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En la primavera de 2019, un emisario de un alto líder del movimiento separatista de Cataluña viajó a Moscú en busca de un salvavidas político.

El movimiento de independencia de Cataluña, la región semiautónoma en el noreste de España, había sido en gran parte derrotado tras un referéndum independentista dos años atrás. La Unión Europea y Estados Unidos, que apoyaban los esfuerzos de España para mantener al país intacto, habían rechazado los pedidos de ayuda de los separatistas.

En Rusia, sin embargo, una puerta se abría.

En Moscú, el emisario, Josep Lluis Alay, un alto consejero del expresidente catalán autoexiliado Carles Puigdemont, se reunió con funcionarios rusos, con exagentes de inteligencia y con el nieto de un espía de la KGB, un hombre muy bien conectado. La meta era garantizar la ayuda rusa para lograr la separación de Cataluña del resto de España, según un reporte de inteligencia europeo que The New York Times pudo revisar.

Fuente

 

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