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El hambre invisible, un arma de guerra

El nivel de inseguridad alimentaria en Yemen fue evaluado por última vez por la ONU en diciembre de 2020. El análisis, que utiliza la clasificación de la CIF, indica que han reaparecido focos de hambruna absoluta. La llamada fase de emergencia (fase 4), justo por debajo de la gravedad del hambre total, afecta actualmente a 3,6 millones de personas y es probable que aumente a 5 millones en el trimestre actual.

La prensa occidental, la que cuenta para formar la opinión, no da mucha cobertura a las imágenes de los niños yemeníes víctimas del hambre. Es cierto que los hutíes no emplean los servicios de una agencia de publicidad para transmitir la miseria de millones de niños expuestos a todo tipo de inseguridad, la primera de las cuales se refiere a la alimentación y al agua potable.

Esto lo hizo la Secretaría de Propaganda de Biafra durante la guerra de secesión, que duró desde julio de 1966 hasta enero de 1970. Había inaugurado la era de la explotación del espectáculo de las víctimas para justificar las guerras que benefician a los intereses occidentales. Siguiendo los consejos de Francia, la agencia de relaciones públicas Markpress, con sede en Ginebra, elaboró más de quinientos comunicados de prensa y reportajes sobre niños con cuerpos esqueléticos y vientres abultados, característica de la desnutrición y la carencia de proteínas. El gobernador militar de la región oriental de Nigeria tenía a su disposición un tesoro para pagar la publicidad. Había acaparado las regalías de las petroleras BP y Shell que explotaban los campos de petróleo de excelente calidad, bonny light, en el Golfo de Biafra.

Sin embargo, la población de Yemen se enfrenta a la peor crisis humanitaria, la más acelerada y significativa desde 1949, según la OMS. Hay más de 3,5 millones de refugiados y más de veinte millones de yemeníes (de los veintisiete de la población total) necesitan ayuda humanitaria. Según la ONG Save the Children, 1,8 millones de niños sufren desnutrición moderada y 400.000 desnutrición severa. Más de una cuarta parte de las víctimas directas del conflicto armado, heridas o muertas, son niños.

Alto al fuego, cese del hambre

Cuando una parte de la prensa occidental titula que los hutíes rechazan el alto al fuego propuesto por Arabia Saudí, está haciendo su trabajo. En efecto, está desinformando con sutileza.

La principal demanda de los yemeníes es el levantamiento del bloqueo aéreo y marítimo que está matando de hambre al país. En tiempos normales, Yemen depende del exterior para recibir el 80% de sus alimentos.

La guerra emprendida contra este país por una coalición de petro-monarquías dificulta aún más el trabajo de la tierra, pues el 70% de la población vive de la agricultura.

Desde junio de 2020, en plena pandemia de SARS-CoV-2, la coalición impide que los barcos que transportan derivados del petróleo atraquen en el puerto de Hodeïda. La escasez de combustible ha agravado la inseguridad alimentaria que sufren millones de personas asediadas, mientras que 350.000 toneladas de petróleo están retenidas frente a la costa yemení.

La hambruna del pueblo yemení no es accidental, es un efecto secundario de una guerra que no tiene nada de civil, es la consecuencia de una decisión deliberada de Estados Unidos y los beduinos del Nejd para matarlos de hambre. Un grupo de expertos ha pedido al Consejo de Seguridad de la ONU que remita la situación de Yemen a la Corte Penal Internacional.

El complejo catarí-turco

El embargo muy estricto impuesto a Qatar desde junio de 2017 por sus vecinos inmediatos, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Arabia Saudí, fue levantado el 15 de enero de 2021. A ello contribuyó la fuerte presión de la administración Trump. Qatar alberga la mayor base militar estadounidense de Oriente Medio, desde la que se realizan todas las operaciones militares en la región. Qatar media entre los talibanes y Estados Unidos, ahora convencido, tras veinte años de destrucción, de la necesidad de acabar con el atolladero afgano. La prohibición a la aviación civil de utilizar el espacio aéreo de los países árabes limítrofes le obliga a eludirlos, sobrevolando Irán.

El aislamiento de Irán es una obsesión de la entidad israelí-estadounidense, por lo que es imperativo agrupar un frente unido árabe en torno a Tel Aviv contra Teherán. El escudero de Riad ha acatado las órdenes de Washington mientras que Doha no ha hecho ninguna concesión. Qatar mantiene una base militar turca en su suelo y no ha cerrado la cadena Al Jazeera, tan insolente con los beduinos del Nejd.

La introducción de la variable turca en la ecuación es una actualización regional de una melodía ya tocada en Libia y Azerbaiyán. Los yihadistas sirios fueron contratados para apoyar con fuerza al complejo petro-monárquico e israelí-estadounidense. Estos mercenarios se han convertido en los tipos al servicio de Erdogan. Cerca de trescientos de ellos reforzarán las líneas saudíes, gravemente vulneradas por los hutíes a lo largo del mes de marzo. En Idlib, los servicios de inteligencia turcos ofrecen salarios que oscilan entre los 2.500 y los 5.000 dólares mensuales, según el tipo de misión.

Sus guerras imposibles de ganar

Yemen es uno de los cinco países más pobres del mundo. Una ofensiva contra esta nación, por parte de una coalición de países equipados con armamento sofisticado y las más avanzadas técnicas de vigilancia, no ha logrado someterla tras seis años de implacable destrucción por aire, tierra y un criminal bloqueo que debería ser considerado como un genocidio planificado.

Ciertamente, las acciones de Raytheon, Boeing y General Dynamics subieron instantáneamente tras la entrada de los petro-monarcas en esta guerra, en marzo de 2015. Los beduinos del Nejd han desplegado el armamento comprado con cientos de miles de millones a proveedores estadounidenses. Los fabricantes de armas europeos no se quedan por fuera, ya sean franceses, italianos o alemanes.

Pero los hutíes (Ansar Allah) siguen aferrados a Sanaa, a pesar de los 266.510 ataques aéreos. El general Yahia Sari hizo un balance de la ofensiva. Las cifras publicadas de las pérdidas infligidas a la coalición saudí son impresionantes (probablemente estén un poco infladas).

Yahia Sari advirtió al agresor y prometió que el “séptimo año verá aún más operaciones militares si no se detiene la agresión y se levanta el bloqueo”.

El rendimiento de los misiles y los drones que penetran en las líneas enemigas y llegan a los sitios estratégicos bien defendidos del ARAMCO es notable. Los beduinos del Nejd se vieron obligados a reconocer que las instalaciones petroleras fueron atacadas cerca de la capital saudí y sufrieron daños, el 19 de marzo. Unos días antes, Ansar Allah lanzó ataques contra las provincias árabes meridionales de Najran y Assir.

Yemen no será un protectorado saudí

Este arrebato contra Yemen se produce tras una sucesión de acontecimientos. Los jóvenes se habían manifestado continuamente en 2011 a raíz de la llamada “primavera árabe”, exigiendo la salida del presidente Ali Abdullah Saleh, que estaba en el poder desde 1978. Las multitudes salían a las calles después de las oraciones todos los viernes y se hacían cada vez más numerosas.

Los saudíes decidieron entonces exfiltrar a Saleh y sustituirlo por el vicepresidente Abd Rabbo Mansour Hadi, a quien se le encomendó la tarea de dirigir las reformas al frente de un gobierno provisional de dos años. Los hutíes, los Hermanos Musulmanes y el Movimiento del Sur fueron apartados del gobierno nombrado a finales de 2014.

Los hutíes lideraron entonces las protestas en el norte del país. Hadi dimitió, se trasladó al sur, declaró que había sido víctima de un golpe de Estado y pidió la intervención armada de sus patrocinadores. Poco después, los hutíes proclamaron la creación de un Comité Revolucionario. El Comité reúne a los principales partidos, gobierna y debe garantizar la organización de las elecciones.

El gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente, no es más que una “marioneta en manos de la Casa de Saúd”. Sólo recientemente, desde que el Consejo de Transición del Sur renunció a la autonomía en julio de 2020 y a la secesión, se formó un nuevo ejecutivo de coalición, el pasado diciembre, calificado por algunos como un gobierno ficticio. No tiene margen de maniobra para restablecer ninguna clase de estabilidad. La misma está en manos de Estados extranjeros, sin los cuales no habría guerra.

Los Emiratos Árabes Unidos reconocieron su fracaso en Yemen hace más de un año y confiaron al Consejo de Transición del Sur la delegación de su intromisión.

Al eliminar a los hutíes de la lista de organizaciones terroristas, el gobierno de Biden permite al menos que las ONG acudan en ayuda de la población devastada. Reconoce así que el movimiento es inevitable, si se busca un proceso de apaciguamiento.

Los rebeldes, a menudo denominados aliados de Irán, son aquellas partes de la población que han sido obstinadamente ignoradas por el gobierno central durante décadas, decididas a no renunciar a su representación en el gobierno.

El Secretario de Estado estadounidense, Blinken, acaba de declarar que Estados Unidos apoyaría un resultado con un Yemen estable, libre de injerencias extranjeras. El líder de los hutíes comentó esta posición, al tuitear que la consideraba positiva.

El proceso de “somalización” de los países árabes está muy avanzado. Los Saúd aún no lo han entendido, su reino es sin duda uno de los próximos objetivos.

 

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