6138c7f4ac3fe

El cierre en falso de la investigación sobre la operación 'Kitchen' por parte del juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellóncon el que se exonera al expresidente Mariano Rajoy y a otros cargos del PP del espionaje al extesorero Luis Bárcenas para tapar la corrupción del partido, ha avivado el debate sobre el sesgo ideológico conservador predominante en la carrera judicial española, compuesta de 5.320 jueces y magistrados. También ha contribuido a la polémica la crítica directa del presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Lesmes, a los indultos a los líderes independentistas otorgados por el Gobierno, en una clara intromisión que empaña la imparcialidad de la Justicia.

Aunque no debería notarse a qué partido político vota un juez o una jueza, lo cierto es que acciones como las anteriormente descritas sacan a la superficie ese sesgo conservador que se atribuye a la carrera judicial española desde hace mucho tiempo. "Es una realidad que la mayoría de los jueces son conservadores, al fin y al cabo, protegen el orden establecido --dice el magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín--. En la mayoría de los países tienen los jueces una tendencia conservadora-liberal. Aquí, por lo general, siguen la tendencia mediática predominante en el país; quien se aparta tiene que ser muy valiente". 

Las estadísticas de las asociaciones judiciales son un referente para muchos expertos a la hora de afirmar el carácter conservador de la judicatura. "Sólo una cuarta parte de los afiliados a asociaciones están en la única asociación judicial progresista que existe, Juezas y Jueces para la Democracia (JJpD)", cuenta Fernando de la Fuente Honrubia, viceportavoz de JJpD. Esta organización cuenta con 520 asociados de un total de 5.200 jueces y juezas. De esta cifra total de miembros de la carrera judicial, menos de un 60% pertenece a una de las cuatro asociaciones judiciales.

La mayoritaria y tradicionalmente de carácter conservador es la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), con unos 1.300 asociados en su haber. Le sigue en número de miembros, la Asociación Judicial Francisco de Vitoria (AJFV), con 874. La cuarta asociación es Foro Judicial Independiente (FJI) con unos 300. 

"En los procesos electorales de las salas de gobierno de los TSJ, Audiencia Nacional y Tribunal Supremo, la Asociación Profesional de la Magistratura, la más de derechas, se hace con más del 50% de los votos. Los datos son tozudos y confirman que la mayoría de la carrera judicial es de derechas o muy de derechas", expone Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla y exletrado del Tribunal Constitucional.

Sin embargo, muchos jueces y juezas se revuelven contra el calificativo generalizado de conservadores. "Somos personas normales, cuya misión es aplicar la ley. Personas con vocación que hemos superado a base de mucho estudio unas oposiciones. Luego votaremos a quien nos dé la gana; ya está bien de situarnos en el juego político y de querer pintarnos como una casta endogámica, cuando la realidad es que sólo el 7% de los nuevos jueces en prácticas proceden de familias con jueces", clama María Jesús del Barco, jueza decana de Madrid y miembro de la APM. 

"Es evidente que hay una campaña política y mediática para intentar estigmatizar a los nuevos jueces con la única intención de retratar a toda la carrera judicial como conservadores --sostiene Jorge Fernández Vaquero, portavoz de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria--. Pero nadie hace lo mismo con otras profesiones también muy sensibles, como fiscales, abogados del Estado, inspectores de Hacienda o médicos, cuyas oposiciones son tan duras y costosas como las de los jueces". 

Polémica por el modelo memorístico español

Precisamente, el inicio del camino para llegar a vestir la toga podría influir en el carácter conservador de la judicatura que una mayoría de los ciudadanos encuestados por el CIS en 2011 ya advertían en sus respuestas. "En el proceso de selección para convertirse en juez se va asentando cierto conservadurismo. Cuando logran pasar las oposiciones nace un sentimiento muy fuerte de corporativismo, de pertenencia a una élite. Tienen que pasar cuatro o cinco años encerrados, estudiando ocho o diez horas diarias, sin tener casi contacto con el mundo exterior, memorizando más de 300 temas para luego recitarlos de memoria. Es casi inevitable que se tenga una visión conservadora del mundo", opina Joaquín Urías. 

Este profesor de Derecho Constitucional se declara defensor de la oposición para ser juez, pero cree que se debería disminuir el componente memorístico de la misma para incluir otras destrezas esenciales para la carrera judicial, "como la empatía y la capacidad de resolución de conflictos". No se trata solo de saberse de memoria las leyes, hay que saber interpretarlas según la realidad social. Muchas veces vemos que algunos jueces pasan la ley por su propio tamiz ideológico. Y así asistimos en los últimos tiempos a sentencias aberrantes, sobre todo, en cuanto a la libertad de expresión. Reírse de la muerte de un torero es delito pero reírse de la muerte de un terrorista no es delito, porque según ese juez, se lo merece", comenta Urías.

El magistrado emérito del Supremo Martín Pallín dedica una parte importante de su libro 'Para qué servimos los jueces' (Libros de la Catarata, 2010) a desmontar la utilidad de la oposición memorística española para el acceso a la carrera judicial. "Es un sistema aberrante. Es el único país del mundo que le da la capacidad de juzgar a alguien que ha estado encerrado cuatro o cinco años, sin saber nada del mundo. La labor de juzgar se le encomienda, sin más, a alguien que ha acreditado tener una capacidad de sacrificio y paciencia para embutir una serie de temas jurídicos que tendrá que repetir oralmente. Es como si se le diera el control de un avión a alguien que ha acreditado conocer la ubicación geográfica de todos los aeropuertos, coordenadas, latitudes", dice este jurista. 

En Francia, según expone Martín Pallín, a los aspirantes a juez, entre otras pruebas, se les encomienda desarrollar un tema por escrito. "Ahí se ven muchas cosas: la capacidad de síntesis, de reflexión. Además en Francia, la escuela judicial por excelencia de Europa, prima mucho la capacidad intelectual y los conocimientos sobre cultura de los aspirantes a juez", dice este magistrado emérito. "En Alemania --añade Joaquín Urías-- a los nuevos jueces se les exige haber ejercido antes como abogados. Es una manera de garantizarse una destreza en el mundo judicial y de conocer la pluralidad que les rodea". 

Fuente

 

Suscríbete para recibir las últimas noticias y novedades

Por favor, habilite el javascript para enviar este formulario