Imagínense que un día salen a la calle, están tranquilamente paseando por las principales avenidas de sus ciudades, quizás realizando algunas compras o paseando a su mascota,  y cuando llegan a la plaza mayor se encuentran a una persona en medio hablando para un pequeño grupo de personas y diciendo: “yo soy un amante del saber, yo soy filo-sofo”.

Curioso, ¿no? Algo parecido debieron sentir los ciudadanos atenienses hace más de 2.000 años cuando unos conciudadanos se reunían en el ágora, en la plaza pública, y se denominaban los “filo-sofós”, los amantes del saber.

Hoy, muchos siglos después de aquellas escenas, todavía existen personas a las que llamamos filósofos y filósofas. ¿Cómo es esto posible? ¿Acaso es que los amantes del saber producen algún tipo de objeto o producto tan valioso que ha perdurado tantísimos años? Pues, parece que no… Mucha gente se empeña en decir que la filosofía no sirve porque no produce ningún bien material valioso en esta sociedad..

Pero realmente, ¿La filosofía no sirve? Correcto. La filosofía no sirve porque no es esclava de nadie. Ni es esclava ni esclaviza, más bien, todo lo contrario, la filosofía libera. La filosofía fomenta el pensamiento crítico y la reflexión autónoma libre. ¿Libre? Sí, del latín lîber, es decir, liberar. Y la filosofía es libre porque libera el pensamiento frente a aquellos que lo quieran encadenar.

En nuestra sociedad actual y con una Ministra de Educación empeñada en quitar horas a la filosofía en la educación básica obligatoria, es importante defender la Filo-sofía porque nos enseña a reflexionar, a pensar críticamente, a cuestionar, a construir un discurso coherente, a luchar por nuestra felicidad y la de los demás, a eliminar dogmas y prejuicios, a ser responsables, libres y justos… a que no nos encadenen.

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