No había ninguna razón para pensar que el gobierno de Joe Biden estaría a la izquierda de la administración Obama en lo que se refiere a la política exterior. Biden tiene con una larga carrera política de apoyo a las guerras de los Estados Unidos, desde la invasión de Irak en 2003 a la prolongada ocupación de Afganistán.

Durante la campaña para las elecciones generales Joe Biden omitió interesadamente casi por completo toda referencia a su política exterior. Tal vez la posición más conocida fue su ataque contra China, que no parecía tan racista como el de Trump, pero que sin embargo fue reprochado por grupos progresistas asiático-americanos por su contenido rascistoide.

Biden sí dijo durante su campaña que quiere poner fin a las «guerras eternas» (muchas de las cuales ayudó a iniciar) y que está en contra de la guerra en Yemen (una posición que sólo adoptó después de haber apoyado esa guerra durante la administración Obama). En efecto, Biden no hizo ninguna propuesta política concreta para poner fin a las guerras interminables.

En consonancia con su trayectoria, Biden está recurriendo a los halcones favorables a las guerras de la era de Obama para conformar su gabinete. Para el mundo relativamente insular de los «profesionales de la seguridad nacional» estas nominaciones son las correctas .Pero quienes no son parte de esa élite de Washington, se preguntan: ¿Quienes son los personajes elegidos para ocupar los puesto claves? ¿A qué nos enfrentaremos con la administración Biden?

Halcones con títulos académicos

Anthony Blinken – que será nombrado Secretario de Estado ya acumula, con mucha razón, considerables críticas por su historial belicista. Blinken fue uno de los principales ayudantes de Biden cuando el entonces Senador votó para autorizar la invasión a Irak. De hecho, Blinken junto a Biden propusieron dividir Irak en tres regiones separadas basadas en la identidad étnica y sectaria.

Como asesor de seguridad nacional adjunto, Blinken apoyó la desastrosa intervención militar en Libia en 2011, y en 2018 participó junto con Michele Flournoy en la creación de la “West Exec Advisors”, una «empresa de asesoramiento estratégico» que mantiene en secreto la lista de sus clientes

Al respecto el politólogo Jonathan Guyer ha escrito en el American Prospect: «Puedo confirmar que Blinken y Flournoy utilizaron sus redes para construir una gran base de clientes utilizando tecnología de última generación. Una empresa de vigilancia israelí trabaja con ellos. También lo hacen una importante empresa de defensa de Estados Unidos, el multimillonario de Google Eric Schmidt y las grandes compañías de Fortune 100».

Otros ex-alumnos menos conocidos de la administración Obama merecen un mayor escrutinio. Entre ellos está Avril Haines, que ha sido nombrada por Biden directora de Inteligencia Nacional. Haines fue uno de los coautores de la «guía tecnológica para la política presidencial» de Obama, Esta “guía” es un infame texto destinado a normalizar los asesinatos selectivos con drones en todo el mundo.

Así es como Newsweek describió a Haines en 2013: «Desde que se convirtió en la asesora legal del Consejo de Seguridad Nacional (en 2011) Avril Haines trabajó en temas complicados y legalmente discutibles que van al núcleo de los intereses de seguridad de los EEUU. Entre ellos estaban los requisitos legales que rigen la intervención militar en Siria y una gama de opciones altamente clasificadas para frustrar el programa nuclear de Irán».

La importancia de Avril Haines para Obama salta a la vista: habitualmente era consultada por el presidente para que diera su visto bueno “legal” para realizar un ataque de drones que “carbonizara” a un presunto terrorista.

En un artículo de Spencer Ackerman se denuncia que durante la campaña presidencial de Biden, los antiguos asesores de Obama trataron de limpiar el pasado de Haines convirtiéndola en una suerte de “campeona” de la protección de los civiles. Este descarado engaño no debe ser creído: es evidente que la ley sobre aviones no tripulados no funcionó nunca, la realidad nos muestra que las acciones criminales de los drones estadounidenses provocaron un horroroso número de víctimas entre la población.

Aunque el gobierno de Trump intensificó la guerra con aviones teledirigidos, fue el gobierno de Obama -con la ayuda de Avril Haines- el que normalizó el uso generalizado de los asesinatos selectivos que convirtieron al mundo entero en un potencial campo de batalla.

Hay otros aspectos del historial de Haines que son preocupantes. Ella se ha descrito a sí misma como ex consultora de Palantir, una empresa especializada en los Big Data. La controvertida Palantir está implicada en algunas de las peores fechorías de la administración Trump, como la vigilancia masiva y detención de inmigrantes

Haines que también trabajó para WestExec, en 2018, enfureció a los progresistas de su partido demócrata, cuando apoyó la nominación de Gina Haspel para el cargo de Director de la CIA. Es públicamente conocido que Gina Haspel participó en la gestión de las prisiones de la CIA donde se realizaban degradantes torturas.

Y luego está Linda Thomas-Greenfield, llamada a servir como embajadora de las Naciones Unidas.  El empleo más reciente de Thomas-Greenfield es una firma «secreta de estrategia global” llamada Albright Stonebridge Group, algo similar a McKinsey & Company, presidida por Madeleine Albright.

No hay nada de extraordinario en que Biden haya nombrado a alguien que proviene de una oscura firma de estrategia global para un papel tan poderoso. En realidad, la firma Albright Stonebridge Group es una caja negra: Es casi imposible obtener información sobre quiénes son sus clientes. La empresa afirma que no hace trabajos para Agentes Extranjeros. Sin embargo, su oficina en los Emiratos Árabes Unidos está encabezada por Jad Mneymneh, un agente que estuvo a cargo de la Oficina de Asuntos Estratégicos del Príncipe Heredero de Abu Dhabi.

La industria de la guerra está detrás de las nominaciones

Pero aquí no termina la lista de halcones de Joe Biden. Jake Sullivan, que será su asesor de seguridad nacional trabajó para Macro Advisory Partners. Según Jonathan Guyer del American Prospect » Macro Advisory Partners está dirigida por unos 30 ex espías británicos que han reconocido 37 millones de dólares en ingresos el año pasado. La empresa de espionaje ha utilizado la participación de Jake Sullivan en su página web como personaje que ofrece “consejos confiables en un mundo turbulento. Pero, cuando Sullivan publica un artículo o da conferencias en la universidad, casi siempre omite este tipo de trabajos en su biografía».

Luego está Michèle Flournoy, considerada la favorita para liderar el Pentágono No sólo participa en la junta directiva del contratista militar “Booz Allen Hamilton”, sino  es co-fundadora del Center for a New American Security (CNAS), una institución financiada por la industria armamentística, incluyendo General Dynamics Corporation, Raytheon, Northrop Grumman Corporation y Lockheed Martin Corporation.

Michèle Flournoy, fue Subsecretaria de Defensa de Obama entre 2009 a 2012. En su puesto jugó un importante papel en la intervención militar de 2011 en Libia, en la ocupación de Afganistán, y más tarde se ha opuesto firmemente a la retirada de las tropas de EEUU de Irak.

Tenemos razones para esperar más de lo mismo en las próximas nominaciones que hará Joe Biden. Más de un tercio de su equipo de transición en el Pentágono tiene como «el empleo más reciente» a think tanks o compañías que son financiadas por la industria armamentística o son directamente parte de esa industria bélica.

Muchas de estas entidades son bien conocidas e incluso respetadas, incluyendo influyentes think tanks como el CNAS y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

El personal de estos think tanks no tienen la mala fama de los cabilderos comunes y corrientes. Sin embargo, a través de sus documentos, de sus campañas de difusión y de sus relaciones políticas, estos funcionarios hacen exactamente lo mismo que los peores cabilderos. La única diferencia es que se presentan acicalados con un barniz académico. Los think tanks de los que Joe Biden se nutre tienen antecedentes comprobados de haber impulsado guerras y nuevos sistemas de armas, como los drones asesinos.

De hecho, en 2016 incluso el New York Times acusó al Centro de Estudios Estratégicos de presionar a un fabricante de los aviones teledirigidos Predator (General Atomics). Y luego están los muchos que no revelan sus financiadores, incluyendo los cuatro miembros del equipo de transición (Linda Thomas-Greenfield entre ellos) que provienen del Grupo Albright Stonebridge.

Existe la tentación de tomarse un momento para respirar, celebrar que Donald Trump haya perdido las elecciones y aferrarse a la esperanza que Biden marque un giro en algunos de las peores políticas de Trump, incluyendo su belicosidad. Pero, hemos aprendido con la administración de Obama que lo que se requiere en momentos como este es hacer evaluación sobria – en lugar de hacer proyecciones o prognosis.

Obama, con Biden a su lado, intervino en Libia, impulsó la criminal guerra del Yemen, continuó la ocupación de Afganistán, apoyó al golpe de Estado en Honduras. Y ahora Joe Biden está tirando del mismo equipo de asesores y consultores que ayudaron a embarcar a Estados Unidos en guerras sin destino.

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