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El 9 de abril de 1921 se inició en el teatro de la Casa del Pueblo madrileña, sita en el número 2 de la calle Piamonte, en el céntrico barrio de Chueca, el tercer y último Congreso extraordinario del Partido Socialista Obrero Español que debatió su adhesión a la Internacional Comunista, fundada en marzo de 1919.

En los meses anteriores, este debate ya se había resuelto definitivamente en países como Francia, donde, en el Congreso de Tours, la mayoría de los delegados socialistas aprobó la fundación del Partido Comunista Francés, e Italia, donde fue la minoría del Partido Socialista la que, tras su derrota en el Congreso de Livorno, fundó el Partido Comunista Italiano.

Desde 1917, las noticias de los acontecimientos políticos en Rusia llegaban de manera muy confusa a España. Por ejemplo, el 9 de noviembre de aquel año, el diario El Socialista informó del triunfo de “los maximalistas”. “Caída de Kerensky, los Soviets son dueños de la situación”, añadía la noticia.

En agosto de 1918, un grupo de notables socialistas, como Mariano García Cortés, Virginia González o José Verdes Montenegro, lanzaron el periódico Nuestra Palabra, que recogía la admiración por los bolcheviques. Más adelante aparecerían otros de orientación similar, como La Internacional o El Soviet. En otoño, el XIII Congreso de la UGT y el XI del PSOE expresaron sus simpatías por la Revolución de Octubre.

Ecos de Octubre

La agitación revolucionaria que irradiaba la victoria bolchevique sacudía buena parte de Europa, con la insurrección espartaquista de enero de 1919 en Alemania (aplastada con la complicidad de la socialdemocracia y el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo), las experiencias revolucionarias de tipo soviético en Baviera, Hungría y Eslovaquia entre marzo y agosto de 1919, el “trienio bolchevique” en España (1918-1920) o el “bienio rojo” en Italia (1919-1920). Las simpatías por la Rusia soviética se expresaban ya en la defensa abierta de la adhesión a la Internacional Comunista.

Así, la Agrupación Socialista Madrileña solicitó a la Comisión Ejecutiva del PSOE la celebración de un plebiscito sobre este punto, pero su presidente, Pablo Iglesias, intervino para lograr que un congreso extraordinario debatiera el asunto.

Se celebró entre el 8 y el 15 de diciembre de 1919 en Madrid, y el PSOE aprobó, por el voto de los delegados que representaban a 14.010 militantes, permanecer en la Segunda Internacional y trabajar por la fusión de las dos internacionales de matriz marxista; si no era posible, se acordó la incorporación a la promovida por Lenin. En cambio, los delegados que representaban a 12.497 militantes votaron por la adhesión inmediata e incondicional a la IC.

En aquellos mismos días, en el congreso que celebró en el teatro de La Comedia, en Madrid, la Confederación Nacional del Trabajo resolvió por unanimidad su adhesión provisional a la IC, así como enviar tres delegados a Rusia. Solo llegaría allí Ángel Pestaña, quien en julio de 1920 participó en el segundo Congreso de la IC, firmó en nombre de la CNT el manifiesto fundacional de la Internacional Sindical Roja e intervino en un mitin en la plaza del Palacio de Invierno de Petrogrado. Sin embargo, en junio de 1922, en su Conferencia de Zaragoza, la CNT rechazó de manera definitiva la adscripción a Moscú.

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En diciembre de 1919, llegaron a España desde México los dos primeros delegados de la Internacional Comunista: el ruso Mijail Gruzenberg y un ciudadano estadounidense, Charles Phillips, quienes utilizaban los nombres clandestinos de “Borodin” y “Jesús Ramírez”.

De inmediato, en enero de 1920, se constituyó en Madrid el Grupo pro-Tercera Internacional, que integraba a Daniel Anguiano (secretario del Comité Ejecutivo del PSOE), Virginia González (exvocal del Comité Nacional del PSOE), Mariano García Cortes (presidente de la Agrupación Socialista de Madrid), Ramón Lamoneda (vocal del Comité Ejecutivo del PSOE), Ramón Merino Gracia (secretario de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas) o Manuel Núñez de Arenas (vocal del Comité Ejecutivo del PSOE).

A partir de la difusión de un manifiesto dirigido “a los socialistas españoles”, emprendieron una campaña de propaganda por la inmediata incorporación del PSOE a la IC. Singularmente, “Jesús Ramírez” estimuló las posiciones radicalmente bolcheviques del núcleo dirigente del Comité Nacional de las Juventudes Socialistas, que con un sorpresivo golpe de mano declaró, el 15 de abril de 1920, que se transformaba en el Partido Comunista Español, al que condujo a un millar de los cinco mil militantes de las JS.

A pesar de aquella escisión, el debate interno en el PSOE prosiguió en un nuevo Congreso extraordinario, entre el 19 y el 25 de junio de 1920, que aprobó (por 8.269 votos a favor, 5.016 en contra y 1.615 abstenciones) la incorporación a la Tercera Internacional, aunque supeditada a tres condiciones: la autonomía para elaborar su estrategia política, la opción de revisar en sus congresos los acuerdos adoptados en Moscú y la apuesta por la unidad del movimiento obrero internacional de filiación marxista, participando en los congresos supranacionales que pudieran convocarse con tal finalidad.

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Participantes del II Congreso de la Tercera Internacional de 1920, con Lenin en primer término, donde se aprobaron las 21 condiciones para el ingreso en la misma.

El 9 de julio, en una carta dirigida a la Comisión Ejecutiva de la IC en nombre del PSOE, Daniel Anguiano solicitó el ingreso, adjuntó la resolución del último Congreso y anunció el viaje a Moscú de dos delegados.

En julio, el II Congreso de la Komintern, con una participación masiva de delegados llegados de fuera de Rusia, concretó en veintiuna condiciones los requisitos planteados a los partidos que quisieran adherirse: entre otras, asumir la denominación de partido comunista, depurar a los elementos reformistas, instaurar el centralismo democrático o aceptar sus decisiones estratégicas.

En un artículo titulado “No nos dividamos”, Pablo Iglesias lamentó el desgarramiento de los partidos socialistas en varios países

Anguiano y Fernando De los Ríos llegaron a Moscú a mediados de octubre y se reunieron con Lenin el 10 de diciembre. De aquel mismo día tiene fecha la respuesta del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista al PSOE, que rechazó su pretensión de adhesión condicionada: “Esta resolución denota la falta completa de claridad que reina en vuestro partido respecto a las cuestiones más esenciales del movimiento obrero internacional, cuestiones cuya resolución debe determinar toda la táctica de todos los partidos proletarios en la época actual. Esas cuestiones son: la revolución mundial, la dictadura del proletariado y el poder de los soviets”.

De manera paralela, continuaba el proceso de recomposición de la Segunda Internacional, iniciado en Berna en 1919, y en febrero de 1921 se fundó en Viena la Asociación Obrera Internacional de Partidos Socialistas, que en 1923 se fusionó con la de Berna y adoptó el nombre de Internacional Socialista Obrera.

El llamamiento de Pablo Iglesias

El 28 de marzo de 1921, en un artículo titulado “No nos dividamos”, Pablo Iglesias lamentó el desgarramiento de los partidos socialistas en Francia, Italia, Suiza y otros países debido a “la táctica acordada por la Internacional de Moscú y muy singularmente las veintiuna condiciones”, una división que –aseguró– solo favorecía a la burguesía, que “en vez de encontrarse, al defender los pocos lustros que le quedan de vida, con un enemigo fuertemente organizado y unido, batallará contra un ejército fraccionado, al cual le será fácil contener unas veces y derrotar otras”.

Y, mientras en aquellas semanas las agrupaciones socialistas de toda España elegían a sus delegados, Iglesias señaló que, si el siguiente Congreso extraordinario del PSOE acordaba el ingreso en la IC, la fragmentación sería inevitable, aunque negó que hubiera motivos para ello: “Todos estamos conformes en que deben socializarse los medios de producción y de cambio; en que el poder político se ha de conquistar revolucionariamente; en que el proletariado ha de ejercer la dictadura hasta que los elementos burgueses no constituyan un peligro para el nuevo orden social...”.

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Fotografía de Pablo Iglesias.

Iglesias sostenía que el Partido Socialista aspiraba a acabar con el capitalismo y, para ello, “nuestra unión es más precisa que nunca para hacer frente a la feroz actitud de la burguesía española y al salvaje proceder de sus más reaccionarios políticos”.

Finalmente, el Congreso extraordinario del Partido Socialista celebrado entre el 9 y el 14 de abril en la Casa del Pueblo de Madrid decidió, por 8.808 votos contra 6.025, rechazar las veintiuna condiciones de la IC y aprobó la adhesión a la Internacional de Viena, tras los informes expuestos por Anguiano y De los Ríos.

En la jornada final, en nombre de los delegados terceristas, Óscar Pérez Solís leyó una declaración con la que justificaron el abandono del partido por “la adhesión sin reservas que hemos prestado a la Internacional Comunista”. “Hay un divorcio evidente e irreductible entre la doctrina de Viena y la doctrina de Moscú; entre los métodos tácticos de la Internacional Comunista y los de la Comunidad de Trabajo de Viena”, afirmó.

“No queremos permanecer más entre personas y cansadas legiones que parecen esperar del tiempo la consumación de una obra para la que no se sienten capaces. Queremos estar en la Internacional de la acción, que no mide la magnitud de los peligros, ni la dureza de los sacrificios, al emprender el camino de la revolución social”.

Junto con él, la suscribían dirigentes históricos como Facundo Perezagua e Isidoro Acevedo, y también Virginia González, Mariano García Cortés, José López y López, Marcelino Pascua... Partieron hacia la Escuela Nueva, donde proclamaron la constitución del Partido Comunista Obrero Español.

El 15 de abril, El Socialista publicó en su primera página una declaración, firmada por Pablo Iglesias, Julián Besteiro, Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos, entre otros, por la que expresaban la disconformidad con las condiciones que imponía la Tercera Internacional, pero remarcaron su identificación plena “con aquella Revolución” y señalaron que con este acontecimiento histórico empezaba “la era del desmoronamiento capitalista y la de las realizaciones socialistas”.

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Aquel texto concluyó con tres exclamaciones: “¡Viva el Partido Socialista Obrero Español! ¡Viva la Internacional! ¡Viva la Revolución rusa!”.

A instancias del Comité Ejecutivo de la IC, el 14 de noviembre de 1921 se firmó en Madrid el acta de fusión del Partido Comunista Español y del Partido Comunista Obrero Español, que dio lugar al nacimiento del Partido Comunista de España, “Sección Española de la Internacional Comunista”.

Un siglo después de aquel histórico Congreso extraordinario del PSOE de abril de 1921, dos militantes del PCE, Yolanda Díaz (vicepresidenta tercera) y Alberto Garzón, forman parte del Consejo de Ministros presidido por el socialista Pedro Sánchez, y su secretario general, Enrique Santiago, acaba de asumir como secretario de Estado para la Agenda 2030.

Fuente

 

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