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“El caso más parecido a la carrera naval de China sería la formidable armada construida por Japón a principios del siglo XX”, señala a este diario el comandante Bryan McGrath de la Marina de EE.UU, 21 años de servicio, hoy en la reserva. China está construyendo a un ritmo impresionante la marina de guerra llamada a disputar a Estados Unidos el dominio del Pacífico. Aunque la superioridad tecnológica de EE.UU., hoy por hoy, está fuera de duda, China ya es el país con más buques de guerra operativos. con 350 (255 en el 2015).

“Tienen los mayores astilleros del mundo, la determinación y unos planes de modernización militar muy concretos hasta el 2045, año fijado para convertirse en una potencia militar mundial. La República Popular bota en un año el mismo tonelaje en buques que toda la marina del Reino Unido junta”, alerta Greg Poling, del Centre for Strategic Studies (CSIS) de Washington DC. 

La desconfianza sobre el ascenso naval de China en el Pacífico es un mantra en Estados Unidos, donde muchas voces –interesadamente o no– tratan de garantizar que la Navy esté mejor financiada durante el mandato Biden, la única forma de mantener la hegemonía de una flota que “no está obsoleta pero tampoco es supermoderna”, observa el almirante español José María Treviño, experto en defensa naval y geopolítica.

Todas las grandes potencias han sido navales o no han sido. Aún hoy, el control de los mares garantiza las rutas comerciales y el abastecimiento de materias primas. En el caso de China, se añade otro factor poderoso: la isla de Taiwán, a solo 180 kilómetros del continente. Ambas partes se consideran la legítima representación de China, la madre patria, el Reino del Centro, y ninguna renuncia a la reunificación, objetivo que, obviamente, solo está al alcance de la República Popular.

Pekín nunca tolerará que Taiwán pueda declararse independiente –un desafío que tampoco lanzará gobierno alguno en Taipéi, la capital de la isla–. Hasta el 2020, China confiaba en su filosofía de “poder blando” del “un país, dos sistemas”, con su banco de pruebas en Hong Kong. El ensayo ha fracasado y, de facto, China ha zanjado el desafío de sectores de Hong Kong con una ruptura irreversible del contrato. Si en 1997, fin del colonialismo británico, Hong Kong parecía llamada a ganar el corazón de los taiwaneses, hoy es todo lo contrario: no se toleran desafíos.

La República Popular China nunca, ni en los días más convulsos de Mao, ha tratado de invadir una isla cuya superficie es similar a la de Catalunya debido a que Estados Unidos garantiza su defensa –y por ley– en virtud de la alianza militar mantenida a rajatabla desde 1949, a modo de contención del comunismo. La tentación de jugar la carta nacionalista siempre estará ahí si Pekín, en un momento dado, necesita desviar la atención doméstica.

“China ha percibido hasta la fecha que el coste que le infligiría Estados Unidos por un ataque a Taiwán es excesivo y disuasorio. Para mantener esa percepción, Estados Unidos necesita invertir más en los próximos años en su marina de guerra. Su autoridad como líder del mundo libre desaparecería ipso facto si es incapaz de cumplir con su obligación de defender a un aliado como Taiwán”, señala el comandante Bryan McGrath, que, retirado de la Navy, preside la consultora The Ferry Bridge.

China siempre puede alegar que no inicia guerras, a diferencia de Estados Unidos. Su plan de modernización naval se inscribe en el de la modernización del conjunto del país para el 2045, el objetivo a modo de legado que se ha marcado el presidente Xi Jinping, el líder vitalicio cuya autoridad no tiene parangón desde la muerte de Mao en 1976. Ni siquiera el gran modernizador del comunismo chino, Deng Xiaoping, tuvo semejante control de todos los resortes del poder. “China se empieza a ver no como un poder continental sino global. Quiere asegurarse el control de la ruta marítima Japón-Taiwán-Filipinas y la de acceso al Índico. ¿Qué la diferencia de la URSS como rival? Europa no la percibe como un peligro, pero habría que preguntar a Japón o Corea si comparten esta tranquilidad. No olvidemos que China no deja de ser un Estado comunista. Estados Unidos ganó la guerra fría gracias a la economía, al ritmo de gasto militar que Moscú no pudo seguir. Y no parece que se pueda ganar a China en este terreno”, observa Greg Poling, director del programa de Transparencia Naval del CSIS.

“A China le falta bastante para ser una potencia naval global, pero va por el buen camino. Carece de una red logística de puertos para abastecerse o reparar sus buques, aunque eso también es cuestión de tiempo. Basta con firmar contratos con terceros países”, estima el almirante José María Treviño. China solo tiene una base naval fuera de sus fronteras y es modesta (en Yibuti, desde el 2017. Sus intentos de abrir una en Pakistán chocan con los recelos de India. “Estados Unidos tiene una gran ventaja en cuanto a las bases navales: dispone de más y mejores aliados que China en el mundo”, observa McGrath.

El Pacífico es una rivalidad entre dos aunque Francia sea la potencia naval con más kilómetros de jurisdicción en ese océano. “La reconquista de nuestra soberanía económica y de nuestra competividad comienza en los océanos. Y Francia estará allí”, señaló días atrás el primer ministro Jean Castex en la cubierta del Charles de Gaulle , la joya de la flota francesa. No parece, sin embargo, que el Pacífico sea cosa de tres.

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