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"Te llevas el agua, quemas los olivos, destruyes mi casa, te quedas con mi trabajo, me robas la tierra, encarcelas a mi padre, matas a mi madre, bombardeas mi país, nos matas a todos de hambre, nos humillas a todos, pero al que hay que culpar es a mí: y es que respondí lanzando un cohete". Noam Chomsky

“No es el odio religioso, es la pobreza y la gentrificación”. Nadim Nashef

Hay muchos factores concretos — que no son el odio entre árabes y judíos o la tensión religiosa que invoca alguna gente como explicación — tras las escenas de contienda civil que pudieron verse en las calles de Lod el martes [11 de mayo] por la noche”.

Nadim Nashef, director de Aamleh – Centro Árabe para el Avance de las Redes Sociales – y exponente de la sociedad civil palestina en Israel, desbarata las lecturas superficiales de lo que está sucediendo en las ciudades mixtas de Israel, en las que conviven judíos y árabes. Le entrevista Michele Giorgio para el diario italiano il manifesto.

“Estoy hablando de cosas de verdad, también de las que tienen naturaleza política”, afirma Nashef, a quien formulamos varias preguntas el miércoles pasado [12 de mayo], “pero más a menudo de cosas que guardan relación con la vida cotidiana. Me refiero a la gentrificación, al desempleo, la discriminación y el desahucio de familias árabes que no pueden pagar alquileres cada vez más elevados. Todo esto se combina con la penetración (en los vecindarios árabes) de activistas de organizaciones derechistas judías. Son problemas estos que se ven en otras ciudades mixtas de Israel como Haifa y Acre, y que tienen puntos en común, por ejemplo, con el caso de las familias palestinas en peligro de ser desahuciadas de Sheij Yarrah, en Jerusalén”.

Docenas de coches incendiados, edificios destruidos, violencia entre judíos y árabes en las calles, que ha continuado durante horas hasta que se declaró el estado de emergencia y el toque de queda. ¿Por qué en Lod?

La chispa fue el asesinato a manos de un residente judío de un joven, Musa Hassuna, durante las protestas árabes motivadas por lo que está sucediendo en Jerusalén. Pero el fuego llevaba prendiendo bajo las cenizas desde hacía años. En Lod, la población es más pobre que en otras ciudades y la comunidad árabe tiene que luchar por sobrevivir en condiciones de marginación y de grave degradación ambiental. Hay quienes hablan de odio entre judíos y árabes, pero yo apuntaría más a una creciente aversión a Amidar entre los ciudadanos árabes, en Lod pero no sólo en Lod.

¿Se refiere usted a la agencia propietaria de buena parte de la vivienda de alquiler regulado?

Sí. Muchas de las viviendas controladas por Amidar [fundada en 1949, y entre cuyos mayores acionistas se encuentran la Agencia Judía, el Fondo Nacional Judío y el gobierno israelí] son casas que pertenecían a palestinos que huyeron o fueron expulsados en 1948 y que fueron confiscadas por el Estado. En las últimas décadas, se les han asignado a los segmentos más pobres de la población, lo que la mayoría de las veces coincide con la población árabe, que ha podido de este modo beneficiarse de alquileres bajos pagados al Estado.

Sin embargo, en los últimos años, en nombre del libre mercado inmobiliario, Amidar ha subido los alquileres y ha sacado muchas de estas casas a la venta. Las familias que allí viven no pueden permitirse precios tan elevados y tienen que marcharse. A menudo las compran empresas inmobiliarias que las revenden luego a organizaciones bien financiadas ligadas a la ultraderecha, que las entrega a familias judías como parte de la conquista de los barrios árabes, como es el caso de Sheij Yarrah. Y en un clima de guerra entre los pobres, los judíos que viven en los barrios más degradados no ven desde luego con malos ojos substituir a sus vecinos árabes por familias judías, aunque sean a menudo muy religiosas.

Así que, a largo plazo, la tensión se ha convertido en rabia. No me sorprende la violencia de la otra noche, pero desde luego no esperaba que fuera tan amplia.

Sin embargo, la gentrificación es un fenómeno a escala mundial, no es algo nuevo, ni siquiera en Israel. Los judíos mizrahíes de Oriente Medio están familiarizados con ella, pues se han visto obligados a abandonar los distritos centrales de las ciudades, en los que llevan viviendo desde los años 50, para dejar sitio a grupos de rentas más altas.

Cierto, pero aquí la gentrificación se combina con el discurso político: el nacionalismo más acalorado que goza de gran apoyo en los peldaños más altos del poder. En Jaffa, donde cientos de familias árabes llevan esperando viviendas públicas desde hace años, existe una situación de gran malestar social. A mediados de abril, hubo choques en la ciudad en relación con los planes de vender un gran edificio en el barrio árabe de Ajami a un colegio rabínico de orientación nacionalista. Muchos lo consideraron un intento de expulsar a los vecinos árabes. Tras los disturbios, tuvo lugar una reunión entre la policía y funcionarios de Amidar para aliviar tensiones, pero la escalada en Jerusalén y el enfrentamiento militar entre Hamás e Israel ha vuelto a incendiarlo todo en ciudades como Lod, Jaffa e incluso Haifa.

¿Qué cabría esperar en Lod una vez que se levante el estado de emergencia?

Por supuesto, los problemas no van a desaparecer. Si a los residentes árabes se les sigue marginando y empobreciendo con las medidas políticas del gobierno, si Amidar continua presionándolos y se ven sometidos a constantes provocaciones de grupos de extrema derecha, inevitablemente se identificarán cada vez más con los palestinos que viven en Jerusalén Este y el resto de los Territorios Ocupados, y participarán en sus luchas.

Il manifesto global, 14 de mayo

Cientos de palestinos despedidos tras la huelga general del 18 de mayo

Chiara Cruciati

“Estás despedido”.

“No eres leal a Israel”.

Estas son algunas de las palabras que cientos de trabajadores palestinos — ciudadanos israelíes — han oído de boca de sus patronos tras la jornada histórica del 18 de mayo, con la huelga general iniciada por la sociedad civil árabe, que enseguida se extendió a Jerusalén y Cisjordania.

Fue una iniciativa histórica, al ser la primera en 85 años: la última gran huelga general se remonta a 1936 y señaló el comienzo de la Gran Rebelión contra la violencia de los paramilitares sionistas y el apoyo que recibían del Mandato británico en aquella época.

En 1936, el puerto de Jaffa fue el primero en declararse en huelga, en lo que se conoció como la “huelga de las naranjas”. A la huelga de hace tres días se le ha dado el nombre de “huelga de la dignidad”. Pero, tal como afirmaba temer el director Kamal Aljafari en un artículo publicado el miércoles en este diario, ha llegado el castigo.

Los despidos fueron denunciados por organizaciones palestinas y bufetes de abogados que están ahora recogiendo las quejas de los trabajadores, cifradas hasta ahora en centenares, aunque el número final no se conoce de momento. En algunos casos, se ha despedido a trabajadores por sus mensajes en las redes sociales que apoyaban la huelga. 

Se ha despedido a menudo a los trabajadores vía WhatsApp, según relataba el miércoles Mohammad Zeidan, ex-director de la Organización de Derechos Humanos, a Middle East Eye: “Algunos patronos respondieron con mensajes de ‘estás despedido’, mientras otros se enzarzaban en un debate politico con los trabajadores palestinos, diciéndoles que no son leales a Israel”.

La huelga general ya ha tenido ciertamente repercusiones, si tomamos en cuenta que el 50% de los trabajadores del transporte, la construcción y el sector farmacéutico son palestinos, así como el 23% de las enfermeras y el 21% de los medicos. Se paralizaron las obras de la construcción, los muelles y el transporte, cerraron las tiendas, y medicos y profesores no fueron a trabajar.

El centro de las ciudades palestinas y los barrios árabes de las ciudades mixtas quedaron en silencio, mientras decenas de miles se reunían en las plazas para desfilar en coches, participar en marchas y mítines, ondeando banderas y coreando lemas en apoyo de Gaza y Sheij Yarrah.

Lo mismo ha sucedido en los Territorios Ocupados, y ha habido por doquier toda una serie de detenciones. Al menos 58 ciudadanos israelíes palestinos han sido detenidos, una cifra que eleva el número de detenidos a más de mil. Doscientos de ellos han sido imputados por varios delitos, mientras que se ha detenido a 150 judíos israelíes sin que ninguno de ellos haya sido imputado. 

il manifesto global, 21 de mayo de 2021

A las personas con conciencia: Los palestinos os piden boicotear a Israel

Omar Barghouti

En su novela Beloved escribió Toni Morrison: “Las definiciones pertenecen a los definidores, no a los definidos”. Los palestinos han aprendido por las malas que, a menos que nos definamos claramente nosotros mismos, nuestra opresión y nuestras aspiraciones, lo hará el opresor hegemónico, borrando nuestro futuro y sojuzgando nuestro futuro.

A veces nuestras definiciones aparecen cuando no se las espera. Hace tres días, tras un ataque áereo cercano cuyo blanco era un barrio residencial de la ciudad de Gaza y que hizo estremecerse su edificio, la joven hija de una amiga mía corrió aterrada a los brazos de su madre, temblando. Se cuestionaba: “¡Quiero ser valiente, mamá, pero no sé cómo cuando la muerte está tan cerca!” Su exclamación, durante una matanza televisada, define el valor. Los palestinos hacen trizas nuestro miedo todos los días y mantienen la esperanza, trabajando para asegurarla, de que este valor inspire a millones de personas para elevar la voz y actuar de forma eficaz con el fin de terminar con la complicidad con la opresión de Israel.

La actual guerra israelí contra los palestinos – en Gaza, Jerusalén, Lydd, Acre, Haifa y otros lugares – y la resistencia palestina evocan múltiples definiciones. Conflicto, apartheid, resistencia, represalia, autodefensa, periodismo ético, coexistencia y justicia se encuentran entre las definiciones acaloradamente discutidas. A veces el debate mismo se utiliza para justificar un inmoral enfoque “de-ambos-lados” que frustra la indignación y el deber de actuar.

Recordando al mundo esta obligación, y protestando por los horrendos ataques de Israel, algunos de los cuales muchos palestinos definen como una Nakba en curso, los palestinos de todas partes siguieron una huelga general el martes [18 de mayo]. Por medio de la misma, afirmamos nuestra unidad como pueblo autóctono en una busqueda global de la liberación, y reiteramos nuestro llamamiento a una solidaridad internacional significativa, sobre todo en forma de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Inspirado por la lucha contra el apartheid sudafricano y el movimiento de derechos civiles norteamericano, el movimiento BDS no violento y antirracista se lanzó en 2005 gracias a la coalición de mayor amplitud de la sociedad palestina. Apela a la terminación de la ocupación israelí de 1967, a sostener el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus tierras y a acabar con el sistema de dominación racial legalizado e institucionalizado por Israel, que se ajusta a la definición de apartheid de las Naciones Unidas, tal como recientemente reconoce Human Rights Watch.

Durante años, Israel ha ido librando una guerra sin cuartel de represión contra el BDS, debido en parte al destacado papel de éste en la popularización del análisis del apartheid de Israel entre estudiantes, personal académico, artistas y sindicatos, así como entre movimientos de justicia social, racial y climática. El reconocimiento por parte de Israel del impacto “estratégico” del BDS a la hora de movilizar una solidaridad internacional efectiva con la lucha de liberación palestina es otro factor clave.

Pero quizás el factor más importante detrás de la guerra de Israel contra el BDS es el hecho de que el movimiento ha hecho añicos la apatía de los que no se preocupan y la inacción de quienes no se preocupan lo suficiente. El BDS ha redefinido drásticamente la solidaridad con la lucha palestina por la libertad, la justicia y la igualdad, como obligación ética para acabar con la complicidad, por encima de todo lo demás. Frente a la opresión flagrante en cualquier lugar son inmorales la apatía y la inacción, cuando uno tiene la capacidad de actuar sin sufrir de modo significativo. Bastante más inmoral resulta, con todo, cuando uno tiene no sólo la capacidad sino el deber de actuar a causa de la complicidad del Estado o la institución propias en el sistema de opresión.

Cuando estados más o menos democráticos, como los EE.UU., Alemania y Francia, le proporcionan a Israel financiación militar o armamento, o lo protegen de las sanciones y la rendición de cuentas de acuerdo con el Derecho internacional, se convierten en cómplices de los crímenes de Israel contra los palestinos.

Cuando las empresas se benefician del suministro de bienes o servicios que permiten a Israel mantener su régimen de ocupación y apartheid, se vuelven cómplices.

Cuando los fondos soberanos o los fondos de inversión de iglesias o universidades mantienen sus acciones en esas empresas, se hacen cómplices.

Cuando hay artistas que cruzan un piquete del BDS palestino y participan en actos en Israel, o patrocinados por Israel, se vuelven cómplices.

Toda esta complicidad genera la responsibilidad ética de actuar, de impedir que el dinero de sus impuestos y aquellos que hablan en su nombre sean socios de Israel en los implacables intentos de Israel de convertir Gaza y otros guetos palestinos en “zonas de no ser”, como las llamaría Frantz Fanon.

La estimulante explosión en los últimos días de una solidaridad sin precedentes con los palestinos indica que millones de personas alrededor del mundo cumplen hoy con este deber ético y que muchos de ellos actúan para llevar a cabo el cambio, incluso a escala política. Brillante ejemplo de ello es la declaración del Movement for Black Lives, que exigió recortar los 3.800 millones de dólares de financiación militar anual [norteamericana] a Israel e imponer sanciones “hasta que Israel cese en sus prácticas de apartheid y en su proyecto colonial de asentamientos”. Entre las legisladoras, Alexandria Ocasio-Cortez tuiteó valerosamente: “Los estados de apartheid no son democracias”.

Importantes personalidades televisivas, entre ellas Ali Velshi, de la MSNBC y John Oliver, de la HBO, iconos musicales, como John Legend, y figuras de Hollywood, como Susan Sarandon, Viola Davis, John Cusack, Wentworth Miller y Natalie Portman, han expresado todos su solidaridad como nunca anteriormente, tuiteando algunos el famoso mapa de Palestina que va desapareciendo gradualmente bajo el colonialismo de asentamientos.

Sobre el terreno, los palestinos resisten todos los días el borrado de nuestra tierra, identidad y esperanza. En medio de las inquietantes imágenes de muerte y destrucción de Gaza, una imagen me dejó una mezcla visceral de angustia y esperanza. Es la imagen de un joven, Amara Abu Ouf, que hacía la V como señal de victoria mientras le rescataban de debajo de los escombros de un edificio de Gaza aplastado contra el suelo por una bomba israelí. Es la definición del Fénix que resurge de sus cenizas, se podría decir. Pues bien, esa es hoy la definición del palestino.

The Guardian, 19 de mayo de 2021

La última trinchera del colonialismo de asentamientos: el Israel del apartheid

Richard Falk

La actual crisis de Palestina/Israel se ahonda y extiende, mientras las víctimas aumentan y se llena el aire con el humo de los edificios destruidos en Gaza, con disturbios en las calles de muchas ciudades israelíes y de Cisjordania, con la policía israelí alterando a los fieles en el recinto de la mezquita de Al-Aqsa y protegiendo a los colonos extremistas judíos que gritan lemas genocidas, como ‘muerte a los árabes’, en marchas incendiarias por los barrios palestinos de Jerusalén.

Subyacente a toda esta erupción entre opresor y oprimidos han estado los desahucios endeblemente legalizados de seis familias palestinas que viven desde hace mucho en el barrio de Sheij Yarrah, que para los palestinos resume su largo calvario de persecución y prohibiciones en el que psicológicamente sigue siendo su país natal.

Mientras prosigue esta carnicería, las luces han permanecido escandalosamente tenues en las Naciones Unidas. Los dirigentes occidentales hacen patéticos llamamientos a la calma a ambos bandos como si fueran iguales, mientras afirman de modo perverso la unilateralidad del ‘derecho de Israel a defenderse’, como si hubiera sido atacado de la nada.

¿No es otra cosa esto que un ciclo de violencia más que muestra el choque irresoluble entre un pueblo autóctono abrumado por un intruso colonial envalentonado por la sensación de tener el derecho de un colono con fundamento religioso? ¿O estamos siendo testigos del comienzo del fin de la lucha centenaria del pueblo palestino para defender su país natal contra el despliegue del Proyecto Sionista que le ha robado su tierra, pisoteado su dignidad y convertido a los palestinos en extraños convertidos en víctimas en la que había sido su tierra natal durante siglos? Sólo el futuro puede desentrañar esta agobiante incertidumbre.

Entretanto, podemos esperar más efusión de sangre, muertes, furia, aflicción, injusticia, amen de las crónicas interferencias geopolíticas. Lo que han dejado claro estos acontecimientos es que los palestinos están aguantando una opresión prolongada con su espíritu de resistencia intacto y se niegan a la pacificación sin que importe la severidad de las penurias impuestas. También estamos en condiciones de advertir que los líderes israelíes y la mayor parte de su opinion pública ya no tienen el ánimo siquiera de fingir que son receptivos a alternativas a la terminación de su empeño colonial de asentamiento, pese a su  dependencia de una version de gobernación de apartheid con armamento.

Para los israelíes y buena parte de Occidente, el núcleo de la historia que se cuenta sigue estando en la violencia de una organización terrorista, Hamás, que desafía al pacífico Estado de Israel con destructivas intenciones, lo que convierte en razonable la respuesta de Israel, lo mismo como forma de desalentar los cohetes que como dura lección punitiva para el pueblo de Gaza, destinada a disuadir de futuros ataques terroristas. A los misiles y drones israelíes se les considera ‘defensivos’, mientras que los cohetes son actos de ‘terrorismo’, aunque rara vez alcanzan objetivos humanos israelíes, y pese al hecho de que es el armamento israelí el que causa muerte y destrucción generalizadas entre los más de dos millones de gazatíes civiles que han sido víctimas de un bloqueo ilegal desde 2007 que ha paralizado un enclave palestino empobrecido, atestado, traumatizado, que soporta desde hace mucho niveles de desempleo por encima del 50 %.

En el actual enfrentamiento, el control por parte de Israel del discurso internacional ha tenido éxito a la hora de descontextualizar la cronología de la violencia, con el efecto de llevar a quienes poco saben de lo que indujo a la oleada de cohetes de Hamás a creer falsamente que la destrucción de Gaza ha sido una reacción de represalia israelí a los cientos de cohetes lanzados por Hamás y otros grupos de milicias de Gaza. Con abusos de lenguaje que podrían sorprender al mismo Orwell, el terrorismo de Estado de Israel queda maquillado por el mundo, junto al rechazo de la diplomacia de paz de Hamás en los últimos quince años, que ha intentado buscar un alto el fuego permanente y una coexistencia pacífica.    

Para los palestinos y quienes se solidarizan con su lucha, Israel permitió a sabiendas que la población sojuzgada de Jerusalén Este sufriera una serie de angustiosas humillaciones sucedidas durante el periodo sagrado de observancia religiosa musulmana del Ramadán, echando sal en las heridas ya abiertas como resultado de los desahucios de Sheikh Yarrah, que tuvieron el efecto de refrescar los recuerdos palestinos de sus experiencias definitorias de los días de la limpieza étnica, antes de la conmemoración anual de la Nakba, el 15 de mayo. Esto equivalía a una recreación metafórica del crimen masivo de expulsion que acompañó el nacimiento de Israel en 1948, intensificado por la demolición con excavadoras de varios cientos de aldeas palestinas, lo que señaba la intención israelí de hacer permanente el destierro.

A diferencia de Sudáfrica, que nunca pretendió ser una democracia, Israel se legitimó presentándose como una democracia constitucional. Esta determinación de ser una democracia venía con la etiqueta de un alto precio de engaño y autoengaño, que precisa hasta el día de hoy una lucha continuada por hacer que el apartheid funcione de modo que asegure la supremacía judía, a la vez que oculta el sojuzgamiento palestino. Durante decenas de años, Israel ha tenido éxito a la hora de ocultar al mundo esos rasgos de apartheid, pues el legado del Holocausto dio credibilidad sin crítica al relato sionista basado en conceder refugio a los supervivientes del peor genocidio de la humanidad. Por ende, la presencia judía estaba haciendo florecer el desierto, mientras borraba al mismo tiempo los agravios palestinos, menospreciados además por las visiones de la “hasbara” [operaciones de imagen y relaciones públicas de Israel] de atraso palestino, por contraposición a la pericia modernizadora israelí, yuxtaponiendo luego una caricatura política de los dos pueblos que describe la adhesion judía a valores occidentales, por oposición a la adopción palestina del terrorismo.

Los recientes cambios en el terreno simbólico de la política que controla el resultado de las Guerras de Legitimación han registrado varias victorias para la lucha palestina. El Tribunal Penal Internacional ha autorizado la investigación de la actividad criminal israelí en la Palestina Ocupada desde 2015, pese a la vigorosa oposición de la dirección del gobierno israelí, que cuenta con el apoyo pleno de los Estados Unidos. La investigación de La Haya, aunque procede con diligente respeto por los aspectos legales que implica, no ha visto que Israel se involucrara abiertamente, sino que ha sido denunciada por Netanyahu como ‘puro antisemitismo’.

Más allá de esto se encuentra la disputa sobre el apartheid israelí, que hace sólo unos pocos años fue denunciado de modo semejante cuando un informe académico encargado por las Naciones Unidas concluyó que la acusación de apartheid quedaba inequívocamente confirmada por las medidas políticas y prácticas israelíes de carácter inhumano destinadas a garantizar el acoso a los palestinos y la dominación judía. En los últimos meses, tanto B’Tselem, la más destacada ONG de derechos humanos de Israel, como Human Rights Watch, han publicado estudios ciudadosamente documentados que llegan a la misma conclusión alarmante de que Israel administra ciertamente un régimen de apartheid en el conjunto de la Palestina histórica, es decir, los Territorios Ocupados palestinos, más el mismo Israel. Si bien estos dos cambios no alivian el sufrimiento palestino o los efectos sobre el comportamiento derivados de soportar la negación de derechos básicos, son victorias simbólicas significativas que endurecen la moral de la resistencia palestina y fortalecen los lazos de la solidaridad global. El historial de luchas contra el colonialismo desde 1945 abona subscriber la conclusion de que el bando que gane la Guerra de Legitimidad controlará finalmente el resultado politico, pese a ser más débil militar y diplomáticamente.

El final de partida del apartheid sudafricano refuerza esta reconsideración del cambiante equilibrio de fuerzas en la lucha palestina. Pese a ejercer lo que parecía un control efectivo y estable de la población africana mayoritaria, mediante la puesta en práctica de brutales estructuras de apartheid, el régimen racista se derrumbó desde dentro bajo el peso combinado de la resistencia interior y la solidaridad internacional. Entre las presiones exteriores se contó una campaña de amplio respaldo del BDS [boicot, desinversión y sanciones] que gozó del apoyo de las Naciones Unidas. Israel no se parece a África del Sur en una serie de aspectos clave, pero la combinación de resistencia y solidaridad se ha visto radicalmente redoblada la semana pasada. Israel ya hace mucho que perdió los principales debates legales y morales, reconociendo casi esta interpretación por su desafiante modo de cambiar de tema con temerarias acusaciones de antisemitismo, y está en vías de perder el debate politico.

La misma sensación de vulnerabilidad de Israel frente a una hipótesis sudafricana ha quedado de manifiesto por esta creciente tendencia a motejar a los partidarios del BDS y a sus críticos severos de ‘antisemitas,’ lo cual parece en el contexto de la actual evolución algo que como mejor se describe es como un ‘ataque de pánico geopolítico.’ Parece apropiado a propósito de ello recordar la famosa observación de Gandhi: “Primero te ignoran, luego te insultan, después te combaten y, al final, triunfas”.

il manifesto global, 18 de mayo de 2021

Nadim Nashef  -  Chiara Cruciati -  Omar Barghouti  -  Richard Falk 

Fuente

 

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