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Los sindicatos habían ganado la batalla mediática. Perdieron la batalla de las urnas. Los trabajadores del depósito de Amazon en Bessemer, un pueblo pobre al sur de la antigua ciudad minera de Birmingham, en Alabama, votaron en contra de la sindicalización de su sitio por más del doble de votos.

Según la cadena CNBC, de los 3.215 votos emitidos, 1.798 fueron contra la formación del sindicato y 738 a favor. El voto en contra representa más que la mayoría requerida de 1.608, mientras que la diferencia entre el «no» y el «sí» es mayor que las aproximadamente 500 papeletas impugnadas, que, por esa razón, probablemente no se contabilizarán.

La Junta Nacional de Relaciones del Trabajo [NLRB por sus siglas en inglés] el organismo federal que organiza la votación y el conteo de votos, aún no había declarado un ganador oficial al mediodía del viernes, hora local. Se espera que el caso continúe en los tribunales. Está en juego el derecho a votar o no concedido a los empleados que dejaron la empresa, así como el cuestionamiento tardío de una urna instalada en el parking de Amazon, oculta por una carpa, donde los empleados podían depositar los sobres con sus votos.

Una consulta altamente politizada

Como quiera que sea, la derrota es enorme en esta consulta tan politizada. Hay varias explicaciones: en primer lugar, los empleados votan por sus intereses directos y es evidente que no hubo «convergencia de luchas» entre las reivindicaciones salariales y el movimiento antirracista Black Lives Matter, en una fábrica donde casi el 80% de los empleados son afroamericanos. Amazon paga un salario por hora de más de 15 dólares (12,60 euros) la hora, lo que es más del doble del salario mínimo, de sólo 7,25 dólares en Alabama.

En segundo lugar, la empresa propone un gran número de planes de seguro médico, que cubren a los empleados desde el primer día, lo que resulta decisivo en este sur pobre en tiempos de Covid. Muchas de las empleadas son mujeres afroamericanas, y quizás también querían cubrir los ingresos de sus familias, sobre todo porque nadie podía descartar la posibilidad de que Amazon cerrara el gigantesco depósito, en el que trabajan unas 5.600 personas.

En Estados Unidos, todos recuerdan que, a principios de 2019, la firma de Jeff Bezos abandonó la idea de instalar su segunda sede en el barrio obrero de Queens, en Nueva York, cuando los representantes locales, entre ellos el alcalde demócrata de Nueva York, Bill de Blasio, y la musa de la izquierda estadounidense, Alexandria Ocasio-Cortez, comenzaron a exigir que se permitiera la sindicalización de los trabajadores del sitio. «No quiero que esto acabe como en Florida, donde cerraron tres fábricas de cerveza después de que los sindicatos fueran autorizados», nos dijo en marzo la empleada Sandra McDonald en el parking de Amazon.

Una campaña agresiva

La empresa llevó adelante una campaña agresiva contra la sindicalización del sitio de Alabama, que habría sido, para Amazon, la primera en el territorio de los Estados Unidos: a través de las redes sociales, Amazon le preguntó a sus empleados qué interés tenían en gastar 500 dólares de cotización por año. La empresa de Jeff Bezos también supo aprovechar los escándalos de corrupción que han salpicado en los dos últimos años a los sindicatos de la industria automotriz en Detroit (Michigan).

La brecha entre el sentimiento sobre el terreno y la batalla mediática era notable. El Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes (RWDSU) había orquestado una batalla mediática muy eficaz. Para ello, contó con el apoyo del presidente Joe Biden, el que pidió en un discurso especial que se respetara el derecho de los trabajadores a organizarse y con el apoyo -demasiado tardío para poder influir- del senador progresista de Vermont, Bernie Sanders, que vino a Bessemer el día antes del cierre de la votación, de una votación que sólo se efectuó por correo y que duró varias semanas.}

Hubo algo preocupante en esta campaña, en la que el sindicato sólo pudo contar con unos pocos empleados de Amazon, entre ellos el afroamericano Darryl Richardson. Pero también hubo pocos miembros del sindicato, uno de los cuales, Michael Foster, trabaja en un matadero de pollos y fue el líder del movimiento de organización. Los dos hombres realizaron un sinnúmero de entrevistas y de fotos para los periodistas, tanto estadounidenses como extranjeros, que fueron a Alabama.

Batalla jurídica

A la salida del gigantesco depósito de Amazon, las respuestas eran mucho más heterogéneas. Los trabajadores blancos se mostraban claramente en contra de la sindicalización y los afroamericanos, que constituyen más de tres cuartas partes de la mano de obra, permanecían callados. Fue difícil ir más lejos, ya que la seguridad de Amazon desalojó cortésmente a los periodistas del estacionamiento pocos minutos después de su llegada. Sin embargo, hubo un momento favorable para los sindicatos, que, antes de Navidad, habían conseguido un 30% de firmas en una petición para exigir una votación sobre la sindicalización, tal y como lo exige la ley federal estadounidense. [Véase “Alabama – Los trabajadores de Amazon esperan poder organizar el primer sindicato”)

El resultado es una victoria para Amazon, el segundo empleador del país después de Walmart, con 950.000 empleados, que sigue siendo una empresa sin sindicato. Es otra derrota para las empresas del sector digital, donde las organizaciones sindicales tienen muchas dificultades para implantarse. La votación también supone una nueva derrota para los sindicatos del Sur profundo estadounidense, donde las consultas producen inexorablemente el mismo resultado, tras los fracasos para organizar a los trabajadores en Boeing, Mercedes Benz, Volkswagen o Nissan. Por último, esta votación constituye un fracaso para Joe Biden, que se proclama como el presidente más «pro-sindical» que ha tenido Estados Unidos.

La batalla legal a los tribunales: «No dejaremos que las mentiras, los engaños y las actividades ilegales de Amazon queden sin respuesta, por lo que presentamos formalmente una denuncia contra todas las acciones flagrantes y manifiestamente ilegales llevadas a cabo por [el grupo] durante la votación por el sindicato», declaró a The Wall Street Journal.

A mediados de marzo, Appelbaum se mostraba sumamente prudente sobre el resultado de la votación. Estaba preparando a la gente para una derrota, explicando que pasara lo que pasara, el sindicato ya había ganado, demostrando que era posible desafiar a Amazon. Pero el tamaño de la brecha muestra que el camino hacia la sindicalización será largo.

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