La mentalidad y práctica socialista que define las políticas de salud de Cuba difiere notablemente de la manera que enfrentan las pandemias las naciones capitalistas. Por esta razón que se haya confirmado que los cubanos tengan en producción dos vacunas contra el COVID 19 es una buena noticia para el “sur global”.

En todo el mundo, según el New York Times, se está avanzado en 67 “ensayos en humanos” de vacunas contra el COVID 19; 20 están en la fase final o unas 7 ya se están administrando. Están produciendo vacunas Estados Unidos, China, Rusia, Canadá, Reino Unido, India, Alemania y Corea del Sur, la mayoría de estos países las ofrecen en dos dosis.

Cuba es el único fabricante de vacunas en América Latina; no hay ninguno en África y las únicas entidades estatales que producen vacunas son las de Cuba y Rusia.

El Instituto de Vacunas Finlay de Cuba ya ha producido dos vacunas contra el COVID-19. La Soberano I, que centró sus ensayos en producir anticuerpos en las personas infectadas y la Soberana II, que está a punto de finalizar su última prueba clínica. La relativa demora se debe – a que de acuerdo a los estándares internacionales-  la población cubana es demasiado pequeña hacer un ensayo clínico completo, por lo tanto, la Soberana II terminará su proceso de pruebas clínicas en Irán.

El Instituto Finlay ha informado que está preparando 100 millones de dosis de la Soberana II, suficientes para inmunizar a más de 11 millones de cubanos. Los 70 millones de dosis restantes se destinarán a Vietnam, Irán, Pakistán, India, Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

Soberano II «será la vacuna del ALBA», explicó la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, en referencia a la alianza solidaria establecida en 2004 por Hugo Chávez y Fidel Castro.

No somos una multinacional

El vocero del Instituto Finlay, Vicente Pérez Bencomo, acaba de declarar a la prensa internacional, “No somos una multinacional en la que prima el objetivo financiero, no tenemos ningún afán de lucro, nuestra estrategia de comercialización es totalmente coherente con los valores de la revolución, defendemos la salud de los seres humanos sin ningún tipo de distinción “

“Los ingresos generados en el extranjero pagarán la atención sanitaria, la educación y las pensiones en Cuba, al igual que ocurre con las exportaciones de servicios médicos y los medicamentos”, agregó Pérez Bencomo.

Además, de las dos vacunas Soberanas, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnológica de Cuba está desarrollando otras dos vacunas contra la COVID-19. Una de ellas, denominada «Mambisa» (una combatiente de las guerras de liberación de España), se administrará por vía nasal; la otra, llamada «Abdala» (un personaje de un poema de José Martí) que se administrará por vía intramuscular. Estas dos vacunas se encuentran en avanzados primeros ensayos.

Cuba estaba preparada

Desde los primeros años de la Revolución la educación cubana ha dedicado toda su atención a la biotecnología de alto nivel. En los años 90, Cuba ya contaba con más un 11 por ciento de doctorados en ciencias en América Latina.

Los investigadores cubanos trabajan en un centenar de instalaciones de investigación y producción biomédica pertenecientes a “BioCubaFarma”, una corporación estatal dedicada a la fabricación vacunas, medicamentos y equipos médicos. La compañía BioCubaFarma produce el 60% de los medicamentos utilizados en Cuba y ha producido 8 vacunas pioneras.

Las investigaciones de los científicos de BioCubaFarma han desarrollado una gran variedad de fármacos, entre los más conocidos se encuentran las siguientes vacunas: una que previene la infección mortal causada por el meningococo de tipo B; un que ofrece un tratamiento paliativo para el cáncer de pulmón; una contra la hepatitis B y, una vacuna contra la meningitis infantil, causada por la bacteria Hemophilus de la Influenza tipo B.

La vacuna cubana contra la COVID 19

Para proporcionar un extra inmunológico, el antígeno de la vacuna Soberano II utiliza un compuesto llamado toxoide tetánico, que Cuba ha empleado exitosamente en la vacuna contra la gripe del Hemophilus. Al igual que con otras vacunas, los investigadores utilizaron un segmento de la proteína del virus – en este caso el virus COVID-19 – para formar un antígeno que estimule los anticuerpos protectores.

En cambio, las novedosas vacunas estadounidenses Pfizer y Moderna contienen la proteína viral completa, no un segmento. Esa proteína da las «instrucciones genéticas» a las células humanas, haciéndolas «fabricar proteínas en forma de espiga, que luego se liberan en el organismo» en forma de anticuerpos. 

Hay especialistas que han sugerido que la tecnología estadounidense puede ser menos segura que la utilizada por las vacunas cubanas. Otro factor importante es que al no requerir un almacenamiento extremadamente frío las vacunas cubanas son adecuadas para zonas sin capacidad de refrigeración adecuada.

El sector biomédico cubano también ha creado medicamentos para tratar a los infectados por el virus pandémico. El interferón, un agente antiviral desarrollado en Cuba, producido en China y utilizado en todo el mundo, evita que muchos pacientes infectados por el Covid-19 enfermen gravemente. Como complemento los médicos están utilizando el antiinflamatorio “Jusvinza” y el anticuerpo monoclonal “Itolizumab”

Ambos fármacos cubanos han demostrado ser eficaces para reducir las muertes por Covid-19, al moderar las respuestas exageradas del sistema autoinmune.

El gran negocio de la “Gran Pharma”

Aunque el gobierno estadounidense y los gobiernos europeos concedieron miles de millones de dólares, la producción y distribución de las vacunas en occidente ha quedado en manos de las grandes farmacéuticas.

Según la revista Forbes: “La farmacéutica Moderna podría superar en 35.000 millones de dólares en beneficios en relación a lo ganado el año pasado». “Además, agrega, las empresas (Pfizer y Moderna) pueden obtener miles de millones de dólares con sus vacunas COVID por los derechos de propiedad intelectual».

Con las corporaciones al mando, la distribución de las vacunas COVID-19 está sesgada. Hasta el 27 de enero, «se han enviado unos 66,83 millones de dosis, de las cuales el 93% se suministraron a sólo 15 países». En América Latina, sólo Brasil, Argentina, México y Chile han podido comprar vacunas para inmunizar a sus poblaciones.

Los contratos de la Grandes Farmacéuticas con las naciones africanas permiten la inmunización de sólo el 30% de los africanos en 2021. En ese continente la vacunación masiva aún no ha comenzado.

Para los epidemiólogos la división de la riqueza de las naciones está determinando la distribución de los antígenos. La Universidad de Duke ha denunciado que, «aunque los países de altos ingresos representan sólo el 16% de la población mundial, actualmente tienen el 60% de las vacunas contra el COVID-19 «. Por su parte, el periodista de investigación Randy Alonso ha confirmado que sólo «el 27% de la población, de los países de ingresos bajos y medios, serán vacunados durante el año 2021.»

«El mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico, y el precio de este fracaso se pagará con vidas en los países más pobres del mundo», declaró el 18 de enero el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud. El funcionario internacional advirtió que «algunos países y empresas siguen dando prioridad a los acuerdos bilaterales, haciendo subir los precios y saltándose la cola».

La OMS inició la colaboración mundial con “el Acuerdo COVAX” que debería garantizar el acceso de las naciones pobres a las vacunas. Las 190 naciones que suscribieron el acuerdo resolvieron distribuir dos mil millones de dosis, destinadas a inmunizar al 25% de la población de las naciones más pobres durante 2021.

Lamentablemente las naciones ricas – que deberían suministrarán los fondos necesarios para funcione el COVAX – no están respetando las reglas adoptadas en el organismo multilateral: “los países poderosos están comprando más vacunas de las que necesitan y han firmado contratos secretos con la “Gran Pharma” a precios muy altos”.

Lo que esa ocurriendo es que, en la mayoría de los países, que producen vacunas, se ha impuesto el afán de lucro.  A este grave problema para la salud y la vida de la humanidad hay que agregar que el bloqueo económico que sufre Cuba- por parte de Estados Unidos- ahora se suma un inhumano cerco a los esfuerzos de sus científicos, por sacar adelante su programa de producción de vacunas.

La Directora de Investigación del Instituto de Vacunas Finlay de Cuba, Dagmar García-Rivera, nos explicó las dificultades que enfrentan: «No tenemos en Cuba todas las materias primas e insumos que necesitaremos para producir la vacunación que requiere nuestra población. Hay que comprar estos insumos y para ello necesitamos financiación. Esto es infinitamente más difícil por el embargo estadounidense … Conseguir los reactivos necesarios para la investigación y las materias primas para la producción es un reto al que nos enfrentamos diariamente.»

Al enfrentarse a la pandemia, Cuba muestra un nivel de atención y preocupación que no es fácil de igualar en otros lugares. Por ejemplo, el sitio web gubernamental cubadebate.cu, ofrece una actualización diaria y detallada del impacto de la infección.

Sus informes presentan datos relativos a ciudades, provincias, el país y el mundo, así como lo que ocurre en las unidades de cuidados intensivos. Los lectores se enteran que, por ejemplo, de los 43 pacientes que estaban en cuidados intensivos un determinado día, se encontraban en estado crítico, estable o inestable 16 personas , y 27 en estado grave.

La información entregada es precisa hasta el detalle: «Ciudadano cubano, 75 años, de Alquízar, en Artemisa, con hipertensión arterial y cardiopatía isquémica ya que se encuentra afebril, se mantiene ventilación mecánica, está hemodinámicamente estable (oxígeno y CO2), mejora radiológicamente con lesiones inflamatorias en la base [pulmonar] derecha. Se reporta como crítico pero estable».

Combatir la pandemia es un asunto asumido por toda la sociedad cubana y los avances sus biomédicos no son un hecho algo casual. Tampoco es casualidad el cuidado de la salud de la población en la Cuba socialista.

W. T. WHITNEY, PERIODISTA INGLÉS 

Fuente

 

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