Captura de uno de los vídeos-espía que grabó para la CIA la empresa de seguridad española UC Global en el interior de la Embajada de Ecuador en Londres. 

El penúltimo capítulo de la batalla legal para esclarecer la guerra sucia mundial del espionaje de EEUU contra los denunciantes de crímenes de Estado se está librando en el Juzgado Central número 5 de la Audiencia Nacional española, donde el magistrado José de la Mata instruye la investigación de la empresa Undercover Global S.L. por haber espiado a Julian Assange durante su largo confinamiento en la embajada de Ecuador en Londres.

Todo indica que UC Global –con sede en Jerez de la Frontera (Cádiz) y cuyo propietario, David Morales, está imputado desde hace más de un año– trabajaba a sueldo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) al mismo tiempo que era contratada para proveer la seguridad perimetral de la sede diplomática ecuatoriana en la capital británica. Así que, aprovechándose de su acceso ilimitado a las instalaciones de la embajada, colocó micrófonos y cámaras ocultas con los que grabó las reuniones del creador de Wikileaks con sus abogados, colaboradores e incluso médicos.

UC Global también copió los teléfonos móviles, los dispositivos electrónicos y los documentos de identidad de las visitas que recibía Assange, y reunió una enorme base de datos, capturas de pantalla, audios y vídeos que volcaba en los servidores de la empresa española bajo el nombre clave de Hotel, según el amplio informe elaborado por la defensa que coordina el exjuez Baltasar Garzón.

Morales llevaba en persona a EEUU el material obtenido en la Operación Hotel y desde allí enviaba nuevas instrucciones a sus agentes de campo, que hicieron "seguimientos personales" y fotografías de Garzón, así como recopilación de información sobre altos funcionarios ecuatorianos, congresistas norteamericanos, diplomáticos, políticos y otras personalidades que visitaron a Assange en sus siete años de reclusión y asilo en la embajada.

Diez años de persecución global desencadenada por EEUU

Esa operación de espionaje sin precedentes contra el editor de una plataforma de comunicación dedicada a revelar crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por orden de gobiernos ha culminado una década de guerra secreta para acallar esas denuncias; guerra que ha capitaneado EEUU, con la colaboración entusiasta de sus aliados británicos, nórdicos y australianos, y que este 4 de enero culminará con la sentencia de una jueza británica sobre la extradición de Assange a EEUU, donde se le piden 175 años de prisión.

Sin embargo, Assange nunca centró su escrutinio exclusivamente en las potencias occidentales, ya que sólo dos años después de su fundación en 2006 como plataforma segura de filtración de documentos oficiales, Wikileaks desafió la gran muralla de censura de China en Internet difundiendo 35 vídeos de la represión de manifestaciones populares en el Tíbet. Después, ha publicado miles de documentos comprometedores de regímenes como el del general Al Sisi en Egipto o el del presidente Vladimir Putin en Rusia. 

 

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