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El pastor Pablo domina el escenario. No lleva mascarilla pero, lejos de quedarse en su atril o de predicar desde el altar, se mueve de un lado a otro frente a los bancos de la primera fila.

Antes que una actuación improvisada, da la impresión de ejecutar una estudiada coreografía. No hace un solo gesto al azar: levanta los brazos y, con las palmas de las manos mirando al cielo, modula el tono de voz, busca la mirada de los fieles y, de cuando en cuando, lanza alguna pregunta que estos no dudan en contestar con un amén. Cualquier cosa, antes que perder la atención del público. 

Corren los primeros días del mes de abril en Madrid y el discurso del pastor del Centro de Ayuda Cristiano, que se encuadra dentro de un tipo de sesión que recibe el nombre de "terapia del amor" (especialmente indicada para solteros en busca de la pareja adecuada o para parejas en crisis, explican los folletos), gira alrededor del pasaje del Antiguo Testamento en el que Abraham viaja a Egipto junto con su esposa Sara con terribles resultados. Para el pastor Pablo, la conclusión es clara: Egipto, entonces tierra opulenta, representa comodidades del día a día como internet o las redes sociales. Éstas, predica el pastor, ponen en peligro las almas y las parejas porque conducen a vicios como la pornografía. Existe, sin embargo, una puerta abierta a la salvación. Justo la que ellos ofrecen: "A veces las personas se equivocan. Yo también me equivoqué. Pero Dios es un Dios del perdón", explica el pastor sin apartar un instante la vista de sus fieles. De cuando en cuando, una pregunta: ¿amén? El casi medio centenar de personas congregadas en el centro responde sin que asome menor atisbo de duda, como un solo hombre: amén.

Las sectas crecen en España a lomos de la pandemia. Al menos, esa impresión tienen algunos de los expertos que más tiempo llevan estudiando el fenómeno de los grupos religiosos de carácter coercitivo en el país. "Desde que llegó el coronavirus están más reforzados y tienen más facilidad para llegar a la gente. Se les ha ampliado el mercado porque muchos viven con miedo y con incertidumbre", explica Luis Santamaría, un profesor de religión de 39 años que lleva desde los 16 obsesionado con una sola idea: desenmascarar las prácticas de los grupos de origen religioso con características de secta.

"La estrategia de estos grupos se basa en dividir el mundo en dos mitades: los que están dentro del grupo y los que están fuera"

Tiene la misma impresión José Miguel Cuevas, doctor en Psicología y experto en sectas desde hace más de 20 años: "Desde que llegó el coronavirus, noto a la gente más abierta a creer en ciertas versiones alternativas de la realidad. No sé si el crecimiento ha sido exponencial, pero sí que me llegan más consultas". Esto se debe, explican los estudiosos, a que la estrategia de este tipo de grupos se basa en dividir el mundo en dos mitades: los que están dentro del grupo y los que están fuera: "Si te fijas, una pandemia es un elemento muy conveniente en este relato, porque te permite introducir la idea de que los demás se van a condenar mientras que tú, que formas parte de su secta, te vas a salvar", explica Santamaría.

La psicóloga clínica especialista en grupos coercitivos y de manipulación psicológica Marga Barranco lleva 35 años atendiendo pacientes salidos de estos grupos. Afirma que las técnicas de manipulación siempre son las mismas, solo cambia la forma en la que se venden: "La pandemia ha favorecido que mucha más gente esté en contacto con estos grupos. En los primeros meses de la covid era la única forma que podían tener contacto con otras personas. Esto ha hecho que mucha gente se conectara a través de internet con ellos y, por consecuencia, llegan más personas pidiendo ayuda".

Infiltrados en busca de ayuda

Los periodistas que firmamos este reportaje nos hemos acercado al Centro de Ayuda Cristiano haciéndonos pasar una pareja que busca ayuda. En una de las sesiones, acabada la última oración, mientras el pastor Pablo atendía a los fieles que se aproximaban a consultarle una duda o contarle un problema, su esposa, Natalín, se acercó a nosotros. Sabía que éramos nuevos. Nuestra historia, inventada para la ocasión, le encajaba: la mujer es esta ficticia pareja, una colombiana ama de casa con profundas convicciones cristianas; él, un español que acude al centro convencido por ella; el matrimonio, en crisis debido a los oscuros fantasmas del pasado de él, que la conoció a ella tras años de hallarse en una espiral de autodestrucción de droga, alcohol y, lo que le resulta más terrible de todo, sexo con otros hombres. Para cuando el pastor se acerca, Natalín ya tiene preparado para él un resumen en el que incide en el carácter católico de ella y el escabroso pasado de él. Compenetración perfecta. El pastor lo tiene claro: "Natalín, tú te vas a ocupar de guiar a Lucía. David, yo te voy a guiar a ti".

"Así empiezan siempre. Primero, demonizan la tecnología, la sociedad, las conexiones con otras personas. Te aíslan. Después, personalizan, tratan cada caso por separado", explica Barranco sobre este proceder de los pastores del Centro de Ayuda Cristiano, un grupo llegado a España en 1993 y que se define en su web como una Iglesia cristiana evangélica que ayuda a las personas a salir de las dificultades. Lo cierto, sin embargo, es que no han formado parte nunca de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (Ferede), que siempre ha tenido manifiestas reservas ante las prácticas de este grupo.

"Ferede es una entidad que agrupa a una parte del protestantismo español, pero no a todo. Otra cosa es que ellos se atribuyan la capacidad, de la cual carecen, de decidir quién puede ser evangélico y quién no. Nosotros presentamos la solicitud de ingreso a Ferede como entidad de pleno derecho o a efectos administrativos por las ventajas fiscales que ello comporta. Sin embargo, el proceso de incorporación fue un absoluto despropósito. Ya nos advirtieron desde un primer momento que no iban a tolerar nuestra incorporación y así ha sido. No les gustamos, de hecho les molestamos", explica al respecto Alberto Díaz, portavoz en España del Centro de Ayuda Cristiano.

En efecto, el pasado mes de marzo, Ferede, tras recibir varios informes desfavorables, rechazó la entrada en la federación de la Comunidad Cristiana del Espíritu Santo, nombre bajo el que el Centro de Ayuda Cristiano reconoce estar registrado en el Ministerio de Justicia, por no considerar probado su carácter evangélico. "Desde el principio de mis investigaciones sobre las sectas, el Centro de Ayuda Cristiano, bajo todos los nombres que ha tenido a lo largo de su trayectoria, ha sido siempre una de las confesiones que he investigado por sus prácticas", explica Santamaría. 

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