Entrevistamos al científico Antonio Turiel sobre su libro recién publicado: Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar (Editorial Destino). En él apunta que es urgente una transición energética y que ésta debe ser controlada porque no va a ser posible seguir consumiendo energía a los niveles actuales.

Antonio Turiel (León 1970) científico y divulgador, autor del conocido blog The Oil Crash, es un referente para muchos y muchas activistas. En su blog explica el fin de los combustibles fósiles y cómo deberíamos hacer la transición energética. Es doctor en Física Teórica y trabaja en el Centro Superior de investigaciones Científicas (CSIC), en el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona.

Charlamos con él sobre su libro recién publicado: Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar (Editorial Destino). En él apunta que es urgente una transición energética y que esta debe ser controlada. Los combustibles fósiles no dan más de sí. Y ante la inminente crisis energética “que se nos viene encima”, junto con la crisis ambiental y la actual crisis sanitaria por la covid-19, sostiene que no hay que desfallecer. Durante la entrevista con la revista Ecologista, a pesar del panorama que dibuja, se muestra optimista y bromea constantemente.

En Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar, explicas que estamos ante una crisis global. ¿Cuáles son sus características?

La primera característica de esta crisis global que vivimos es la escasez del petróleo, que compromete a todo el sistema de transporte, a la globalización mundial, porque no olvidemos que el transporte se realiza, fundamentalmente, con petróleo. La segunda es la velocidad, porque, por culpa del virus de la covid-19, ahora más que nunca, estamos ante un proceso que debería llevar décadas, va a llevar lustros, sino años. Y la tercera característica es la falta de adaptación. No ha habido una preparación para esto [un descenso brusco de la energía] y todo el discurso de las administraciones es equivocado; está basado en una continuidad de lo que ya hay [un consumo energético elevado]. Es más que evidente que es imposible seguir así.

En el libro desmontas una a una las alternativas para la transición energética con renovables por considerarlas insostenibles, en concreto la eólica y la solar. Lo mismo planteas del llamado Green New Deal.

En el caso de las energías renovables el modelo de explotación de estas energías que se está planteando es equivocado. Está orientado a la sustitución completa de lo que hay actualmente. La energía renovable, siendo optimista, nos dará una porción de lo que consumimos hoy en día, pero es un modelo enfocado a un uso industrializado, a un uso fundamentalmente eléctrico. Es físicamente inviable y la energía, y el tipo de energía que vamos a necesitar, no va a dar. Por tanto apostar por este modelo nos aboca al fracaso.

Así como toda electricidad es energía, no toda la energía es electricidad. La electricidad que se consume en España, y en los países avanzados, es un 20 por ciento de la energía total, el otro 80 por ciento, que no es electricidad, es de difícil o imposible electrificación; y además, en España se está constatando que, aparte de que tenemos un exceso de capacidad eléctrica instalada, más de los que necesitamos, hay desde 2008, un descenso del uso eléctrico, porque la energía eléctrica crece cuando crece la actividad económica. Y encima, de lo que se está hablando es de poner más sistemas de generación eléctrica…Es absurdo.

Una cosa que me da mucha rabia es que cuando se habla de las energías renovables, no se contempla el aprovechamiento no eléctrico de las renovables, que es de más rendimiento, más interesante para lo que necesitamos. Pero no se habla. Esto es una crítica a ese modelo de transición, a ese modelo de renovables que no se dedica a resolver los problemas reales.

También argumentas que el ahorro y la eficiencia no funcionan ¿Podrías explicar esto a las personas concienciadas?

Las personas concienciadas tienen que fijarse en su factura. ¿Qué ha pasado? Hay gente que ha reducido su consumo pero se ha encontrado que le han incrementado el coste del término fijo. Con lo cual, el ahorro que hicieron se ha compensado porque les han subido la parte de la potencia contratada. Esto tiene que ver, por una parte, con la ‘mala fe’ de las compañías eléctricas…Pero, el dilema del ahorro y la eficiencia de la energía es: lo que no se consume, no se queda ahí disponible, otro la consume, porque consumir energía produce un valor económico… En tanto no exista un sistema eficiente, no hay nada que hacer. Y aunque el ahorro y la eficiencia son herramientas útiles, no lo son por sí solas, necesitan ir acompañadas de disposiciones que penalicen el consumo de la energía.

La covid-19 ha obligado a tomar medidas que han frenado bruscamente el crecimiento exponencial de la demanda de energía. Esto podía encaminarnos hacia los objetivos marcados por la comunidad científica para 2030. Y, sin embargo, afirmas que esa bajada es mala.

La analogía que utilizo es que esto es como el consumo de un drogadicto que está acostumbrado a un nivel de drogas elevado al día; si se lo retiras de golpe, entra en un síndrome de abstinencia que le puede matar.

Ahora mismo tenemos montado un sistema económico y productivo para mantener nuestra vida (distribución de alimentos, para la estructura social que tenemos), que si interrumpimos de golpe nuestro nivel de consumo energético, muchas cosas se van a venir abajo…

«Está claro, el problema es el capitalismo. Hay una resistencia a aceptarlo pero es evidente que un sistema que se basa en un crecimiento acelerado en un planeta finito es absurdo»

Aunque una reducción energética no solo es deseable, si no necesaria y urgente, no se puede hacer de golpe. Ha de hacerse de una manera pilotada y controlada. El gran problema es que esta huida hacia adelante del crecentismo está consiguiendo que la situación sea cada vez más inestable e insostenible y que pueda precipitar una caída brusca inesperada que podría causar muchas muertes. Y no hay ningún plan para adaptarnos al descenso energético que es inevitable. Lo que va a ocurrir es el descenso energético va a sobrevenir cuando ya sea inevitable, cuando empiece a escasear el petróleo y a escasear todo, y no vamos a estar adaptados. Lo ideal sería una planificación controlada de ese descenso [energético] para que no sea caótico, que es lo que va a ocurrir…

Adviertes de que jamás saldremos de esta crisis y que este libro no es para pensar en positivo ante el descenso energético ante el que nos encontramos. ¿Entonces como ecologistas, qué debemos hacer? Empezamos a ‘cortarnos las venas’… y abandonamos nuestras luchas como ecologistas?

No. Justo al contrario. No te cortes las venas déjatelas… [risas] Ante un sistema que se agota, y en el que se van a provocar muchas tensiones, mucha gente se va a quedar excluida, ya está ocurriendo con la covid-19.El sistema que tenemos, y nos mantiene a todos, está dejando atrás a muchas personas.

En medio de esta crisis, las posibilidades de que se cometan más disparates ambientales son elevadísimas. Por ello, ahora hay que ser más militantes que nunca, y hasta beligerantes para intentar proteger el medioambiente. Entre otras cosas, porque cuando llegue el descenso energético brusco al que vamos a estar sometidos, veremos que en tanto que tengamos un sistema económico que se basa en el crecimiento infinito, lo único que va a garantizar nuestra vida, lo único que proporciona carga al territorio es justo los bienes naturales. Es, con el lenguaje economista, los servicios ecosistémicos… Lo único que va a permitir la población humana va a ser la tierra que nos da los alimentos, el agua que vamos a beber y el aire que respiramos. Y necesitamos que todo eso este preservado, porque es lo que va a permitir la población humana.

«Lo único que va a permitir la población humana va a ser la tierra que nos alimenta, el agua que vamos a beber y el aire que respiramos. Y necesitamos que todo esto este preservado»

Habrá una tentación de quemarlo todo, para mantener la máquina en marcha. Es más importante que nunca ser muy protector esperando que esto se acabe de derrumbar de una vez para que haya un futuro, si no, no lo habrá.

Un científico como tú insiste en que el problema que tenemos no es la energía ni las alternativas tecnológicas, a las que calificas de fantasías, sino el capitalismo.

Está claro, el problema es el capitalismo. Hay una resistencia a aceptarlo, pero es evidente que un sistema que se basa en un crecimiento acelerado en un planeta finito es absurdo.Esto, aunque no les guste, es así. Lo que caracteriza realmente al capitalismo es que el capital tiene derecho a una retribución, que además es proporcional a su tamaño y es lo que nos obliga a un crecimiento rápido y acelerado del tanto por ciento que nos hace chocar contra los límites biofísicos del planeta.

Hay una percepción creciente que dice que el capitalismo ya no funciona entre, incluso, los grandes grupos económicos…Ya le están viendo las orejas al lobo. Y aunque hay cierta resistencia a aceptar que el capitalismo no se puede mantener, esta cierta inercia para abandonar las políticas capitalistas es precisamente lo que nos va a conducir al desastre. Pero además hay otros problemas como nos cuentan Jorge Riechmann y Emilio Santiago, y es la hegemonía del capitalismo. Hasta que no superemos este discurso hegemónico que nos dice que este es el único camino posible, esa es la gran dificultad. Vamos a hablar de la superación del capitalismo que no cuesta nada.

¿Y qué podemos hacer?

Aunque este es el libro del no, de lo que no se debe hacer a nivel energético y de los recursos, hay muchísimas cosas que sí podemos hacer en esta época de transición que nos toca vivir. Se pueden y se deben hacer muchas cosas y son de tipo social, cambiar la forma de organizarnos. Queda todo por hacer. En mi blog The Oil Crash en un post que se llama Hoja de ruta lo explico.

Más que nunca, ahora es el momento de no desesperar porque además el que todos identificamos como nuestro enemigo común [el capitalismo] está llegando a su final, pero ese final no a ser rápido, se va a alargar años o décadas; no va a ser una muerte repentina, sino con muchos coletazos y en el camino va a hacer mucho daño. No es un momento de confiarse.

“Más que nunca debemos potenciar el ecologismo social y tratar de que las personas que están siendo excluidas por el sistema no se queden atrás”

Más que nunca, es el momento de estar firmes y cerrar filas para aguantar las acometidas de lo que viene. Al mismo debemos ir ofreciendo alternativas a la gente que va a ir quedando excluida. La clave es que no abandonemos a la gente que el sistema va a ir dejando por el camino y que puede ir pasando a engrosar la lista del fascismo.

Muchas veces, hacer un ecologismo militante más activo y más útil a la causa social es es llevar a cabo comedores sociales o talleres sociales, para que la gente tenga qué hacer para cuando se les acabe el trabajo, que otras tareas de prevención del medioambiente que aun siendo importantes, no son quizás las más críticas. Necesitamos construir un discurso alternativo, un posibilismo alternativo, y ese es el momento en el que la gente empezará a escucharnos. Sin dejar de luchar y detener los proyectos extractivistas que se van a poner en marcha, en un intento desesperado por rebañar las últimas migajas para tratar de no detener la megamáquina en marcha.

Naomi Klein dice que el miedo es bueno siempre que se sepa hacia donde correr. ¿Cuándo nos vas a plantear un libro, o una novela, que no sea catastrofista?

No tengo tiempo. Por el día me dedico a trabajar en sistemas de alta tecnología en la Agencia Espacial y por la noche me dedico a escribir que la sociedad industrial que ha hecho esto posible está condenada a desaparecer…, pero es lo que hay. Ideas para escribir novelas tengo varias, pero ninguna es muy alentadora. Se impone un discurso infantiloide… Mantengo encuentros con foros económicos y políticos y en uno de ellos me dijeron: «No nos asustes demasiado». No queremos oír la verdad porque nos vamos asustar… Estas es una de las características, el no querer saber, que por fuerza nos llevan al colapso. Esa manera de pensar demasiado posibilista.

Me dicen que soy pesimista, respondo que no, soy optimista, porque si fuera pesimista dejaría de escribir. No haría nada. Pero si dedico muchas horas de mi vida a explicar lo que va a pasar es porque creo que aún se puede hacer algo.


Sobre las energías renovables 1

“Que todo esto va de negocios de grandes empresas. Por mucho que digan, las renovables no tienen nada de democráticas. Los mayores aportadores son la hidroeléctrica y la eólica, todas en manos de grandes empresas, al igual que la gran producción fotovoltaica, donde el ocasional panelillo privado en el tejado es meramente anecdótico en cuando a contribución energética. Y en todo caso, el que más contribuye de forma privada, no es el obrero de barrio, sino el ricachón con un chalé enorme donde poner los panelillos visibles junto al Tesla, para que luzcan y demuestren su virtud divina, su superioridad moral (y status)”.


No hay planeta que lo aguante

Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar

Antonio Turiel, Ed. Alfabeto (2020)

Marc Gavaldà 

Se puede decir más largo, pero no tan claro. Y nadie para esta tarea como Antonio Turiel, con años de experiencia transmitiendo desde su blog The Oil Crash las evidencias de que nos encaminamos hacia la crisis energética.  Un libro ameno de contundentes conclusiones: No hay salida. Sin tapujos, pero con el valor añadido de haber sabido descifrar la trama de números que siempre acompañan los artículos sobre energía, Turiel nos sintetiza y descarta, en capítulos de pocas páginas, una a una todas las expectativas y falsas ilusiones -sean tecnológicas o minerales- con las cuales solemos rechazar el advenimiento de una crisis sin precedentes, pues no será (solo) económica sino que afectará a la sangre y esqueleto del sistema industrial. El declive de reservas disponibles de petróleo, pues ya superamos en 2006 el peak oil de producción, no podrá solventarse más allá de parches energéticos que cómo mucho, lograrán postergar, con peores consecuencias retardadas,  una crisis de la cual no saldremos ilesos.

Uno a uno, el libro desgaja cada una de las fuentes de energía primaria convencionales (petróleo, carbón, gas, nuclear), no convencionales (gas de esquisto, arenas bituminosas, petróleo de aguas profundas), renovables (hidráulica, solar, eólica, agrocombustibles) y quimeras tecnológicas (hidrógeno, motor de agua, coche eléctrico) y nos demuestra con argumentos entendibles que no son fuentes energéticas viables para evitar el colapso. Y eso se explica de manera sencilla: «No existe solución al problema porque estamos intentando resolver el problema equivocado».  Esto es, igual que dos números pares nunca sumarán cinco, la ciencia y la tecnología nunca resolverán que el planeta es finito y que existen límites físicos y termodinámicos. Y ahí chocamos con una verdad aritmética que hará a buen entendedor en anticapitalista: En un sistema económico que debe devolver intereses al capital del 3 %, éste está obligado a duplicarse cada 25 años. No hay territorio – ni planeta- que lo aguante. Sazonaremos esta verdad, con la conjunción de crisis ambientales, climáticas y de recursos que obligarán a invertir más todavía en contingencias para llegar a la conclusión – y comprensión- de la inevitabilidad del colapso. Entonces, enfocar el problema en cambiar el sistema en lugar de esperar que los científicos inventen algo, es la única salida realista. No hay vida posible y perdurable en el capitalismo. Manos a la obra.

Fuente

 

Suscríbete para recibir las últimas noticias y novedades

Por favor, habilite el javascript para enviar este formulario