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Actualmente es habitual ver en Rangún camionetas militares abarrotadas con docenas de soldados que, seguidas de un coche con un altavoz, anuncian directivas locales emitidas por el comando militar regional.

Durante todo el día estos vehículos se desplazan por los alrededores de Rangún haciendo cumplir la ley marcial. Los anuncios, solo distinguiéndose en detalles, son muy similares a los que ya se escuchaban hace 30 años, durante los regímenes del Consejo Estatal para la Restauración de la Ley y el Orden y el Consejo Estatal para la Paz y el Desarrollo (SLORC/SPDC, por sus siglas en inglés).

Las directivas prohíben las reuniones desde las 5 de la mañana a las 7 de la tarde de más de 5 personas, los bloqueos improvisados de carreteras, viajar en motocicleta o con personas en plataformas de camiones y camionetas y llevar armas caseras (incluyendo bastones, cuchillos o tirachinas). También se requiere informar a las autoridades locales si posibles huéspedes pasan la noche en el hogar.

Tales directivas ya eran célebres en el pasado. En los años 90, en las Cartas desde Birmania (el nombre anterior de Myanmar) de Daw Aung San Suu Kyi, escritas para un periódico japonés, ella presentaba una pregunta en una carta titulada Ritos de Visita: ¿qué puede pasar si una familia falla en informar a la autoridad local de una persona que, como huésped, pasa la noche en casa? Tanto la persona huésped como la anfitriona, están sujetas al pago de una multa o a una sentencia de prisión que va desde dos semanas a seis meses.

Daw Aung San Suu Kyi escribió entonces: “En Birmania, el precio de la hospitalidad puede ser muy alto”. Aunque han pasado 30 años desde entonces, el precio de la revolución contra el gobierno autoritario es todavía muy alto en Myanmar. Solo tras dos meses del golpe de Estado del 1 de febrero, 550 civiles han perdido la vida, incluyendo 37 mujeres y más de 50 menores.

Organizaciones benéficas clave, como la Fundación Daw Khin Kyi de Daw Aung San Suu Kyi, la Fundación Open Society de George Soros, e incluso la Sociedad de Servicio Funerario Gratuito (FFSS, por sus siglas en inglés), están siendo investigadas por el consejo militar. La dirigente detenida Daw Aung San Suu Kyi y sus alianzas se enfrentan a cargos múltiples. El 10 de marzo se prohibían cinco medios de comunicación locales e independientes: 7 Days, DVB (Democratic Voice of Burma), Mizzima, Myanmar Now y Khit Thit.

Valores democráticos fundamentales como la libertad de prensa, la libertad de expresión y la libertad de asociación están siendo arrebatados a la fuerza por el poder militar. Si esto no es un retorno de manual al autoritarismo, ¿qué lo es? El Alto Mando militar del General Min Aung Hlaing está empujando a Myanmar al retroceso, hacia el panorama político que ya se vivió en el siglo XX. Min Aung Hliang sigue los pasos de sus predecesores, Ne Win y Than Shwe, aunque adaptando su respuesta a la era digital. Activistas de los medios en línea han sido también encarcelados.

A primera hora de la mañana del 1 de febrero, el ejército arrestó a líderes clave del gobierno de la Liga Nacional para la Democracia (NLD, por sus siglas en inglés), incluyendo a la Consejera de Estado Daw Aung San Suu Kyi, al Presidente U Win Myint y a ministros del gabinete. Su manual de estrategia autoritaria también añadió la detención de docenas de activistas políticos y sociales, como actores, actrices, cantantes, escritores, artistas y poetas, todos ellos importantes influencers. La razón es que, desde el 2010, las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información en Birmania. La mitad de la ciudadanía tiene una cuenta en Facebook.

Solamente durante el 1 de febrero, las fuerzas de seguridad arrestaron a 80 miembros del gabinete y a 14 ministros principales del gobierno del NLD. Se detuvo, con rapidez, a docenas de funcionarios del NLD y a miembros electos del Parlamento. En todo el país, aproximadamente 150 miembros de la Comisión Electoral de la Unión fueron también arrestados en bases militares regionales.

Para mediados de febrero, las autoridades estaban intimidando y arrestando a personas servidoras públicas que lideraban o tomaban parte en el Movimiento de Desobediencia Civil (CDM, por sus siglas en inglés). Se arrestó y encarceló a aproximadamente 120 personas del servicio público, incluyendo a profesionales de la medicina, la ingeniería, la abogacía, la enseñanza, la banca, trabajadores del ferrocarril y personal de líneas aéreas, además de trabajadores en otros sectores públicos. Más recientemente, las fuerzas de seguridad detuvieron a personas dirigentes de las protestas masivas en todo el país. En el espacio de un mes, el consejo militar alcanzó su récord en arrestos masivos. A finales de febrero, aproximadamente un millar de personas habían sido arrestadas en toda Birmania, de acuerdo con un informe de la Asociación de Ayuda a los Presos Políticos (AAPP, por sus siglas en inglés) presentado el 28 de febrero.

Las autoridades quizá esperaban que, al cortar la cabeza del movimiento opositor, arrestando al gobierno del NLD, a miembros del partido, y a dirigentes del Movimiento de Desobediencia Civil, detendrían también las protestas masivas contra el gobierno militar, así como ya lo hicieron décadas atrás los dictadores Ne Win y Than Shwe.

Pero esta vez se equivocaron. De hecho, han declarado eficazmente una nueva guerra, contra toda la Generación Z, compuesta de una juventud capacitada con nuevas y creativas formas de revolución no-violenta para luchar contra la junta militar. Durante más de dos meses estas personas, jóvenes y valientes, han buscado sin descanso cualquier forma posible para desafiar al ejército.

Calles convertidas en campos de exterminio

La ciudadanía está desafiando las directivas locales en cuanto a reuniones y toques de queda. En febrero, las calles de toda la nación se llenaron de protestas multitudinarias. El 22 de febrero y a nivel nacional, las manifestaciones del CDM en contra de la junta militar marcaron la revolución “cinco doses”, en referencia a la fecha 22/2/2021. El 28 de febrero Myanmar vio nacer el movimiento regional cibernauta Alianza del Té con Leche (Milk Tea Alliance Movement), en colaboración con otros países gobernados por regímenes autoritarios, como Hong Kong, Taiwán y Tailandia.

Para reprimir a las personas manifestándose, las fuerzas de seguridad utilizaron cañones de agua, gases lacrimógenos y armas con balas de goma. En la última semana de febrero, empezaron a utilizar francotiradores, bombas de ruido, armas con munición letal y ametralladoras. Los soldados no solo apuntaban sus armas contra las personas manifestantes. También contra civiles inocentes, incluyendo amas de casa y menores.

En marzo, las fuerzas de seguridad aumentaron su brutalidad en la represión. Día a día, se incrementaron las detenciones de activistas, los tiroteos y los asesinatos. En febrero, 24 personas murieron debido a la sangrienta represión policial. El 1 de marzo, después de que el Consejo Militar de la Administración del Estado fuera categorizado como grupo terrorista por el CRPH (comité formado por miembros electos del Parlamento pertenecientes al NLD), los francotiradores aumentaron rápidamente el uso de manifestantes como blanco para sus balas. En todo el país, el pueblo se convirtió en el enemigo del ejército. Calles que antes se llenaban de pacíficas protestas se convertían, para soldados y policía, en campos de exterminio.

Una noche antes del 27 de marzo, Día de las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación estatales MRTV, controlados por la junta militar, emitieron una declaración de advertencia a progenitores, para “proteger las (pérdidas de) vidas de la nueva generación”. La declaración decía que las personas debían aprender de las desagradables muertes ocurridas. Que cualquiera que tomara parte en las protestas podía estar en peligro de que se le disparara en la cabeza o en la espalda. La declaración era una copia del aviso del dictador Ne Win en 1988: “Si las fuerzas armadas disparan, no tienen por tradición disparar al aire. Dispararán directamente al blanco.” El aviso de Ne Win, recopilado del manual histórico, parece seguir vigente hoy en día. El dictador Min Aung Hlaing lo sigue al pie de la letra.

Cuando mueren ángeles

En marzo se iniciaron, principalmente por hombres jóvenes, los planes de autodefensa para resistir los brutales ataques de la policía antidisturbios. En la tradición de los alzamientos generalizados en todo lugar, se hicieron barricadas improvisadas para bloquear carreteras e impedir el acceso policial. La gente joven llevaba cascos, cubría su cuerpo con blindajes y llevaba bombas de humo para resistir la represión. Algunos grupos movilizaron las protestas en comunidades tocando música y cantando canciones revolucionarias. Durante el mes de marzo, las fuerzas de seguridad arrestaron a más de 400 estudiantes de universidades y escuelas de secundaria de todo el país.

Existen docenas de historias trágicas de personas desarmadas que han muerto durante la represión sangrienta del ejército. “Ángel”, el 3 de marzo en Mandalay, de 19 años, que fue disparada en la espalda y murió al instante, allí mismo. Un joven estudiante de medicina, Khant Nyar Hein, de 18 años, asesinado de un tiro, el 14 de marzo en Tarmway, Rangún. El 23 de marzo, una niña de 6 años, Khin Myo Chit, en Mandalay, muerta de un tiro sentada en el regazo de su padre. Una niña de 11 años, Aye Myat Thu, el 27 de marzo en Mawlamyaing, disparada en la cabeza mientras jugaba en su propia casa. Cuando se asesina a ángeles, miles de personas asisten a sus servicios fúnebres para lamentar su muerte. Progenitores en todo el país gritan fuerte: ¡Dejad de matar a nuestros hijos! Pero el Jefe militar Min Aung Hlaing parece no mirar ni escuchar.

En marzo, una serie de matanzas ocurrían en los alrededores de Rangún, en lugares como Hlaing Tharyar, Shwe Pyi Thar, Okkalarpa Norte y Sur, Thingangyun, y Dagon Norte y Sur. De acuerdo con las estadísticas presentadas por DVB fact-check, en la masacre del 14 de marzo en Hlaing Tharyar murieron 84 personas, con muchas personas más heridas. Baños de sangre que tuvieron lugar en todo el país. En Rangún, Mandalay, Monywa, Mawlamyaing, y muchas otras ciudades. El 27 de marzo, Día de las Fuerzas Armadas, fue el día mortífero en el que más de 140 personas fueron asesinadas. El 29 de marzo, en Dagon Sur, el ejército utilizó incluso granadas para demoler las barricadas improvisadas. De las 539 personas que han perdido la vida hasta ahora, más del 90% la ha perdido por disparos de bala. Se estima que 228 de las 539 personas eran jóvenes, de edades comprendidas entre los 19 y los 30 años.

La junta militar afirma que la toma de poder es debida al resultado “fraudulento” de las elecciones de noviembre. Sin embargo, el número de atrocidades cometidas en todo el país nos cuenta una realidad muy distinta.

Cuatro dígitos en dos meses

Cuando en 1996 un periodista preguntó a Daw Aung San Suu Kyi sobre prisioneros políticos en Myanmar, ella respondió que las cifras eran de 4 dígitos. Eso significaba que eran más de 1.000 personas, pero menos de 10.000. Hace diez años, cuando el anterior General de la Junta Thein Sein llegó a Presidente, liberó a más de 2.000 prisioneros políticos, entre los que se encontraban monjes, estudiantes, periodistas, profesionales de la abogacía, miembros del Parlamento, y más de 300 miembros del NLD, el partido opositor de Aung San Suu Kyi. Aún después de 30 años de lucha por la democracia, durante el régimen de Than Shwe (1990-2010) Myanmar tenía solo un total de 2.000 prisioneros políticos. En la actualidad, sin embargo, tras únicamente dos meses, el número de personas detenidas es ya casi de 3.000.

Mientras todo esto ocurre, Myanmar está siendo cuidadosamente monitoreado por la comunidad internacional. Pero… ¿cuánto puede todo esto durar? El mensaje que los soldados envían al mundo es claro y alto. Myanmar se dirige de vuelta hacia un gobierno autoritario. La situación reciente en Birmania ofrece, sin duda alguna, un ejemplo de manual.

Mon Mon Myat es autora y candidata para el Doctorado del Programa de Consolidación de la Paz de la Universidad Payap en Chiang Mai, Tailandia. Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad de la autora.

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