VEN, MIGUEL

Han llamado a la puerta, y no, no era Miguel

tampoco esta vez. ¿Por qué no viene, por qué

es imposible que venga? Le estoy esperando siempre

para hablar como tan sólo podría hablar con él.

¡Le necesito tanto! Porque él resolvería

con un solo zarpazo lo que no logro entender.

Han cambiado los tiempos, ¡vaya si lo sé!,

y ahora está tan de moda jugar al ajedrez

que añoro aquella furia solar y aquel tajante

distinguir al ibero toro del manso buey.

Barajo y más barajo sus versos abrasados

mas su verdad radiante despierta aún más mi sed

de tenerle aquí al lado, para luchar, y ser.

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