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Joe Biden afronta algo más que una oposición radical. El presidente de Estados Unidos encara estos días una revuelta organizada del trumpismo que se despliega a la par en la calle y en los despachos de los republicanos más afines al expresidente.

La rebelión tiene ahora mismo tres frentes de naturaleza y alcance diversos: el rechazo negacionista de las normas de prevención frente a la covid; la anunciada campaña para denunciar “fraude” en la votación de ayer para revocar al gobernador demócrata de California, Gavin Newson, salvo que el republicano Larry Elder gane (se sabrá hoy) y ocasione un terremoto político aún mayor, y, lo que más alarma, la manifestación del próximo sábado ante el Capitolio en apoyo a los detenidos por el asalto a la sede parlamentaria el 6 de enero, la intentona golpista en la que murieron un agente y otras cuatro personas.

La policía del Capitolio trabaja con la posibilidad de que algunos de los cientos de manifestantes que el día 18 se reunirán cerca del edificio vayan armados. Los responsables del cuerpo especial que protege el Congreso basan su hipótesis en las “preocupantes conversaciones” que están monitorizando en las redes, y en hechos como la localización de un tipo más que sospechoso al que los uniformados detuvieron el lunes con una bayoneta, un machete y varios cuchillos en la camioneta que tenía aparcada junto a la sede del Partido Demócrata, cerca del propio Capitolio. El vehículo estaba pintado con una esvástica y símbolos del supremacismo blanco.

El presidente, ante tres desafíos: el rechazo a la vacuna, una protesta de alto riesgo y una posible acusación de fraude

La amenaza de incidentes el sábado viene obviamente atemperada por una consciencia y preparación ante el riesgo de violencia mucho mayores que ante el estallido del 6 de enero, cuya virulencia no se esperaba. Los agentes instalarán antes de la manifestación las vallas que en aquella ocasión montaron después del asalto. “Vamos a proteger el derecho de todos a protestar pacíficamente”, dice el jefe de policía del Capitolio, Tom Manger. Y precisa: “Invito a cualquiera que esté pensando en causar problemas a quedarse en casa. Haremos cumplir la ley y no toleraremos la violencia”.

En el terreno institucional, la rebelión trumpista se centra ahora en las denuncias de “manipulación del voto” que, a imagen de las que el expresidente lanzó y mantiene vivas sobre las presidenciales de noviembre, los republicanos planean para el caso de que los electores llamados a votar ayer sobre el posible desalojo del gobernador Newsom hubieran decidido mantenerlo en el puesto. Biden acudió anteanoche a California para apoyar al Newsom en el cierre de campaña. Y es que para el presidente se trata de una votación crucial cuyo resultado –que se conocerá hoy– “va a resonar en todo el país y en todo el mundo”.

Biden dijo que el más firme aspirante a sustituir al gobernador, el locutor Larry Elder, “es un clon de Trump”. Y recordó las consideraciones de republicano sobre la “inferioridad de las mujeres en economía y política”, así como su negacionismo del cambio climático y su oposición a las exigentes normas de Newsom frente al virus: unas exigencias que de hecho fueron clave para que los trumpistas reunieran el millón y medio de firmas necesarias para iniciar el proceso revocatorio con desenlace en el voto de hoy. Se trata de una especie de moción de censura popular en la que los electores deben responder dos preguntas: ¿Se debe destituir a Newsom? ¿Y de ser así, quién debe reemplazarlo?

El republicano que aspira a reemplazar al gobernador de California eliminaría las normas anticovid

Hay 46 candidatos al puesto y Elder , el mejor colocado, tiene como prioridad eliminar las reglas de uso de mascarillas y la obligación de vacunarse en ciertos casos. Y estamos hablando del principal frente de batalla de Biden contra el trumpismo desde que el jueves pasado, y para reducir la cifra de 80 millones de estadounidenses aún no vacunados, el presidente ordenó inyectarse a decenas millones de funcionarios y trabajadores. Las falsedades sobre la vacuna son un vehículo idóneo para las maniobras de Trump y los suyos. No les importa, clama Biden, “poner en peligro la vida de la gente, la vida de los niños”.

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