chile Elisa Loncon Getty Images 768x432

El pueblo chileno está viviendo un cambio histórico. Así lo confirma la  elección de Elisa Loncón Antileo, dirigente del pueblo originario mapuche por el voto de 96 de los 155 miembros de la Asamblea Constituyente. Una mayoría que supera holgadamente el 50% e integrada por representantes independientes, de movimientos de izquierda, y de pueblos originarios.

Cuando el pueblo ganó las calles

   El estallido inicial se produjo en octubre de 2019 cuando miles de estudiantes secundarios comenzaron sus protestas por el alza del boleto del Metro. En aquel momento el gobierno de Piñera respondió a las demandas reprimiendo duramente. Eso no hizo más que alentar un malestar subterráneo que alcanza a grandes capas de la ciudadanía chilena. Durante meses cientos de miles de personas se manifestaron el Santiago y otras ciudades chilenas. Hubo 34 muertos, los heridos fueron más de 12.000, decenas perdieron un ojo por disparos balas de goma, y los detenidos se estiman en más de 15.000.-  A pesar de la violencia represiva, los manifestantes, principalmente jóvenes, siguieron expresándose. El 21 de octubre de ese año se concentraron 1.200.000 personas en Plaza Italia (ahora rebautizada Plaza Dignidad ). Es la cifra que reconoció el propio gobierno chileno. Luego la pandemia frenó las protestas callejeras, pero la organización siguió en barrios y por las redes electrónicas. Ya era imparable.

Motivos sobran

  Las causas principales de las protestas son las que hacen a la vida cotidiana de los chilenos: en salud, por ejemplo, se estima que solo el 20% de la población puede pagar un seguro privado, el resto –la gran mayoría- depende de la sanidad pública que tiene graves carencias.

  La educación ha originado las grandes movilizaciones de protestas estudiantiles en el 2006 ( la llamada “revolución pinguina” y en el 2011.

Pinochet sacó una ley de educación cuatro días antes de dejar el cargo en la que fijaba que el estado pagaba el 25 % y el restante 75 % el estudiante. Y dio amplias ventajas a la privada.  Se consiguieron mejoras, pero hay mucho camino por recorrer.  El transporte, que especialmente en la capital es caro e ineficiente. Otro capítulo indignante para las mayorías sociales son los escándalos por corrupción que afectan a parte de la clase política, los empresarios, el ejército y carabineros. Y por lo general, afectan implican fondos o  intereses del estado chileno.   El agua está parcialmente privatizada, y según la ley,  los particulares pueden tener derechos de aprovechamiento de carácter perpetuo de las fuentes. Y para los mayores o quienes están en edad de jubilarse, el grave problema de las famosas AFP - Administradoras de Fondos de Pensiones - . La presidenta de la  fundación Chile 21, Gloria de la Fuente, explica que "las personas que trabajan y cotizan toda su vida, terminan recibiendo una miseria”. Y añade: "El 80% de las personas en Chile recibe pensiones que son menores al sueldo mínimo."  La privatización se hizo durante la dictadura de Pinochet que prometía “pensiones dignas”, pero en realidad ha colaborado con la concentración de la riqueza y la desigualdad del ingreso, al mantenerse el sistema con los gobiernos siguientes. En el caso de los pueblos originarios, su no reconocimiento formal y el hostigamiento constante contra sus líderes naturales y las poblaciones.

Un objetivo común: una nueva Constitución

   Por todo eso, la principal demanda que unía a todas las demás, era la de una nueva Constitución, que sepultara definitivamente la del Gral. Pînochet. Y el pueblo votó de forma abrumadora a favor de una convocatoria de Asamblea Constituyente. Y también se defendió en las protestas populares que todos los chilenos pudieran ser candidatos no sólo los pertenecientes a los partidos. Se advertía una creciente desconfianza en la clase política en general.  El gobierno tuvo que ceder. Pero previamente y a puertas cerradas, los partidos, incluyendo algunos de los de izquierda, acordaron en el Parlamento que fuera necesario tener los 2/3 de los votos para que una reforma pudiera ser aprobada. Esta cláusula prácticamente obligaba a que toda nueva norma tuviera que ser negociada con el oficialismo que tendría capacidad de veto. ( Y en tal caso, se establecía que quedaría tal como estaba en la de la dictadura).

El voto popular

   Pero la sorpresa inesperada para la coalición de derechas, es que no alcanzaron siquiera ese mínimo tercio de representantes. La estructura de poder político-empresarial construida sobre lo heredado de la dictadura, comenzó a derrumbarse por los embates democráticos de la protesta popular, pero fundamentalmente por su voto. El gobierno de Piñera pasó a ser algo irrelevante. Y en el horizonte, el calendario electoral marca elecciones presidenciales para el próximo 21 de noviembre. Todavía no hay candidaturas en firme.

Puesta en marcha de la Asamblea

  La sesión de la Constituyente inició dando posesión legal de sus cargos a los electos. Luego correspondía la elección de quien presidirá el organismo. Hubo una interrupción porque el gobierno había dispuesto vallas y fuerzas de carabineros y elementos antidisturbios en un amplio perímetro del lugar donde sesionaba la Asamblea. Y llegaron datos de que la gente que quería acercarse – familiares, amigos y compañeros de los asambleístas - estaba siendo atacada con gases y cañones lanza agua. Tras el reclamo y el pedido del cese de la represión, se inició la elección de las autoridades de la Constituyente.

Amplia mayoría de Elisa Loncòn en segunda vuelta

   En primera votación, Elisa Loncón obtuvo 58 votos, y el resto se lo repartieron otros cinco o seis candidatos. La derecha, concentró su voto en Harry Jürgensen, de la coalición gubernamental pero solo alcanzó 36. En la segunda vuelta, la dirigente mapuche recogió 96 votos, más que suficientes para ser proclamada. Como vice, fue elegido Jaime Bassa con 84.  Representa al Frente Amplio, un movimiento de izquierdas. Ambos hicieron una declaración conjunta, y afirmaron que inician un camino republicano y popular.

  Elisa Loncón, ( 58 años), es lingüista, profesora de inglés con estudios de post grado en Holanda y Canadá. También tiene un doctorado en Humanidades por la Universidad de Leiden y otro de literatura en la Universidad Católica. Y una larga trayectoria en defensa de los pueblos originarios, el multiculturalismo, y los derechos de la mujer. Al asumir dijo “este sueño es un sueño de nuestros antepasados que se hace realidad. Es posible refundar este Chile. Establecer una nueva relación”. 

Jaime Bassa ( 44 años) es abogado constitucionalista y tiene doctorados en varias universidades, entre ellas la de Barcelona. Afirma que “la Convención debe tener claros los efectos de la Constitución que dejó la dictadura en la acumulación del malestar que debemos enfrentar”. Y añadió que la nueva Carta Magna “no debe ser simplemente un texto jurídico mejor redactado, sino una nueva estructura de relaciones de poder en la sociedad, tanto fuera del Estado como dentro de él.”

  No será fácil, pero lo saben.

  El pueblo chileno, en especial los descendientes de quienes vivieron las ilusiones de los años 70 y sufrieron la represión de la dictadura, fueron los que decidieron terminar con la herencia de Pinochet, reclamando igualdad, libertad y avances sociales. Son los protagonistas de un proceso por cambios reales y profundos. Saben que las oligarquías sociales y económicas siempre se resisten a perder sus privilegios y su poder. Tienen la trágica experiencia del 73. Y la fuerza colectiva para avanzar. No será fácil. Pero lo saben. En las calles demostraron su madurez y su convicción.

  Es inevitable que muchos chilenos recuerden hoy a su presidente Salvador Allende.

  Y algunas de sus frases, que se hacen realidad por voluntad popular:             

  “Se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.”

* Carlos Iaquinandi Castro

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