¿QUE PUEDE UNO?

No cumplí cuanto debía.

Me arrepiento.

Es difícil olvidar, no quién es uno,

sino andar sin epicentro. Yo recuerdo...

¡Ay, todos recordamos y creemos

que un momento feliz puede salvarnos!

No, nunca se dirá cuán poco importa

el caso personal, el yo transeúnte

si es que amamos.

Hablo de Asturias, hablo de unos hombres

furiosos y amorosos,

y, humilde, les invoco porque creo:

Creo en la dignidad y en el trabajo;

creo en el hombre alzado;

creo en lo insuficiente disparado

con honor y dolor

hasta el hecho bien parado y, fiel, clavado.

No cumplí lo que debía. No he cumplido.

Pero en los años terribles del silencio,

yo hablaba.

¿Y quién hablaba entonces?

Dada miedo.

Yo hablaba, sin embargo.

Daba, miedo.

Antes de lo posible y lo imposible,

mucho antes de esta Asturias, yo hablaba,

cuando el verso nada significaba

y sin embargo, anunciaba,

y el corazón, el ser, esto que estamos viendo

y nos rompe, luchaba ya, exigiendo

algo contra el estúpido silencio.

Yo hablaba.

Perdonadme si ahora me faltan ya palabras.

Porque estoy con vosotros

y aunque un poco roto, más que viejo, furioso.

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