– ¿Qué ha ocurrido en estos últimos años en Cataluña, tanto en el ámbito político como social?

Las consecuencias de la crisis del 2008 aún siguen vigentes, y ahora la situación ha empeorado debido a la pandemia del COVID. En lo político, el proceso independentista se enfrió tras los sucesos de otoño del 2017, aunque la sentencia del 1-O provocó una nueva oleada de protestas y movilización que superó con creces las vistas previamente, en cuanto a relevancia e intensidad, solo superada por el propio 1-O.

Ahora lo más preocupante se podría decir que es el auge de la extrema derecha, visto antes en otros países (Trump, Salvini, Bolsonaro,...) y ahora en el Estado Español con VOX como nueva marca que aglutina a antiguos miembros del PP y militantes de base de grupos neonazis. Todo esto se junta, una vez más con la pandemia del 2020, y la crisis económica subsiguiente, se intuye un choque a tres bandas: la extrema derecha, negacionista y xenófoba, el establishement, dividido entre liberales y socialdemócratas, y las nuevas propuestas socialistas, que siguen buscando la forma de superar definitivamente el sistema capitalista.

– ¿Qué perspectivas o resultados se esperan de cara a las próximas elecciones? ¿Ha llegado el independentismo a un callejón sin salida?

Lo más probable, en mi opinión, es que se repita la mayoría en escaños del independentismo, pero con un cambio muy grande en el bloque unionista, que ahora estará liderado por el PSC, y también se añadirá la extrema derecha a la ecuación, de forma casi inevitable.

Aunque el independentismo se mantendrá fuerte en las instituciones y seguramente en la sociedad (eso no creo que cambie en muchísimo tiempo), las estrategias opuestas de los distintos grupos hacen inviable un nuevo avance importante del movimiento independentista a corto plazo, este está, por ahora, estancado totalmente.

– ¿A qué se debe el surgimiento y crecimiento desmesurado de VOX en Cataluña?

Es un poco aventurado llamarle «crecimiento desmesurado», VOX no superará los diez escaños según todas las encuestas, de manera que yo creo que es un crecimiento preocupante, pero nada que no fuera esperable.

VOX ha crecido por dos factores principales, primero el mismo motivo por el que la extrema derecha ha crecido en todo el mundo, el miedo al mundo árabe y la xenofobia creciente, especialmente en Europa, y por otra parte es también una reacción al previo auge del independentismo catalán, muy débil en los años 2000, pero que se fue fortaleciendo en los años 2010.

Ambos factores, sin embargo, no son lo suficientemente importantes como para que VOX tenga esperanzas de gobernar, puesto que su discurso ataca directamente a una amplia parte de la población, entre la que se incluyen personas LGTBI, personas racializadas, y personas que usan el catalán como primera lengua, por no hablar de las personas de ideologías izquierdistas o separatistas.

– ¿Su aparición, aunque no con un «crecimiento desmesurado», dificulta la democracia? ¿Cómo se debe actuar frente a este?

Su aparición es un bache para el desenvolvimiento normal de cualquier actividad democrática. Aunque lo hagan en las sombras y el anonimato, sus bases llevan años ejerciendo la violencia contra grupos a los que consideran «enemigos de la patria», casi todos los militantes de base de la Izquierda Independentista la hemos sufrido en las propias carnes.

También tenemos la potencial amenaza de que el partido consiga influencia en el gobierno central, con un posible futuro gobierno del PP con los votos de Abascal y cía. Las actuaciones contra esta amenaza deben ser diversas y contundentes, empezando por el máximo rechazo explícito a su presencia en los medios y en las calles, mediante protestas y acciones, que prioritariamente deben ser pacíficas, aunque no por ello deben sacrificar contundencia.

También será necesario organizar la autodefensa antifascista, para protegernos del plausible aumento de los ataques violentos, aunque también es posible, que, una vez establecida su fuerza en las instituciones, las bases opten menos por esas vías, y prefieran usar sus influencias para actuar a través de jueces y policías, como ya se ha visto muchas veces en el Estado Español. Por otra parte, los partidos de izquierda necesitan endurecer su propio discurso en los parlamentos, la lucha institucional contra el fascismo ha pecado de ingenua mucho tiempo, eso necesita cambiar.

– ¿Qué alternativas hay en Cataluña para la clase trabajadora, que parece desilusionada con los proyectos de izquierdas?

Las alternativas se puede decir que son numerosas, pero ninguna es lo bastante fuerte aún para ser una fuerza de cambio, la propia CUPerra muchas veces en el enfoque estratégico, por culpa de los conflictos internos y la existencia de dos corrientes en constante pugna, eso imposibilita establecer una línea clara y provoca la pérdida de confianza de la gente en el proyecto, militantes incluidos.

Las pocas victorias logradas estos últimos años las hemos visto en sectores concretos, principalmente impulsadas por sindicatos pequeños, pero con fuerza en sus respectivos sectores, también existe el Sindicat de Llogateres, que puede ser lo que una vez fue la PAH, en la lucha por el derecho a la vivienda.

En el futuro, creo que el potencial estará en la lucha contra el cambio climático, cuando la crisis climática se recrudezca, será muy necesaria una alternativa socialista al capitalismo, que es incapaz de aplicar las soluciones que los científicos y los gobiernos más progresistas saben que son necesarias, pero que topan con el muro del ámbito privado, el cual necesita beneficios continuos, sin importar cómo los consiga. La lucha contra el cambio climático será en el futuro, el principal frente de batalla de las izquierdas.

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