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1- En algunas zonas de África y Asia hay chamanes que extraen la enfermedad de sus pacientes en la forma de una piedra. Meten la mano en el vientre de una persona, que se retuerce de dolor, sacan de ahí una piedra, y la persona se va tan campante, curada, con la piedra en la mano. Ver esas extracciones resulta violento y conmovedor.

Es una ceremonia tan magnética para todo el mundo que, solo si no eres parte de ese mundo, si perteneces a otra cultura, puedes ver nítidamente un hecho insólito: el chamán, antes de todas esas coreografías milagrosas, recoge una piedra del suelo. Zas.

2- Nadie ve esa piedra, porque nadie ve las piedras de su propia cultura. El ser humano no es, por tanto, el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, sino el único cuya vida consiste en ir directamente, de morros, al trote, cantando himnos incluso, hacia una piedra. Una cultura es, básicamente, darse reiteradamente contra una piedra, sin ver esa piedra. Una cultura es una nariz rota, sin posibilidad alguna de ver o de describir la piedra con la que se choca reiteradamente como un poseso.

3- Hay govern en Cat. Es una piedra. Lo que no es una novedad. Un gobierno siempre es un hecho cultural. Es y hace todo lo que quiere con un único límite. Su cultura. En algunos lugares del mundo, eso coincide, más o menos, con la ley, o con una idea del decoro democrático. Por aquí abajo no suele ser así. Siendo espectacular, no es una originalidad. Bueno, al tajo.

4- Apurando el límite de las elecciones automáticas, JxC, ERC y CUP han pactado un govern sumamente parecido al anterior. Es decir, con la misma cultura, lógica y límites. Es decir, con el mismo itinerario, posibilidades y operatividad. Pero ninguna piedra es igual a otra, como sabía Montaigne, que se pasó su Viaje a Italia describiendo las piedras renales que iba expulsando. “Hoy he sacado una como un piñón”, escribía el pollo, fascinado. Las piedras, aun siendo un residuo, una expulsión, fascinan.

Nunca hay la suficiente verticalidad para realizar pactos operativos. Desde 2015, en Cat no se ha llevado a cabo nada de lo pactado por todo lo alto

5- El pacto JxC-ERC se realizó à la catalane. Es decir, aparentemente con dos líderes a pelo, uno por bando, pactando todo durante el finde. Desde el pujolismo, en Cat se pacta así. Incluso con el Estado, ese sujeto que se presenta a negociar también con un líder, pero con chorrocientos abogados del Estado tras el tabique. Lo que es un indicativo de que este sistema de pactar, espectacular, y que dota de glamur a los líderes, suele conducir al ridículo –la peor forma del desastre– en Cat. Desde 2012, e intensificado desde 2015, esa es la forma de pactar los pactos internos también. El sistema habla de una cultura muy vertical –los partidos cat, como los esp, son extraordinariamente verticales–. Pero también de inoperatividad. Por mucha verticalidad que haya, nunca hay la suficiente para realizar pactos operativos y sostenibles en el tiempo. Desde 2015, de hecho, en Cat no se ha llevado a cabo nada de lo pactado por todo lo alto. Esas cosas dependen no tanto del pacto, como del acuerdo. Un acuerdo –si tienen novio/a lo sabrán– suele ser lo contrario de un pacto. La impresión –contrastable, o no, en breve– es que en este pacto, nuevamente, no ha habido acuerdos. Los puntos del 6 al 11 son indicios de ello.

6- El pacto ha resultado asimétrico. Y las construcciones asimétricas tienen difícil agarre a los cimientos. Más cuando no hay cimientos. JxC, el tercer partido en las últimas elecciones, gana las elecciones. Se lleva las carteras sexis, determinantes y de peso. Economia i Hisenda –con la gestión, ojo, cuidadín, de los New Generation; los que lleguen, a través de reuniones, se supone, líder cat-líder esp, y chorrocientos abogados del Estado tomando canapés en la habitación de al lado; serán gestionados, a su vez, no a través de la cultura de la cohesión social y territorial cat, sino de la del chollo; la que hay–; Salut, una bicoca, en tanto JxC ya sabe que, en plena pandemia, se puede engrasar la privada, externalizar el colapso en Ferrovial, incluso sin resultados positivos, facilitar negocios a patriotas o falsificar estadísticas, y, pese a todo ello, no salir en globo–; Polítiques Digitals, Infraestructures i Agenda Urbana –a) Políticas Digitals se suele tirar por la vía propagandística, en modo grandes transformaciones que provocan la admiración del mundo; como en su día el gasógeno; b) Infraestructures: según los augurios de recuperación económica, la obra pública puede volver a ser un filón, esa cosa que suele repercutir en futuros juicios a gerentes de partido–; Recerca i Universitats, Justicia, y Drets Socials –se le ha cambiado el nombre a la Consellería de Benestar Social, en previsión, supongo, de cuando empiecen los juicios por la cosa residencias, que resultarán poco edificantes, se supone–. 

7- ERC ha cedido la capacidad de hacer presupuestos. Y de salir por la tele a acojonar a la parroquia, con cara grave y exigiendo sacrificios, prerrogativa de las consellerias más angulosas. Lo divertido es que también se ha cedido a JxC la cosa difusió. Es decir, la propaganda, el elemento –el único; no hay otro; no hay otro; no hay otro– con el que se va tirando desde 2012, año en el que se empezó a plantear el procés, justo después de realizar los mayores recortes –en bienestar, educación y sanidad– de todo el Estado. El procés, en su grado gubernamental, tal vez solo sea eso. Un salir corriendo del lugar del crimen. El otro vértice de la propaganda –la información-- se lo queda ERC. Lo que supone a) cierto desparpajo –los medios públicos, según reza el prospecto, no son de ningún partido; ay, que me meo; un segundo, que voy al WC; hola, ya he vuelto; no me saco de la cabeza la piedra-piñón de Montaigne–, y b) cierta inutilidad: al menos formalmente, ERC ya tenía eso o parte de eso, y la sensación atmosférica es que todo el pack era de JxC.

8- Más sobre la asimetría del edificio. ERC el ganador de las elecciones –rayos; otra vez; me voy al WC; ¿cómo sacó por ahí un piñón ese pollo?– se queda Presidència, Feminisme i Igualtat; Interior –en periodos de estabilidad, un chollo y una cruzada contra los accidentes de tráfico y el amor mundial; en periodos de yuyu, como el iniciado en 2011, un desgaste absoluto–; Educació, Cultura, Empresa i Treball –como al final de Metrópolis, el empresariado y el obrero se dan la mano en esa Consellería, que ilustra un mundo en el que las clases se han superado, pues todos somos ya alemanes–; y Acció Climàtica, Agricultura i Alimentació. La sensación es que el ganador de las elecciones se ha comportado como el perdedor. O que le urgía formar cualquier cosa con aspecto de govern –no se pierdan el punto 13–. En todo caso, hay indicios que apuntan a una mala negociación. Verbigracia: Presidència –algo importante en un sistema presidencialista, como el cat; hasta que empezaron a llegar presis que, epistemológicamente, no se encontraban el culo con ambas manos, pero que garantizaban un govern de coalición– asume la responsabilidad de implementar, o algo parecido, una Renda Universal –un imposible desde criterios culturales; JxC, que lleva además Economia, tiene discursos sobre eso parecidos a los de la paguita de Ayuso–. Lo que indica que el procés, una vez agotado el itinerario nacional, igual repite la misma pista americana con el itinerario social. Reclamar y asumir ese otro marrón que sería una Renda Universal ilustra un error reiterado de ERC. En 2015, ERC asumió el improbable de montar un referéndum. Acabó montando algo en las antípodas de la Comisión de Venecia, un conjunto vacío que adquirió sentido solo con la intervención violenta del Gobierno Rajoy y –todo apunta a ello– del Deep State. Sin esos porrazos y juicios, hoy nos estaríamos riendo y, lo que es mejor, desde un punto alejado del procés. Pues bien, ahora ERC ha asumido lo mismo, pero con una Renda Universal. Lo normal en políticos es rechazar imposibles, o bien encararlos. Salvo en ERC.

Lo normal en políticos es rechazar imposibles, o bien encararlos. Salvo en ERC

9- Otro indicio, muy importante, para valorar el presente y futuro del Govern, es la negativa de Elsa Artadi para encabezar el pack gubernamental JXC. Doctorada en Harvard –Princeton siempre les ganamos a Lacrosse–, entró en el Govern de Mas, de la mano del hasta entonces candidato al Nobel Mas-Colell. Participó en aquella juerga de venta de todo lo que se movía –es decir, personas; sus derechos– y de todo lo que no se moviera –es decir, bienes inmuebles; la Gene, como el Atlético de Madrid, hoy no tiene campo en propiedad–. Y aportó una solución a la crisis económica y social que asombró, nuevamente, al mundo: la Grossa, un sorteo de lotería anual –un momento, que ahora vuelvo; si antes admiraba a Montaigne, ahora ya es lo siguiente–. Directora de campaña en las elecciones de 2017 –JxC se presentaba asegurando esta vez que, si votabas a Puigde, volvería; esa campaña fue un decálogo ético, por tanto–, fue portavoz con TorraZzzz. Previamente, fue felicitada por el señor que gestionó el 155, por su colaboración con el Estado, más allá del deber en aquel trance. Esta política –a medio hacer, o a medio a deshacer– es, junto a Borràs, y también gracias a la selección negativa, el valor en alza de JxC. Piedras que nadie ve en la desmesura de su obra, y obra que en otras culturas hubiera supuesto la expulsión de estas dos personas de la política. En el caso de Artadi, es la persona que, implícitamente y hasta su renuncia, CUP había ubicado en Vicepresidència y Economia, con su pacto con ERC –brrrr; y otra; ningún piñón, por cierto–. Es la segunda gran líder JxC que pasa del Govern. La primera fue Borràs, otra profesional de la disciplina, que apostó por ser presi del Parlament. Ese pasar de todo implica que el Govern a) no es un figura estable, que b) no brindará lucimiento, que c) la cosa no tiene futuro. O que, importante y sin defecto de todo lo anterior, d): Jordi Sánchez, el líder que negoció el Govern con Aragonès, pactó pero no acordó con ERC, pero tampoco acordó con JxC. Un sector de JxC –Waterloo– tiene otra cosa en la cabeza. Y a corto o medio plazo, la hará. Puigdemont, en todo caso, y en lo que es muy raruno, ha guardado silencio / al pasar por el pactar. Su reino no es de este pacto.

10- Otros motivos de mosqueo son que algunos profesionales de la comunicación/tertulianos vinculados a ERC han mostrado sus críticas al pacto. Algo inusitado en una cultura vertical, en la que se remunera la inquebrantable adhesión. Cuando los orgánicos se chotean, es que hay algo en verdad más gracioso en el organismo. Y que puede afectar a la esperanza de vida del Govern. El sector ERC del Govern vivirá, todo apunta a ello, más estresado que la mujer de Rocky. En un par de años –es decir, mil años–, el Govern se someterá a la tradicional moción de confianza introducida por la CUP como condición en sus acuerdos. La anterior –2017– culminó con un giro propagandístico, que dio vida a un govern muerto, y que en octubre alcanzó su inmortalidad. Nada más. Esta propuesta de la CUP parece ser de las pocas que siguen vivas de su pacto con ERC, tras el aggiornamento del pacto de ERC con JxC. Y, por lo que veo y oigo, nadie monta pollo al respecto en el sector CUP.

11- Ha aparecido un estudio de Francesc Trillas, del PSC y del departamento de Economía Aplicada de la UAB, en el que se especifica el gasto superfluo de la Gene. Llenapistas: a) los altos cargos mejor pagados de por aquí abajo se llevan el 4’6% de Presupuesto –unos 1.466 millones de euros–, b) las entidades público-privadas –349– triplican en número a la segunda comunidad autónoma en la disciplina –Andalucía, otra Dinamarca del Sur, tiene sólo 102–. El informe hace sospechar una cultura de la recompensa y del pago a la fidelidad. Una cultura del clientelismo. Es decir, con mucha clientela a satisfacer. Quizás el pacto sólo contempla ese acuerdo. Apremiante.

12- Esto es lo que da de sí la cultura del pacto, que no del acuerdo, en Cat. Un partido que no sabe pactar, y otro que ni siquiera lo considera, en breve, por otra parte, estarán presentes en una mesa de diálogo en la Moncloa. Abogados del Estado. Montaigne. Piñones.

13- Se ha reeditado el pacto anterior. En esta ocasión, con mayor presencia física de CUP. En esta emisión me ha sorprendido que CUP utilizara el mismo léxico que JxC. Este pacto precario, sin acuerdo, explica la imposibilidad de la política en Cat, donde es imposible negociar con contrarios, en tanto existe un léxico –difundido en la política y en los medios– que impide negociar con inhumanos, o deshumanizados. El resultado, se quiera o no, tiene más parecidos con una lógica del Frente Nacional, que con una lógica tropical. La política cat no da para más, a partir de su gramática barroca e inmovilizante. Si hay algún cambio –y salvo catástrofe e implosión no prevista, debería ser algo muy gordo, que la política cat lo aguanta todo– es poco probable que venga de la política. Siendo difícil, es más probable que venga de la sociedad, de diagnósticos centrales, que omitan lo que separa a la sociedad, y que apuesten por lo que puede unirla –la corrupción, la mentira, la inoperancia; las piedras que, de repente y contra pronóstico, se perciban–.

14- En pocas horas Aragonès será presi de la Gene. Y, tal vez, sólo de ella. No hay acuerdos para más, ni –salvo nueva intervención gore del Estado– los habrá. Todo transcurrirá por léxico de unilateralidad, pero sin unilateralidad, por lo que oigo en los primeros compases de la sesión de investidura. Ceremonias magnéticas. Extracción de piedras. Curación. Nada.

15- Inmediatamente, esto se traducirá, según la tradición, en la incorporación de tertulianos y comentaristas, en los medios públicos, del nuevo grupo apoyante. CUP. Y de un nuevo y vertiginoso ciclo propagandístico y excluyente. Aguanten, que pasará. Si pueden, hagan chistes, que es lo mejor en medio de tanto profesional cabreado. Ya les iré explicando.

Guillem Martínez

Fuente

 

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