OTAN se empeñan en trastocarlos tanto retrospectivamente como sobre el terreno, haciendo de China y Rusia sus principales enemigos a batir.

Ya el pasado 9 de mayo Rusia celebraba una fecha casi sagrada para el país, porque conmemora en ella la victoria sobre los ejércitos nazis. Para conseguirla la URSS perdió entre 27 y 30 millones de sus hijos -de los cuales sólo unos 8 o 9 millones eran combatientes-; 60 millones quedaron mutilados, fueron destruidas 32.000 empresas industriales, 65.000 kilómetros de vías férreas, 1.710 ciudades, 70.000 aldeas, 6 millones de edificios, 40.000 hospitales, 84.000 escuelas, 98.000 cooperativas agrícolas, 1.876 haciendas estatales.

Los nazis trasladaron a Alemania 7 millones de caballos, 17 millones de cabezas de ganado, 20 millones de puercos, 27 millones de ovejas y cabras, 110 millones de aves de corral. La URSS tuvo una pérdida de más del 30% de sus riquezas, por un valor de unos 3 billones de dólares. Más de un 25% de la población quedó sin hogar y las infraestructuras de ese país fueron destruidas casi en su totalidad (algo que cuenta bien Rodolfo Bueno, https://rebelion.org/el-9-de-mayo-dia-de-la-victoria/ 09/05/2019).

Gracias a este sacrificio, se produjo la victoria sobre la invasión más masiva y letal que haya experimentado la humanidad. La Wehrmacht había movilizado cerca de 3,2 millones de soldados hacia la frontera soviética, junto con un millón de soldados de países aliados y satélites, para iniciar una ofensiva general desde el mar Báltico hasta los Cárpatos, con la máquina de guerra terrestre y aérea más mortal que hasta ese momento se hubiera conocido.

Ese ensañamiento estaba motivado por dos razones básicas. La primera y principal es que Rusia había realizado una revolución anticapitalista que se declaraba “en transición al socialismo”, y se había convertido en la URSS. La Revolución Soviética realizó la más rápida y profunda incorporación de derechos colectivos a las grandes masas de población que ha conocido la historia; masas que hasta entonces habían permanecido en estado de semi-vasallaje.

Esto hizo que las potencias europeas hicieran caso omiso a los intentos de Stalin por sellar pactos de mutua ayuda en caso de ser atacadas por la Alemania nazi.  Como ocurriera antes con la República española, lo que hicieron Inglaterra, Francia y otras “democracias” europeas fue esperar a que Hitler les hiciera el trabajo sucio (ya que la previa invasión a Rusia de aquellas potencias había sido derrotada en la guerra de 1918 a 1923).

La otra “gran razón” es que Alemania, último país de Europa en unificarse estatalmente en el siglo XIX, había llegado tarde a la carrera colonial imprescindible para la acumulación de capital, y tenía prevista su expansión hacia el este europeo-asiático, como forma de conseguir sus propias “colonias” (con sus recursos y poblaciones). En los planes de Hitler estaba la esclavización pura y dura de los pueblos eslavos, amén de otros euroasiáticos.

El fascismo se constituiría no sólo en una vía de acumulación capitalista radicada en una planificación económica y de agresión político-social y policíaco-militar visceral contra la fuerza de trabajo, fue, asimismo, el instrumento elegido por el capital corporativo internacional para lanzar una guerra de exterminio contra la Unión Soviética.

De hecho, y a pesar de la Victoria contra Alemania, desde su triunfo revolucionario la URSS no tuvo ni un día, ni un minuto de descanso. Fue permanentemente agredida, boicoteada económica y tecnológicamente (forzada casi a tener que reinventar la rueda), asediada militar, diplomática, ideológica, culturalmente.

“Occidente”, ese eufemismo ideado para no hablar de las formaciones sociales que se extendieron de manera colonizadora por todo el mundo, esclavizando y explotando al resto del planeta, le ha venido haciendo una guerra, a veces sorda, larvada, otras directa, invasiva, pero siempre tremendamente cruel y devastadora.

Para entender todo ello hemos de tener en cuenta también que la URSS fue un elemento decisivo en la obtención de independencias y logros sociales y políticos para muchos pueblos de la tierra, permitiendo una correlación de fuerzas que posibilitó una generalizada redistribución de la riqueza y de garantías sociales en el mundo.

Entre otras conquistas a agradecerle está la consecución del propio “Estado de Bienestar” en las formaciones centrales del capitalismo (exceptuando EE.UU.). Es parte de la universal influencia de la URSS (de la estrella de 5 puntas que simboliza los 5 continentes), el prodigio de una revolución que cambió el mundo, que hizo que el capitalismo no pudiera seguir siendo lo que había sido (en el gráfico 1 se expresa la evolución de la desigualdad de clase en el mundo antes, durante e inmediatamente después de la URSS. Trece años después de la fecha en que acaba el gráfico, las líneas de desigualdad se han disparado hacia arriba).

 Gráfico 1

Concentración de la riqueza por porcentaje más rico de la población (1875-2007)

Fuente: Sundaram y Popov (2013). “Widening Global Income Inequality”, en Economic & Political Weekly, vol XLVIII, no 17, a partir de The World Top Income Database, sobre las fluctuaciones en la distribución del ingreso para un conjunto de formaciones sociales seleccionadas, en total 26. Los porcentajes de abajo marcan el máximo de población que concentra riqueza en cada caso, con las proporciones en la columna de la izquierda. Obsérvense los puntos de inflexión históricos para determinar esa concentración.

Las formaciones estatales seleccionados por los autores, de los que el gráfico es una media, son, en Europa: Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Suiza, Gran Bretaña, Irlanda, Noruega, Suecia, Finlandia, Portugal, España e Italia. América: EEUU, Canadá y Argentina. Oceanía: Australia y Nueva Zelanda. Asia: Japón, India, China, Singapur e Indonesia. África: Suráfrica, Islas Mauricio y Tanzania. En total, alrededor de la mitad de la población mundial.

Es decir, nada que ese sistema pudiera perdonar. Pero es que ya de antemano primero británicos y luego estadounidenses tenían claro que los territorios rusos se asentaban en el “corazón del mundo”, con todos los recursos y riquezas energéticas, con la masa de tierra y población mayor del planeta.

Es famosa la frase de Mackinder (reputado primer estratega global): “Quien rija el Este de Europa comandará el Heartland. Quien rija en el Heartland comandará la Isla del Mundo (Eurasia). Quien rija en la Isla del Mundo comandará el Mundo”. Años más tarde, uno de sus discípulos, Spykman, anunció: “el mundo anglosajón debe establecer un cordón sanitario frente a Rusia, un Rimland”.

Desde entonces los británicos fueron acompañados por los estadounidenses en esa obsesión, y no han dejado de rodear militarmente a la URSS, primero, y después de nuevo a Rusia.

La creación de la OTAN, tras la invención del “peligro soviético”, permitió a EE.UU. la mayor salida de armas de su complejo industrial-militar (vendidas a su “aliados”), lo que posibilitó su re-despegue económico tras la Segunda Guerra Mundial. Fue también el más poderoso instrumento militar contra la URSS.

Sólo muy recientemente se han desvelado, por ejemplo, documentos oficiales desclasificados sobre los planes ideados en la década de 1960 por EE.UU. para «destruir a la Unión Soviética (y también a China) como sociedades viables», mediante ataques nucleares destinados a eliminar el potencial industrial soviético y aniquilar a la mayoría de los habitantes en ambos países. Allí se planteaba la posibilidad de realizar ataques nucleares preventivos o de represalias contra la URSS con el fin de destruir el 70 por ciento de la superficie soviética con presencia de instalaciones industriales.

En el documento, ese cuerpo militar propuso utilizar la «pérdida de población como criterio principal para la efectividad de la destrucción de la sociedad enemiga prestando sólo atención colateral al daño industrial», lo que implicaba que pretendían garantizar en primer lugar la muerte de los trabajadores urbanos.

Tras la caída y desmembración de la URSS, la nueva Rusia no se libró de ese acoso. EE.UU. persigue también desmembrar a este país y reducirle a una entidad sometida y dependiente. A la desestabilización en el Cáucaso, Chechenia, Georgia, Azerbaiyán, se unió por fin el brutal golpe de estado en Ucrania con la imposición de bandas fascistas en el gobierno (país que en la disolución de la URSS se había acordado que fuera un colchón, “tierra de nadie”, entre Rusia y la OTAN, organización a la que EE.UU. se comprometió a no mover ni un paso hacia el este).

Pero el acoso no cesa. En el momento de escribir estas líneas está en marcha otra “revolución de colores”, esta vez en Bielorrusia, bien para absorber al país en la órbita atlantista o, en su caso, deshacerlo.

La “doctrina Spykman” del cordón sanitario está prácticamente cumplida hoy. Por el oeste a costa de antiguos países de la órbita soviética (figura 1). Solamente este último mes de agosto los vuelos de vigilancia de la OTAN en las fronteras rusas aumentaron un 30% comparados con el mismo mes de 2019.

Figura 1

ero si Rusia ya no es un “peligro comunista” ¿por qué sigue estando en el punto de mira de EE.UU. y, por derivación, de sus subordinados europeos?

La lucha del Caos contra la Estabilidad, o del Capital contra la Humanidad.

Hay un documento de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) estadounidense que califica a Rusia y a China de “revisionistas”.

¿Qué es lo que “revisan” Rusia y China? Lo que “revisan” -o más bien “rechazan”- es el orden unipolar y la globalización neoliberal que le ha permitido a EEUU dominar el mundo, lanzar guerras, cercar militarmente a Rusia, aplicar sanciones comerciales, financieras y económicas para desindustrializar y minar las sociedades de múltiples países, desacatando con toda impunidad las leyes y tratados internacionales, haciendo irrelevantes instancias de las instituciones internacionales, de la ONU en particular, para poder continuar sembrando el caos por todo el mundo.

En concreto, el pecado “mortal” de Rusia ha sido que el presidente Vladimir Putin comenzara hace más o menos una década a desafiar el orden neoliberal para defender la sociedad de los efectos destructores de las políticas implantadas por la globalización de la era Yeltsin y la “estrategia del shock” de las potencias imperiales[1http://www.voltairenet.org/article149804.html" style="box-sizing: inherit; background-color: inherit; transition: all 0.1s ease-in-out 0s; color: rgb(0, 0, 0); font-weight: 400; text-decoration: none;">«guerra contra el terrorismo» desde hace más de dos décadas, y con ella ha arruinado países y destrozado sociedades enteras: Afganistán, Somalia, Irak, Libia, Siria… Además, esa especial guerra perdura y se extiende hoy por más de 60 Estados, principalmente a través de operaciones secretas. De hecho, se ha convertido en la forma en que la principal potencia tiende a implantar su particular visión de un «dominio total» («Full-spectrum dominance», como fue definido en el clave informe del Pentágono titulado Joint Vision 2020). Es su estrategia para devastar territorios, hacerlos ingobernables, y así agujerear la zona de estabilidad chino-rusa.[2https://observatoriocrisis.com/2020/09/09/occidente-contra-rusia-y-china/#_ftn3" style="box-sizing: inherit; background-color: inherit; transition: all 0.1s ease-in-out 0s; color: rgb(0, 0, 0); font-weight: 400; text-decoration: none;">[3https://observatoriocrisis.com/2020/09/09/occidente-contra-rusia-y-china/#_ftn4" style="box-sizing: inherit; background-color: inherit; transition: all 0.1s ease-in-out 0s; color: rgb(0, 0, 0); font-weight: 400; text-decoration: none;">[4https://observatoriocrisis.com/2020/09/09/occidente-contra-rusia-y-china/#_ftnref1" style="box-sizing: inherit; background-color: inherit; transition: all 0.1s ease-in-out 0s; color: rgb(0, 0, 0); font-weight: 400; text-decoration: none;">[1https://observatoriocrisis.com/2020/09/09/occidente-contra-rusia-y-china/#_ftnref2" style="box-sizing: inherit; background-color: inherit; transition: all 0.1s ease-in-out 0s; color: rgb(0, 0, 0); font-weight: 400; text-decoration: none;">[2https://observatoriocrisis.com/2020/09/09/occidente-contra-rusia-y-china/#_ftnref3" style="box-sizing: inherit; background-color: inherit; transition: all 0.1s ease-in-out 0s; color: rgb(0, 0, 0); font-weight: 400; text-decoration: none;">[3https://antiimperialistes.wordpress.com/2019/10/10/declaracion-del-frente-antiimperialista-internacionalista-sobre-la-declaracion-nazi-del-parlamento-europeo/" style="box-sizing: inherit; background-color: inherit; transition: all 0.1s ease-in-out 0s; color: rgb(0, 0, 0); font-weight: 400; text-decoration: none;">https://antiimperialistes.wordpress.com/2019/10/10/declaracion-del-frente-antiimperialista-internacionalista-sobre-la-declaracion-nazi-del-parlamento-europeo/):

“Refiriéndose varias veces al mencionado tratado, elude el texto condenar a los promotores del nazismo, la oligarquía británica, francesa y norteamericana. Baste con recordar los vergonzosos acuerdos de Munich de 1938, la no-intervención y la traición a la República Española, la entrega de Austria, la traición a Checoslovaquia, el armisticio francés o la retirada británica.

El texto que comentamos no menciona tampoco el «pacto de no agresión germano-polaco» firmado entre la Alemania nazi y el régimen simpatizante del mariscal Piłsudski en 1934 que dio paso a un periodo de buenas relaciones hasta que Hitler, tras los acuerdos de Múnich de 1938 con Reino Unido y Francia, reactivó el conflicto con Polonia en 1939, tras la invasión (consentida por Reino Unido y Francia) de Checoslovaquia, para aproximarse a la URSS.”

[4] ¿Estarán nuestras fuerzas “de izquierda” europeas a la altura de insertarse en el Eje de Estabilidad, o por el contrario seguirán colaborando, de una u otra forma, por activa o por pasiva, con políticas y actitudes, incluso con gobiernos que buscan la Guerra y la Destrucción, empeñadas en prolongar un capitalismo cada vez más “ficticio”, más degenerativo?

Fuente

 

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