¿Qué factores llevaron a obtener unos resultados tan contundentes para Gabriel Boric? Se pronosticaba su victoria, pero siempre se dijo que sería muy ajustada. Fueron 11 puntos de diferencia.

Nos sorprendieron varias cosas. La primera, la cantidad de gente que salió a votar, que fue más que en el plebiscito [de octubre 2020], la vez que más gente votó desde que tenemos voto voluntario; también la gran cantidad de voto de gente joven y, en concreto, de mujeres jóvenes. El voto de las mujeres en Chile era un voto más conservador y, normalmente, también votaban más por hombres que por mujeres. Eso ha ido cambiando con los años. Los últimos cinco días antes de la elección, las encuestas empezaron a mostrar un desacople entre la candidatura de Gabriel Boric y José Antonio Kast, que se veían muy ajustadas. Eso, dicen los expertos, suele pasar cuando hay solo dos candidaturas y se comienza a oler que hay un ganador. Ahí la gente indecisa se empieza a decantar por el ganador y llega el desacople.

En las elecciones legislativas de 2017, el Frente Amplio irrumpió en el Congreso con 20 diputados y se consolidó como bloque. Solo cuatro años después ha llegado a la presidencia. ¿Qué ha pasado en este tiempo para lograr un ascenso tan rápido de la coalición?

Beatriz Sánchez: "Sentí que, por primera vez, se ponía una grieta al modelo neoliberal"

Quizás hay una lectura ahora y en 10 años más tendremos otra un poco más maciza porque esto hay que verlo con un poco de distancia. El FA nace en una coyuntura de cambios. Surgió con fuerza después de la movilización estudiantil de 2011, cuando la situación en Chile estaba empezando a crujir. Muchos de sus liderazgos provienen de ahí. No fue solo una movilización para la educación. Me tocó cubrirlo como periodista y sentí que, por primera vez, se ponía una grieta al modelo neoliberal. Al reclamar educación pública, gratuita y de calidad, los líderes estudiantiles inocularon una idea que antes no estaba en la sociedad chilena de preguntarse por qué la educación, incluso la pública, hay que pagarla. Pusieron temas en la mesa como nunca antes se habían puesto. Ahí se abrió un cuestionamiento que, de alguna manera, aprovechó el segundo gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018), pero con todo el descalabro que significó para ella porque hubo una reticencia interna a los cambios más profundos. Entonces, desde la rabia y la insatisfacción de que la institucionalidad no diera una respuesta surgió el FA. Se generó un cruce entre lo que pasaba institucionalmente, la grieta que se genera en el sistema neoliberal subsidiario y una generación que emerge con estas banderas y con liderazgos excepcionales como Gabriel Boric, Giorgio Jackson Camila Vallejo. Eso no queda como un pensamiento de nicho, sino que se convierte en el pensamiento general, de que hay algo que va mal en la política, que no es capaz de llevar a la institucionalidad estos cambios. Después vino el trabajo y la perseverancia de mantener el FA, todo lo que se ha intentado en estos 4 años, con todas las crisis y tensiones. Pero ahora se ha cosechado lo que se sembró en 2017.

En 2017 cuando fue candidata se quedó a las puertas de una segunda vuelta. ¿La fórmula para el éxito tenía que ser primero irrumpir en el Congreso, para luego llegar a La Moneda?

Nada fue tan planificado. Hubo mucha discusión al interior del FA. Se debatía si el movimiento iba a ser partido o se quedaba como movimiento; si se disputaban las parlamentarias o quedábamos en los movimientos sociales e íbamos por los municipios. Siempre hubo mucha tensión respecto a qué se fortalecía primero. Pero creo que fue acertado como ocurrió. Fue una apuesta arriesgada, pero acertada. Quienes habían sido dirigentes estudiantiles –Boric y Jackson– ya estaban en el Parlamento y habían pasado 4 años muy solos ahí, sosteniendo todo. Tenían una exposición mediática muy fuerte, siempre nadando contra la corriente en todos los sentidos: de imagen, de palabra, de reflexiones y, además, en votaciones. Una vez Giorgio me dijo por favor necesitamos que lleguen más parlamentarios porque no podemos aguantar 4 años más solos los dos.

¿Qué lectura hay que darle al hecho de que las fuerzas tradicionales hayan quedado afuera?

Aunque la elección de Gabriel Boric es muy decidora, hay otro factor que marca ese cambio de ciclo o de era, y es que estamos en medio de un proceso constituyente. Hay una perspectiva histórica que vincula muy fuertemente esta elección con el proceso constituyente. La figura de Gabriel Boric es la que permitió que estemos en este proceso (como firmante del acuerdo por una nueva Constitución el 15 de noviembre de 2019, en pleno estallido social, a pesar del rechazo de las bases de su partido). Si bien desde que pasamos a la etapa post dictadura se ha declarado el fin a la transición, creo que es ahora que terminamos con todos los tentáculos que quedaban de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Eso marca un cambio de época. Ponerle fin a la dictadura tiene que ver no solo con que saliera del poder o que ya no estuviera como senador designado, sino también con cerrar una época larga de influencia. Todavía estábamos bajo la Constitución de 1980. No se puede dejar de analizar la dictadura sin lo que la dictadura le provocó a este país, y no me refiero a lo más brutal –los detenidos, desaparecidos y violaciones a los derechos humanos–, sino que la otra violación a los derechos humanos: este sistema neoliberal subsidiario que tiene a este país dividido entre pobres y ricos. Quedó muy desnudo que todavía estamos bajo la influencia de Pinochet porque vivimos en un modelo que era parte de los objetivos de la dictadura. Que hoy le pongamos fin a la Constitución de Pinochet marca este fin de era. Y esta elección por primera vez deja afuera a los dos conglomerados –derecha y centro-izquierda– que estuvieron siempre en el Chile anterior.

Se especula mucho sobre si el Gabriel Boric presidente tendrá el tono de la primera vuelta o más bien adoptará la moderación del balotaje. De ser la segunda opción, ¿hay riesgo de frustrar de nuevo las expectativas de la gente y repetir la historia del final de la dictadura, cuando la ciudadanía depositó mucha confianza en unos cambios que para la mayoría nunca llegaron?

Estos procesos se tienen que enfrentar de manera muy humilde y con los pies en la tierra. El presidente electo es el mismo de la primaria, de la primera vuelta y de la segunda, pero se va hablando a públicos diferentes según la etapa en la que uno está, considerando que son meses largos de sostener la candidatura. Hay un esfuerzo de los sectores conservadores de tirar el candidato hacia su propio lado, pero es la misma persona con el mismo programa de transformaciones. Siempre se ha metido mucho miedo diciendo que el Frente Amplio es la extrema izquierda, pero el FA y el programa frenteamplista son como una socialdemocracia para los países europeos. Lo que se está planteando en Chile no es la extrema izquierda. Las declaraciones del presidente electo muestran que tiene los pies en la tierra en el sentido de ir avanzando en un país que va a enfrentar muchos problemas económicos por la pandemia porque venimos de un estallido social y de desconfianza. El presidente electo ha dicho que el tiempo puede ser más lento, pero la dirección es firme. Hay un horizonte de transformaciones planteadas desde el inicio del FA, venimos construyendo esto desde hace tiempo y es lo que ofrecemos como horizonte de llegada. El presidente electo puso énfasis en que estos cambios no llegarán de sopetón, esto no es de un día para otro, como ocurrió en dictadura, y eso es lo que el presidente electo logró comunicar en la segunda vuelta. No se cambia la propuesta de país, sino cómo lo vamos haciendo para que nadie sufra con los cambios.

¿Cómo interpreta que el segundo día de ser presidente electo, Gabriel Boric visitara a la Convención Constitucional?

Fue muy bien recibido por todos y todas las convencionales. Fue algo que siempre dijo en campaña y que, a diferencia de su oponente, él sí confiaba en el proceso, él sí iba a apoyar a la Convención. Ha dicho que espera ser un presidente que salga de la presidencia con menos poder del que llegó, a propósito de los cambios que puede definir la Convención Constitucional respecto al hiperpresidencialismo que tenemos.

¿Se puede dar una situación de desacuerdo entre el futuro gobierno y los convencionales de izquierda y del propio FA si, por ejemplo, por la falta de mayoría en el Congreso el gobierno se tuviera que resignar y debiera adaptar algunos de sus proyectos?

Podría pasar, pero el presidente electo ha dicho que no tiene ningún interés en persuadir, pautear o dirigir la discusión de la Convención. También, por responsabilidad de lo que estamos haciendo, ambos tienen que ir por carriles separados. La responsabilidad de escribir una nueva Constitución es mucho más grande que un gobierno en particular. Yo apoyo al gobierno electo y soy frenteamplista, pero lo que estamos haciendo en la Convención es buscar un equilibrio distinto de poder que Chile necesitaba y eso es mucho más grande que un momento específico. Creo que va a haber muy buena comunicación y que va a respetar la autonomía de la Convención en todo momento.

El próximo 4 de enero se cambia la Mesa de la Convención y usted ha presentado una candidatura para disputar la presidencia. ¿Qué la llevó a postularse luego de que había trascendido que una parte del FA prefería dejar espacio a otras fuerzas para no concentrar tanto poder?

No fue una decisión mía de decir voy a postular a la Mesa. Fue un debate que iniciamos en el FA para analizar la etapa que viene, después de terminar la instalación y echar a andar la Convención. Entendemos que entramos en una etapa de salir a contar y a disputar el relato de la Convención hacia fuera. Lo segundo es mejorar la comunicación interna para llegar a los plazos, para cumplir las metas y los tiempos. Dijimos que queremos estar ahí, porque además el liderazgo es compartido, hay una presidencia y una vicepresidencia. Nos preguntamos quién es la mejor persona, surgieron nombres y varios de mis compañeros y compañeras me dijeron que yo podría ocupar ese rol. Nunca estuvo como una cuestión decidida en el FA que se anunciara que no íbamos a disputar este espacio, lo que hicimos fue abrir una conversación respecto al momento que se iba a vivir. Tal y como en la primera etapa consideramos que teníamos a Jaime Bassa (actual vicepresidente e integrante del FA) para contribuir con la instalación del proceso, nos preguntamos si teníamos lo que se necesita para esta segunda etapa y llegamos a esta conclusión.

Hay varios grupos de izquierda y centro-izquierda (Partido Socialista, Partido comunista, Independientes e integrantes de Pueblos Originarios) que han levantado sus propias candidaturas ¿Quiénes espera que apoyen su candidatura?

No estoy participando de las negociaciones, pero estamos conversando con todas y con todos.