Kaos joven

Nuestra casa común, nuestra madre Tierra, sufre, se convulsiona, arroja  fuego, inunda terrenos, desertifica, origina tsunamis, vientos destructores, crea caos. Nuestra casa común, nuestra madre Tierra está envenenada y lucha para purificarse de sus venenos este grandioso ser vivo, y con él nosotros; porque el aire que respiramos todos los seres está contaminado; el agua que apaga nuestra sed está contaminada; la comida de nuestros platos está contaminada. Las grandes empresas, los malos gobernantes y nuestra complicidad consumista como coautores de todo eso nos lleva a cargar con sus consecuencias: pobreza, enfermedades, alteraciones climáticas, catástrofes, migraciones forzadas, y un largo etc.

Infinidad de aberraciones sobre el modo de relacionarnos los humanos con nuestro medio ambiente y con el mundo animal han convertido este Planeta en un inmenso enfermo atacado por innumerables toneladas de basuras mentales, químicas, radioactivas y de otros géneros, confiando en que la buena madre Tierra  todo lo regenera. Y lo hará. De hecho, ya  ha comenzado. Por eso se convulsiona en terremotos; saca de sí su lava purificadora; produce lluvias torrenciales, o seca paisajes. Todo ello tiene consecuencias devastadoras a la que le pusimos un nombre: cambio climático. Pero tiene otro: Apocalipsis mundial. Este ya  está en marcha y lo que estamos viviendo lo expresa perfectamente.

Nunca vimos cosas así, dicen los viejos.

Cambio grande es. La gente más vieja de todas partes no cesa de repetir que no recuerda fenómenos semejantes, ni sus antepasados han dejado constancia de que existieran tales extremos dramáticos. Eso no quiere decir que la Tierra sea de por sí  algo tranquilo y  estable. La Tierra, como ser vivo, es dinámica y ha cambiado varias veces  la disposición de sus polos, tierras, mares y desiertos,  con efectos dramáticos sobre las especies vivas, que han tenido que soportar cinco grandes extinciones masivas, por causas naturales, antes de hoy. Pero ahora es distinto. Estamos abocados a la sexta gran extinción, y esta es distinta. Lo que la hace distinta es la intervención humana en este caso y nuestra interferencia en el proceso evolutivo de la Tierra, que le obliga a defenderse de nosotros del modo que vemos. Y es una lucha desigual, en la que solo puede haber un perdedor: este mundo que hemos puesto sobre el Planeta  y muchos seres de este mundo, humanos incluidos, pero no el Planeta mismo. Este seguirá  su curso como si nada en cuanto se haya sacudido de encima  muchos  de sus molestos huéspedes.

Así que tienen razón los millones de jóvenes del mundo por manifestarse y reclamar su derecho a una vida sana en un planeta saludable porque si esperamos algo de las cumbres climáticas solo nos encontraremos con cumbres borrascosas.

Progreso, bienestar y otras trampas para incautos

Progreso y bienestar vienen siendo el deseo y el aliciente general de esta civilización. Para satisfacer estos deseos el género humano no ha vacilado en dañar  a la Naturaleza y al mundo animal sin caer en la cuenta de que al final recibe lo mismo que provoca. Tomemos por ejemplo  el consumo de carne. Por desgracia, el comer carne se ha asociado  con nivel de bienestar. A medida que un país eleva su nivel de vida, eleva su nivel de consumo de carne de animales de tierra y de mar. Más de cincuenta mil millones de animales terrestres y  más de  diez mil millones de otras especies son sacrificados anualmente para alimentarnos. Y  esto tiene un coste tremendo para la Tierra y para nosotros mismos, para el conjunto de los seres humanos. Fíjese en este dato: para producir un solo  kilo de carne son necesarios cuarenta mil litros de agua. Ha leído bien: 40 mil. ¿Es esto sostenible para el Planeta y para nosotros? Es sostenible, y mucho, para la poderosa industria cárnica, pero no para el Planeta, no para nosotros, y es letal para los animales que serán sacrificados al dios paladar.

La gran contaminadora y sus aliados

La ganadería extensiva, con sus emanaciones de metano, contamina más la atmósfera que todos los transportes terrestres y aéreos juntos. Esto no es publicitado por los medios de comunicación,  empeñados en poner su lupa en el gasoil de los automóviles  como el malo de la temporada. Y sin embargo, se olvidan  del que usan infinidad de barcos que funcionan con gasoil y transportan crudo que termina en los mares en forma de chapapote. ¿ Por qué se pone el foco en los automóviles y no en esos otros  grandes contaminadores mencionados?…¿ A quiénes y a qué tipo de empresas e industrias  les interesa ese silencio? No es preciso pensar mucho para hallar la respuesta.

Tampoco se dice que los bosques, que fabrican nuestro oxígeno, se talan para terrenos de cultivo del cereal que alimentará al ganado y de soja  para consumo humano, a menudo expulsando o matando a los- para los explotadores- molestos pobladores indígenas centenarios. Esto, que son  crímenes de la peor especie, tampoco es  sostenible, pero ¿ quién tiene interés en la vida de los árboles o de los  habitantes indefensos de los bosques?… No las empresas destructoras del ambiente, ni  los expropiadores, ni los  especuladores  con los precios de los cereales, ni tampoco a los dueños de las grandes granjas ni de las grandes industrias cárnicas. Vale, pero  en respirar, ¿quién tiene interés? Ah, esto ya es otra cosa. Les contaré que  el contenido de oxígeno por centímetro cúbico de aire es más pobre que hace cincuenta años y   disminuye a medida que los bosques se talan, así que cada árbol cuenta y tenemos motivos para estar preocupado ¿ no les parece? Cada vez menos oxígeno. Y esperen…¿saben lo que ocurrirá si los polos pierden su capa de hielo? Que se vertirá a la atmósfera una cantidad ingente del metano oculto bajo el hielo. No pretendo asustar a nadie, sino dar  información lo más objetiva posible.

Entre tanto, los terrenos que se cultivan para cereal ganadero se restan de los que se cultivan para alimentación humana, porque resultan más rentables para las empresas cerealistas y especuladores del sector. A ellos les va bien, pero a nadie más, incluidos, por supuesto, los animales.  Esto también tiene consecuencias: más hambre y pobreza para muchos.

Podríamos extendernos aún poniendo nuestra lupa sobre los mares. Y encontraríamos en ellos una profunda desolación: la extinción segura  de la vida animal – debido a la pesca industrial a gran escala  -la muerte de los bosques de coral debido a la  enorme contaminación de las aguas por los vertidos industriales, por los derrames petroleros, por la radioactividad de los contenedores de desechos radioactivos  abiertos sobre el lecho marino  y por los residuos de las nucleares con accidentes como el de Fukushima, que a partir de 2023 comenzará a verter al Oceano las aguas residuales de la central nuclear.   Y luego están las gigantescas cantidades de plásticos y desechos de toda clase de objetos que han convertido los mares en enormes estercoleros habitados por criaturas  contaminadas que comen plástico y basuras que luego van a parar a las mesas de blanco mantel y al estómago de los consumidores, cerrando así el ciclo.

Es preciso repetir una vez más:  todo lo que vertimos en los mares  del mundo  lo tragan los peces que luego van a las cocinas de nuestras casas . Y es bueno recordar en este punto que el mercurio que almacenan especies tan populares como el atún  no se elimina de nuestros organismos, o que los residuos nucleares permanecen activos cientos de miles de años en la Tierra, ¿ Y qué ocurre en nuestros cuerpos con esas dosis mínimas  que recibimos vía pescados de zonas contaminadas?

Pagamos un alto precio por la economía destructora, la alimentación insana y la  energía  contaminante y además estamos amenazados de un Chernóbil cualquiera en cualquier parte,  como  ya se  ha experimentado en Rusia y en Japón, con los precedentes terribles de Hiroshima  y Nagasaki.

Así que tienen razón los millones de jóvenes del mundo por manifestarse cada viernes y reclamar su derecho a una vida sana en un planeta saludable.

 

En peligro

Podríamos concluir que estamos en peligro, que la Tierra- sublevada ya-  está en nuestra contra y que nosotros  estamos contra ella enfrascados en una guerra que perderemos. Pero además podríamos señalar  a  los  mayores responsables de ese peligroso duelo: los grandes  especuladores y las grandes multinacionales y sus  peligrosas e insostenibles  industrias químicas, radioactivas, medioambientales, y en especial la cárnica con todos sus efectos sobre el  Planeta.

También nosotros individualmente, aunque sea en menor medida a nivel personal, tenemos la opción de evitar lo que podamos intentando ser respetuosos con los recursos naturales y con los animales y comer  lo que nos proporciona la Tierra lo menos contaminado posible, mientras que a la vez es vital  un cambio de conciencia global que tome en serio la economía circular, olvide la alimentación antinatural y animal  y elimine los lastres de la economía  insostenible y venenosa.

Es difícil no darse cuenta de que nos hallamos en un momento decisivo de nuestra existencia como especie,  y que la opción vegetariana, vegana y ecológica no es que sea una opción entre otras: es que ya es la única que nos queda si  queremos seguir viviendo como especie antes que el Planeta nos lo impida con sus propias medidas ya en marcha y en nuestra contra. ¿ Tomaremos medidas personales y colectivas, o sencillamente nos abandonaremos, desesperanzados, a esta caída libre hacia el desastre?

Así que tienen razón los millones de jóvenes del mundo por manifestarse cada viernes y reclamar su derecho a una vida sana en un planeta saludable.  .

Animo a los jóvenes  a mantener la presión, y a hacerla crecer tanto que resulte imposible mantener este sistema de vida insano y amenazante para las siguientes generaciones y para la vida toda en este hermoso Planeta que no merece semejante asedio. ¿Acaso no nos da todo cuanto necesitamos para vivir en este mundo? “No muerdas la mano que te da de comer”. No seamos tan tontos.

Fuente

 

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