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Más del 80% de la población mundial se considera religiosa, y aún más se identifica como espiritual, pero el «punto de Dios», o los sustratos neuronales de la espiritualidad y la religiosidad siguen sin resolverse

Ocurrió en Israel, una de las grandes cumbres de la religiosidad en el mundo. El protagonista de la noticia fue un hombre de 46 años que sufría epilepsia del lóbulo temporal derecho, un tipo de epilepsia que provoca breves alucinaciones. Durante un reconocimiento, y mientras los médicos monitoreaban la actividad de su cerebro,  experimentó un delirio, se quedó mirando fijamente el techo y exclamó: “¡Dios me ha enviado a vosotros!”. El delirio, o la experiencia religiosa, duró unos minutos más. El hombre se levantó, se quitó los electrodos y se puso a rezar.

Los médicos del Hospital Universitario Hadassah de Jerusalén (Israel) pudieron grabar qué ocurría en su cerebro en ese momento, y publicaron el caso en una revista científica  Epilepsia y Comportamiento.

“Las experiencias religiosas se han documentado en pacientes con epilepsia, aunque sus mecanismos neuronales subyacentes exactos aún no están claros. Aquí, hemos tenido la rara oportunidad de grabar el delirio en tiempo real en un paciente con epilepsia del lóbulo temporal derecho”, explicaban los científicos de Israel en un informe.

Lo que ocurrió en aquella clínica no es algo nuevo para la ciencia. La enfermedad del paciente afectaba a su lóbulo temporal, una zona del cerebro relacionada con la audición, la memoria y las emociones. En torno al 10% de los pacientes de epilepsia temporal sufre psicosis tras los ataques, que se traduce en alucinaciones, delirio y sentimientos reverentes. De ellos, el 27% dice haber visto a Dios.

La relación entre lóbulo temporal y experiencia religiosa es tan marcada que esta zona llegó a ser llamada por la prensa “el punto de Dios”.

EL PUNTO DE DIOS SE DIFUMINA

Cuando podría parecer que han dado con él, resulta que el “punto de Dios” no se activa, o no es relevante, en otros casos intensamente relacionados con la espiritualidad. Estudios realizados con carmelitas descalzas y monjes budistas mientras rezan o meditan indican que se activan varias regiones del cerebro (el núcleo caudado, el giro cingulado, las cortezas insular, orbitofrontal y prefrontal, el tronco del encéfalo y el tálamo), pero no hay un punto rojo, un botón que active la presencia de Dios, y nada que ver con las áreas activas en el paciente israelí.

Los primeros estudios en busca de Dios en el cerebro se realizaron en los años 50 y 60, utilizando los primeros EEG para estudiar los patrones de ondas cerebrales relacionadas con estados «espirituales”. Poco después, en los años 80, Michael Persinger realizó un inolvidable experimento que ha pasado a la historia.

EL INOLVIDABLE CASCO DE DIOS

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Persinger colocó electrodos en un casco amarillo de motonieve. Hoy se conoce como “El casco de Dios”, y  se guarda en el laboratorio de neurociencia del doctor  Persinger, en Sudbury, Canadá. Concretamente en la sala C002, una cámara insonorizada que una vez se llamó la Cueva de Mahoma. La sala se aisló para los experimentos, y los electrodos del casco emitían pulsos electromagnéticos. Con ellos, producían la estimulación del lóbulo temporal del cerebro. El casco generaba un campo magnético muy débil, pero lo que ocurrió fue que muchos de los sujetos del estudio de Persinger afirmaron sentir «una presencia etérea en la sala», con el casco amarillo de la motonieve sobre sus cabezas.

Hoy los expertos han demostrado que los resultados de los experimentos de Persinger no tienen nada que ver con la experiencia de Dios por estimulación electromagnética, sino con la sugestión. Persinger tampoco había localizado a Dios.

Algunos científicos trabajan en la hipótesis de que la base de la experiencia espiritual no está en un área concreta del cerebro, sino en los neurotransmisores y hormonas que lo bañan. Han estudiado el aumento de   los niveles de N-Dimetiltriptamina en la glándula pineal, asociados a la sensación de experiencias espirituales. Pero donde hay más interés es en el estudio de ingredientes psicoactivos, como los que contienen hongos alucinógenos cuyo consumo a menudo produce experiencias místicas de toda condición.

EL CIRCUITO DE LA ESPIRITUALIDAD Y LOS OPIOIDES NATURALES DEL CEREBRO

Ahora, un nuevo estudio que utiliza tecnología novedosa y el conectoma humano, un mapa de conexiones neuronales, ha identificado un nuevo circuito cerebral que parece medir la religiosidad y la espiritualidad. Lo significativo es que este circuito está relacionado con la respuesta al miedo, y con la liberación de opioides naturales del cerebro, algo así como un analgésico natural que calma el dolor.

Se trata de un circuito antiguo en la evolución del cerebro humano, y no tiene nada que ver con el pensamiento abstracto o la imaginación. Si es el circuito de Dios, nada tiene que ver con la manera en que el cerebro construye sus pensamientos elevados.

El estudio, publicado en Biological Psychiatry y dirigido por Michael Ferguson, PhD, investigador del Center for Brain Circuit Therapeutics del Brigham and Women’s Hospital, Boston, MA, EE. UU., muestra que los circuitos cerebrales de la espiritualidad se centran alrededor de un área del tronco encefálico llamada gris periacueductal (PAG).

El PAG es una estructura cerebral evolutivamente antigua conocida por su papel en la respuesta al miedo y funciones autónomas como la regulación de la frecuencia cardíaca. El PAG es quizás más conocido (y más estudiado) por su papel en la atenuación del dolor al desencadenar la liberación de opioides endógenos, los analgésicos del propio cerebro.

El Dr. Ferguson y sus colegas se sorprendieron al encontrar el circuito de espiritualidad centrado en el PAG, en lugar de regiones cerebrales «superiores» como la corteza, que generalmente se asocia con la función cognitiva y los pensamientos abstractos.

El Dr. Ferguson agregó: “El hecho de que nuestros resultados en este estudio apunten a una estructura tan antigua evolutivamente del tronco del encéfalo para definir un circuito para la espiritualidad es potencialmente significativo por una letanía de razones. Entre las razones materiales más inmediatas está que el [PAG] es bien conocido por mediar en la inhibición del dolor. Esto genera curiosidad sobre las formas en que la espiritualidad podría ser clínicamente relevante para ayudar a controlar el dolor físico y emocional.

“El hecho de que el [PAG] también esté involucrado en el apego y la vinculación también puede insinuar explicaciones mecanicistas para la observación emergente de que la espiritualidad puede integrarse eficazmente en la psicoterapia. Estas son, por supuesto, las primeras especulaciones sobre la posible relevancia clínica para la neurociencia de la espiritualidad; Sin embargo, ¡el hecho de que haya mucho más trabajo por hacer en esta área es estimulante y motivador! »

Bibliografía:
El artículo es «Un circuito neuronal para la espiritualidad y la religiosidad derivado de pacientes con lesiones cerebrales», de Michael Ferguson, Frederic Schaper, Alexander Cohen, Shan Siddiqi, Sarah Merrill, Jared Nielsen, Jordan Grafman, Cosimo Urgesi, Franco Fabbro, Michael Fox ( https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2021.06.016). Aparece como un artículo en Press in Biological Psychiatry , publicado por Elsevier .

Fuente

 

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