En un contexto de máxima incertidumbre provocada por la pandemia de coronavirus y sus efectos perversos en la economía global, las criptomonedas, en general, y el bitcóin, en particular, han conseguido convertirse en un valor refugio.

A pesar de su volatilidad —o precisamente por eso— el bitcóin, moneda digital por excelencia, puede llegar a desbancar al dólar, haciendo caer, como si de un castillo de naipes se tratara, el tradicional esquema del mercado global de divisas.

Los grandes periodos de crisis se presentan como propicios para el surgimiento de nuevos sistemas monetarios y financieros.

Ocurrió con el crack del 29 del siglo pasado, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la instauración del sistema monetario nacido de los Acuerdos de Bretton Woods (1944), volvió a pasar en los años 70 con el fin del sistema del patrón oro (1971), con la crisis del petróleo (1973), el lunes negro de 1987, la crisis asiática de 1997, y ya en el siglo XXI, con las puntocom (2000), la gran crisis del 2008, hasta llegar al momento que vivimos ahora, la madre y corona de todas las crisis.

Un nuevo sistema monetario digital

Un nuevo sistema monetario de marcado carácter digital, más acorde con los nuevos tiempos, parece estar surgiendo. El anuncio del exitoso sistema de pago PayPal de sus planes de incluir las criptomonedas como forma de pago, el apoyo del director de Tesla —la segunda empresa más rica del mundo por detrás de Amazon—, Elon Musk, a estas, parece corroborar esta afirmación.

Las sanciones de EEUU y la UE a determinados países por motivos políticos pueden que hayan jugado su parte en el ascenso de las criptomonedas al convertirse en un medio de pago eficaz que no está sujeto a ningún Estado y al que no le importa las ideologías ni los dictados ajenos al mercado.

Además, el uso de dinero en efectivo no para de decaer año tras año, influyendo en las políticas monetarias de los países y generando no pocas preocupaciones en torno a cómo efectuar una transición hacia el dinero digital.

En este proceso muchos países ya adoptaron o están a punto de lanzar su propia moneda digital: Venezuela; Rusia; China; Emirato Árabes Unidos; Australia; Francia; Japón; Canadá; Suecia; Suiza; Las Bahamas.

Se estima que hasta un 70% de los bancos centrales del mundo están planeando la emisión de monedas digitales.

El fin del imperio del dólar

El aumento de la popularidad del bitcóin se puede ver como un signo especulativo de la creciente debilidad de la Reserva Federal norteamericana. Tanto las presidencias del expresidente de EEUU, Barack Obama, como, especialmente, la de Donald Trump han jugado un rol importante en la pérdida de la confianza en el dólar. Las sanciones como instrumento político parecen haberse convertido en un bumerán de efecto tóxico.

Esto puede ser un anuncio de la emergencia de un nuevo orden mundial en el que el dólar quedará relegado a un segundo plano. De las tres potencias económicas principales: EEUU, Europa y China, esta última ha estado dando señales de querer ser menos dependiente del sistema financiero estadounidense, comprando cada vez menos bonos del tesoro de EEUU e impulsando proyectos de comercio bilateral con otros países en pagos con monedas nacionales.

A todo ello hay que sumar el efecto pandemia, que está haciendo que la gente empiece a pensar que los mismos bancos centrales, liderados por los dictados de la Reserva Federal, están degradando sus monedas, impulsando así la compra de criptomonedas, que gobernadas por la ley de la oferta y la demanda ven disparado su precio.

Parece ser que el nuevo patrón oro puede ser, paradójicamente el altamente volátil bitcóin, junto con otras monedas digitales, sobre todo si tenemos en cuenta que el comercio digital y los flujos de información —no olvidemos que las criptomonedas son básicamente datos— no paran de crecer de forma exponencial.

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