Homus Monarquicus

En su libro Homus Idiotus, el escritor uruguayo Washington Abdala aborda de manera certera como las redes sociales ha sucumbido como espacio de socialización, de intercambio de información y de oposición de ideas para convertirse en el espacio para obtener la aprobación a cualquier precio.

Algo parecido a lo que describe Abdala, aunque con peculiaridades, ocurre con el llamado Homus Monarquicus, espécimen caracterizado con su tendencia a no pensar por medios propios. Conviene no confundir con el Homus Ibericus, aunque es cierto que comparte muchas de sus peculiaridades. El Homus Monarquicus ha encontrado en las redes el espacio pintiparado para realimentar sus carencias intelectuales y hace del grupo el escudo que solvente su déficit mental.

Todo aquel que alguna vez haya cometido la osadía o la temeridad de asomarse a las redes sociales patrias y desde el buenismo de un sano ejercicio de libertad de expresión haya cuestionado a la Monarquía como forma de Estado o criticado la conducta de cualquier de los miembros de la Casa Real y se haya topado con algún ejemplar o grupo (normalmente están en grupos) de Homus Monarquicus sabe que su incapacidad para razonar y dar argumentos más o menos conformados y relacionado con algo de intelecto es directamente proporcional a su capacidad de proferir insultos, improperios y amenazas a poco que vea en entre dicho su escaso raciocinio. Defienden la Monarquía como icono incuestionable de una fe ciega, signifique lo que signifique, y más allá de esa fe se niegan a aceptar cualquier punto de vista, ya sea social, política y democrática que la cuestione y de ahí que reaccionen ante las mismas de forma inapropiada, cuando no, con toda la carga de violencia verbal descalificativa que pueden, que no es poca.

El hecho que en pleno siglo XXI no se cuestione que una Jefatura de Estado se obtenga por el dudoso mérito de haber nacido en una determinada familia, algo que intelectualmente no se sustenta en modo alguno, sin embargo, encuentra perfecto acomodo en el Homus Monarquicus y la incapacidad de cuestionarlo es muy significativo y paradigmático.

Creo no descubrir nada si afirmo con rotundidad que la decadencia del homus sapiens y más aún en su variante expresada por Abdala y el propio Homus Monarquicus se debe combatir fundamentalmente desde la escuela. Pero un sistema económico y social que basa su propia subsistencia a que estas especies y subespecie prolifere, hará todo lo posible para que así sea. El poder político, como herramienta eficaz, reforma educativa tras otra, están convirtiendo los centros educativos en meros reservorios de futuras generaciones a las que se le ha cercenado el desarrollo de su capacidad de pensar, de discernir y de analizar para que sigan siendo mano de obra fácil de manipular.

En contraposición del Homus Monarquicus, surgió el Homus Republicanus, variante minoritaria del Homus Ibericus, que en su día quedó muy diezmado por el virus de la intolerancia y los intereses creados nacionales e internacionales, pero que, con tesón y esfuerzo, cada vez va tomado más fuerza y relevancia, a pesar de la contundencia intolerante con que se emplea el Monarquicus contra ellos, controlado por el sistema que subsiste gracias a ellos.

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