La crisis de Covid-19 es la crisis más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Según Henry Kissinger, nada será igual después de la pandemia [1]. El orden mundial, heredado del final de la Guerra Fría, está en declive. Por esta razón, «los gobiernos deberían pensar en sus activos globales futuros mientras se enfrentan a la lucha contra la pandemia».

De hecho, la pandemia está acelerando tres tendencias que se vienen manifestando desde hace algún tiempo. El primero es la crisis del capitalismo mundial. El segundo es el cambio en el equilibrio económico de poder entre Occidente y Oriente (en particular entre Estados Unidos y los principales países de Europa Occidental, por un lado, y China, por otro). El tercero es la crisis del neoliberalismo y su principal producto, la globalización, ya combatida por la crisis de la hegemonía estadounidense y el creciente proteccionismo estatal en el comercio mundial.

Mientras que en Occidente nos enfrentamos a una nueva ola pandémica, en China la COVID -19 parece sólo un recuerdo, afirma Milán Finanzas: “Solo los chinos celebran: Mientras en Italia la Navidad corre peligro, en el país asiático hay un boom del consumo”.

Según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), entre las diez principales economías mundiales, solo China en 2020 registra, aunque modesta, un crecimiento del PIB en sumas constantes (+ 1,85%), mientras que Estados Unidos tiene un descenso constante (-4,27%) y la zona del euro el descenso es aún peor (con Alemania cayendo al -5,98%, Francia al -9,75% e Italia al -10,64%).

Para los siguientes años (hasta 2025) el FMI espera un fuerte crecimiento de China, que será de casi tres veces mayor que el de Estados Unidos. En China en 2021 el crecimiento será del 8,23%, mientras que EEUU no podrá recuperarse completamente de la crisis.

De hecho, el «repunte» del PIB de EEUU en 2021 alcanzará solo el 3%, y las tasas de crecimiento disminuirán en los años siguientes [2]. Incluso en las exportaciones, según informa Unctad, solo China registra crecimiento económico (respecto al período anterior): pasando del menos 20% en el primer trimestre de 2020 a más de 16,9% en el segundo trimestre, mientras que Estados Unidos cayó un -3,8% en el primer trimestre y un -22,9% en el segundo trimestre y, en Europa, Alemania, a pesar de ser un fuerte exportador mundial, pasó del -2,89% al -21,6% [3 ] .

La advertencia- amenaza de Henry Kissinger

En abril, poco después del estallido de la pandemia, Henry Kissinger publicó en el influyente Wall Street Journal, un artículo muy significativo. Según el alto político estadounidense, la epidemia de coronavirus cambiará para siempre el orden mundial. Y Estados Unidos debería no sólo proteger a sus ciudadanos de la enfermedad, sino hacer un trabajo urgente para planificar una nueva era.

Kissinger está particularmente preocupado por salvaguardar los principios del orden mundial liberal: «el mito fundador de los gobiernos modernos, escribe Kissinger, es una ciudad amurallada protegida por gobernantes poderosos, a veces despóticos, a veces benévolos, pero siempre lo suficientemente fuertes como para proteger a la gente del peligro externo.La Ilustración redefinió este concepto, argumentando que la legitimidad de un estado se deriva de la capacidad del gobierno para satisfacer las necesidades básicas de las personas: seguridad, orden, bienestar económico y justicia»

«La pandemia- según el ex- Secretario de Estado- ha dado lugar a un anacronismo, el renacimiento de la ciudad amurallada en una época, como la de ahora, en que la prosperidad depende del comercio mundial y el movimiento de personas.Por eso- según Henry Kissinger- las democracias deben apoyar y defender los valores ilustrados en los que se basan. De hecho, una retirada global del equilibrio entre poder y legitimidad provocaría la desintegración del contrato social tanto interna como internacionalmente».

Para Kissinger «el problema milenario de la relación entre legitimidad y poder no puede resolverse simultáneamente. Se necesita moderación en ambos lados, tanto en la política interna como en la diplomacia internacional». Y Kissinger concluye con una advertencia: “Hoy vivimos en un momento trascendental. El desafío histórico al que se enfrentan los jefes de gobierno es gestionar la crisis construyendo el futuro. El fracaso podría incendiar el mundo”.

Detrás de la retórica del liberalismo se evidencia en el artículo la preocupación por la crisis de la hegemonía imperialista de EEUU, que además de perder posiciones económicas, sufren una pérdida de legitimidad no solo a nivel internacional sino también a nivel nacional. De alguna manera el viejo político reconoce la incapacidad de Estados Unidos para hacer frente a la pandemia, a una creciente pobreza interna y a una polarización social cada vez más que evidente.

Y todo esto ocurre mientras China se fortalece a nivel económico y a nivel del «poder blando», gracias – entre otros factores – a su eficacia para afrontar la pandemia, sobre todo la mayoría de los países occidentales afrontan graves dificultades para derrotar el virus. Por tanto, para muchos analistas internacionales se cada vez más necesario la reconstrucción de un nuevo orden mundial, en el que Estados Unidos reconsidere su papel hegemónico. De lo contrario, la situación podría volverse incandescente.

En este sentido, la alusión de Kissinger a posibles nuevos conflictos armados, es casi una amenaza en el caso de que EEUU no consiga imponer un nuevo orden mundial que le favorezca. Y, cuando habla del resurgimiento de la ciudad amurallada está manifestando su desacuerdo y rechazo a un proteccionismo que amenaza con imponerse.

La crisis de la globalización y la tendencia a la regionalización

La pandemia es solo el último paso para cuestionar la evolución que ha atravesado el mundo desde principios de la década de 1990 con el aumento del libre comercio y la integración de plataformas económicas, denominadas cadenas de valor globales (CVG).El concepto “cadenas de valor global” se refiere a las distintas etapas de producción de una larga cadena compuesta por proveedores y subcontratistas ubicados en diferentes países.

En este modelo de producción los bienes intermedios y los productos semi-acabados en distintos naciones se ensamblan en la última etapa de la cadena dando vida al producto final. Además, en estos últimos años una parte muy importante del comercio global es el comercio intra-empresarial (entre sucursales de una misma empresa ubicadas en diferentes países) y que han construido una nueva división internacional del trabajo.

Sin embargo con la pandemia el panorama ha cambiado decididamente. Las guerras comerciales entre EEUU y China y, entre EEUU y la Unión Europea, se han mezclado con la pandemia dando lugar a una reorganización del capitalismo mundial a través de la reorganización de las cadenas de valores globales.(CVG).

Esta reorganización está determinada por la reducción de las diferencias entre la tasa de crecimiento del PIB global y el comercio internacional. Entre 1990 y 1999, el PIB mundial creció un 3% en promedio mientras que el comercio internacional creció un 6%. Entre el 2000 y el 2009 el PIB mundial aumentó un 3% mientras que el comercio mundial creció sólo un 4%. Ambas rubros crecieron apenas un 3% entre 2010 y 2019 [4].

En consecuencia, el sistema está obligando a las cadenas de valor ha reducir en longitud, pero ha «engrosar». Es decir, las cadenas estarán formadas por un número menor de empresas, pero más estructuradas, con capacidad para suministrar más piezas y con un contenido tecnológico superior.

Para racionalizar el sistema económico, especialmente a nivel logístico y de aprovisionamiento, Europa, Asia y Norteamérica seguirán generando cadenas de valor globales, pero con una menor extensión internacional y por tanto con una mayor caracterización regional.

De este modo, la producción se orientará a nivel continental, porque la competencia ya no es solo de precio, sino también de flexibilidad de respuesta a la demanda. Por esta razón, las cadenas de suministro serán más cortas y estar más cerca del mercado final.

Por la misma razón también habrá una transformación del sistema “justo a tiempo” ( método basado en mantener las existencias al mínimo) que ha sido una piedra angular de la organización mundial del trabajo en las últimas décadas.

Las existencias de mercancías ya no se mantendrán al nivel más bajo posible. Hoy, existe la necesidad de garantizar la seguridad del suministro – que puede fallar por eventos como la Covid-19- y por una creciente inestabilidad geopolítica con guerras comerciales incluidas. Por esta razón, es posible que a muchas empresas ya no les resulte rentable producir en China. Los sectores que están más interesados ​​en esta reconfiguración de las CVG son principalmente los aeroespaciales, de defensa, automotriz y la compra de bienes duraderos.

En esta línea, Ángela Merkel emitió recientemente una declaración particularmente importante: “las empresas alemanas deben diversificar su producción en Asia. Debemos contemplar la modificación de la estrecha relación que hasta ahora ha vinculado la industria alemana con China”, haciéndola demasiado dependiente de ella» y por tanto “ debemos fortalecer las cadenas intra-europeas”.

De hecho el fortalecimiento de las cadenas intra-europeas se viene produciendo desde hace algún tiempo, como muestran algunos indicadores. El primero está representado por la parte del valor añadido nacional que se crea internamente y la parte del valor añadido que se crea por la conexión con las cadenas de valor globales, en particular con las intra-europeas. Según datos de WIOD, entre 2000 y 2014, Alemania pasó del 14,3% del valor añadido producido en Europa al 18,7%, Italia pasó del 11% al 16,5% y Francia del 14,3% al 16, 1%. Otro indicador es la participación de las exportaciones de bienes intermedios que van a Europa sobre el total: la alemana pasó del 53,8% al 60,3% entre 2000 y 2018, la francesa del 62,4% a 63,1%, y el italiano del 54,4% al 59,5%[5] .

La internacionalización del capital y la construcción del mercado mundial es una tendencia estructural del capitalismo, que sin embargo, en ciertos periodos históricos, es atravesada por contra-tendencias. Hoy nos enfrentamos a una contra-tendencia que se expresa hacia una mayor «regionalización» de la producción manufacturera, que a nivel mundial estaría conformada por tres macro-regiones, una europea, con Alemania en el centro, una norteamericana con EEUU fortalecido con el tratado de libre comercio con México y Canadá y otra con el mundo asiático con China en el centro.

La crisis del capital conduce a una nueva dialéctica entre los niveles nacional y supranacional

En pocas palabras, retomando la advertencia de Kissinger, lo que está en juego es el papel que jugarán los poderes particulares y las distintas fracciones del capital -empezando por Estados Unidos- en la división internacional del trabajo en las próximas décadas.

Incluso antes de Covid, la crisis del modo de producción capitalista se encontraba en una etapa caracterizada por una sobreacumulación de capital y una sobreproducción de bienes cada vez más difíciles de gestionar, crisis que se manifestó con repetidas crisis en los últimos veinte años.

Sin embargo, la crisis general se ha expresado de manera diferente en las distintas áreas económicas mundiales. Las más afectadas son las economías de los países con mayor desarrollo capitalista, Estados Unidos y Europa Occidental, además de Japón. La crisis, por tanto, están generando un aumento de la competencia inter-capitalista e inter-imperialista.

Como hemos escrito otras veces, el conflicto económico conduce a un mayor protagonismo del Estado, que, a diferencia del periodo neoliberal, deberá intervenir directamente en la economía. El Estado, además de otorgar subsidios directos, ingresa al capital de las empresas, tanto en las que tienen dificultades como en las que necesitan adquirir un tamaño mayor para convertirse en líderes nacionales (o regionales) y asi enfrentar la competencia global.

Los Estados ahora intervendrán más activamente en el funcionamiento del mercado – a través de barreras arancelarias y no arancelarias- para proteger a sus empresas de la competencia. <los estados también fomentarán fusiones y adquisiciones que permitan a las empresas nacionales alcanzar mayores dimensiones y, emprenderán acciones contra empresas extranjeras monopólicas, como es el caso de la UE contra Amazon, Apple, Facebook y Google.

A nivel global, por tanto, se está produciendo una modificación radical del orden global de la posguerra fría. Junto con la ralentización del comercio global, avanzamos hacia una reestructuración de la división internacional del trabajo, que, manteniendo las cadenas de valor globales, las revertirá en un sentido más regional y nacional,incluso muchos países se están moviendo con miras a internalizar piezas de procesos productivos que habían salido al exterior ( esto es lo que hizo Trump durante su presidencia).

Si bien es cierto que avanzamos hacia una mayor regionalización, también, en cierta medida, vamos a una cierta renacionalización de la producción, por tanto, inevitablemente, tendremos un aumento de la competencia entre estados que tendrán que redefinir la posición de su propia fracción del capital en la división del trabajo a nivel regional.

La fase del modo de producción capitalista que se abrió con la COVID, ha terminado actuando como un catalizador de todas las tensiones económicas y geopolíticas anteriores. Este proceso probablemente se articulará en una dialéctica entre los aspectos internacionales y nacionales de la acumulación de capital. Y a nivel súper-estructural se traducirá en una dialéctica marcada no sólo entre estados-nación sino también entre estados-nación y los organismos supranacionales.

Esto significa que, si queremos intervenir dentro de las contradicciones del capital contemporáneo, debemos actuar juntos tanto a nivel nacional como supranacional, entendiendo bien las transformaciones de uno y otro y sobre todo comprendiendo el entrelazamiento que entre estos dos niveles. Esto es cierto para Italia y para los demás países de la Unión Europea y de la Zona Euro.

Notas

[1] Henry Kissinger, “La pandemia de coronavirus alterará para siempre el mundo”, Wall Street Journal, 3 de abril de 2020.

[2] Imf, base de datos.

[3] Unctad, centro de datos.

[4] P. Bricco, Tarifas y virus, globalización en retirada, Il Sole 24 ore, 4 de noviembre de 2020.

[5] P. Bricco, op. cit.

Fuente

 

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