“A poco que arrasques en un bolchevique ruso aparece un imperialista ruso”. La frase es de Lenin, que no dejó pocas, y tal vez avanzaba lo que esperaría después de un tal Stalin como Zar de un nuevo imperio que de una u otra forma ideológica o política llega hasta nuestros días. Tal vez porque como ya avanzó otro ruso –León Trosky- el experimento soviético jamás pasó de ser un capitalismo monopolista de estado.

De manera que las disyuntivas entre izquierda e identidades nacionales arrancan desde muy lejos en la historia de los cambio revolucionarios, en los que ha primado de una manera más que frecuente el axioma lampedusiano. “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". “

Sin duda es muy importante para España resolver el conflicto catalán. Y también para Catalunya parece serlo. Pero hay un debate que no podemos obviar. Y es el rol que juega o quiere jugar cada partido (ahora actor político) en la resolución de esas disyuntivas históricas. Es en ese contexto donde ERC está atado al bloque independentista como Prometeo a su roca y tiene muy difícil salida de él. Es un viejo asunto que ya se suscitó en el PSUC desde su origen hasta su disolución/transformación en otros espacios políticos cada vez más difusos pero aún presos de ese debate original. No hay que ver más que la trayectoria y lenguaje explicito del diputado Asens para verificarlo. Y, por supuesto, estuvo presente en la tragedia griega que consumió durante años al PSC y que también ha consumido a PODEMOS hasta el punto de hacer irreconocible su proyecto fundacional en tiempo récord. El asalto a los cielos se truncó políticamente detrás del Ebro, para arriba.

Tener en cuenta Cataluña como elemento fundamental de la política nacional es imprescindible, pero no tener en consideración la interrelación de ese proceso en relación a la propia autonomía de la política española puede ser un error esencial para la izquierda. Se ha cometido ya varias veces con resultados catastróficos y la deriva de Iglesias en esa dirección es la más reciente. La política de bloques en Euskadi, por ejemplo, que durante años se mantuvo en el empate infinito entre bandos aparentemente irreconciliables, es un paréntesis obligado de reflexión para comprender parte de la situación actual en Cataluña sin establecer por ello comparaciones imposibles. El cambio y normalización de la vida política vasca fue posible de desenredar a partir del abandono por parte del PNV del frentismo soberanista encarnado por Ibarretxe. Eso abrió la posibilidad de un entendimiento que ha culminado con todas sus dificultades en las actuales combinaciones de gobierno entre PNV y PSOE y la normalización de su vida política sin terrorismo.

Todo ello sin perjuicio de la evolución de Bildu instalándose en la vida democrática. Pero todo eso no hubiese sido posible si no hubiese existido el pacto antiterrorista que aisló e ilegalizó a HB consolidando un periodo marcado por la acción del partido socialista de Euskadi después de un ascenso electoral que permitió un gobierno presidido por Patxi López, que pudo formarse, no hay que olvidarlo, con el apoyo del Partido Popular. Que el actual Partido Popular esté muy lejos de un proceso de estas características y que se haya desdibujado por completo el centroderecha español no ayuda nada a la situación de resolución de la cuestión catalana desde una perspectiva más amplia que una mesa de ¿negociación? que parte de unas posiciones tan incompatibles como las expresadas en la noche electoral. Entre otras cosas porque cualquier reforma de calado de la constitución imprescindible para ello exigiría el concurso de un centroderecha negociador en el hemiciclo parlamentario ¿ya se nos está olvidando?. C's sin ir más lejos aun no parece comprender las razones de su fracaso político precisamente por haber sido parte o eje del problema y no de su solución. Y la irrupción de VOX es el peor desastre para la derecha española desde la reconstrucción democrática.

Para que ERC fuese una suerte de opción similar al papel del PNV se tendría que producir un cambio profundo en el mismo que primase el planteamiento ideológico de izquierda sobre la tentación nacionalista

Soy de los que opinan que ese problema no se va a resolver porque nuestros buenos deseos de diálogo se manifiesten o porque combinaciones políticas tacticistas vinculadas a acuerdos transversales de doble dirección con ERC vayan a permitir un cambio de orientación en la actual estrategia de este partido. Para que ERC fuese una suerte de opción similar al papel del PNV se tendría que producir un cambio profundo en el mismo que primase el planteamiento ideológico de izquierda sobre la tentación nacionalista. Tal vez porque ese es un tema medular que diferencia las políticas de izquierda en España desde hace decenios y que constituye uno de los principales errores que se han cometido y, probablemente, se seguirán cometiendo, ante la misión imposible de arrebatarle a la derecha el patrimonio del nacionalismo. Entre Marx y Sabino Arana no veo yo un espacio político solvente que pueda caracterizarse de izquierda por mucho que tengas puesto el nombre en el logo y beses mucho el escudo pero allá cada cual.

Por otra parte, el PSOE no puede descomponer su estrategia de identidad territorial sin perder su propio papel estratégico en España. Una vez más es el único partido con implantación territorial en la gobernabilidad de todo el territorio y, por ello, el que puede garantizar la cohesión territorial española desde una perspectiva inequívocamente federalista como es su tradición. La deriva de bloques tiene muchos recovecos y algunos de ellos son la fuerte obsesión de no conciliar con sectores de un centro derecha moderado imprescindibles a medio plazo para la auténtica resolución  de conflictos estructurales y  no solo territoriales.  Sin la menor duda está pendiente un debate definitivo sobre el federalismo. Pero el federalismo solvente que puede practicarse desde la izquierda no es una confederación de estados ibéricos, ni una suerte de híbrido entre monarquía parlamentaria y pacto de estado con una república asociada. Por poner ejemplos varios, que tanto gustan a los especuladores de fantasías.

“Los sueños de la razón producen monstruos” que nos dejo dicho don Francisco de Goya. La reclamación en la noche electoral por parte de Aragonés de que la hoja de ruta para una negociación vuelva a ser referéndum y república es simplemente de un imposible lugar de encuentro y ni tan siquiera de punto de partida para hablar en serio. Es imprescindible superar esas políticas de bloques fratricidas y eternamente fracasadas con una herencia de violencia y frustración. Pero eso solo se podrá hacer si se contrapone un nuevo eje de competencia política que cambie la dinámica actual. Es lo que permitió el cambio de paradigma en Euskadi. Un cambio real para que nada siga igual, parafraseando al Gatopardo. Y esa responsabilidad esta residenciada hoy principalmente en el PSOE.

La consecuencia de todo ello es que un diferente modelo de constitucionalismo en Cataluña tenga también una nueva estrategia que permita competir con la hegemonía actual del independentismo en amplios sectores sociales y alejar la confrontación simplificada España-Catalunya que es el territorio ideal para los ultranacionalistas ¿de izquierda? Será y deberá ser una auténtica batalla ideológica y pacífica (ahora le llaman cultural no sé exactamente por qué) pero es la que habrá que librar por la hegemonía de los valores democráticos sobre los muy antiguos y nuevos condados del neocarlismo vigente hoy en parte de Catalunya. Será también larga, lenta y complicada. Tal vez estará llena de avances y retrocesos. Pero es la que parece merecer la pena. Y habrá que arrascar en el neo bolchevismo independentista para que aparezca tal como lo que es: una opción tan antigua y poco transformadora como para que todo siga igual… de mal.

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