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Una de cal, y otra de arena. El mismo día en que la Conferencia Episcopal anunciaba, a bombo y platillo, un espectacular incremento en la recaudación que recibe a través de la polémica casilla de la Declaración de la Renta (301,07 millones de euros), en un pequeño rincón de su web, y después de que varios medios lo solicitaran, también ofrecía el que es el peor dato de la historia en cuanto a vocaciones religiosas en España.

Según las cifras del curso 2019-20, en España hay 1.128 seminaristas, lo que supone que, desde comienzos de siglo, la Iglesia española ha perdido más de un tercio de aspirantes a sacerdote. Muy lejos quedan las cifras de los años sesenta, en pleno apogeo del franquismo, donde los estudiantes en los seminarios españoles se contaban por miles. Las últimas cifras que se pueden consultar en la web de la Conferencia Episcopal datan del curso 2001-2002, cuando los seminaristas españoles alcanzaban 1.736. Y eso que, entonces, ya se pudo sentir el descenso, mitigado unos años después por la última visita de Juan Pablo II. Después, caída libre.

Por el momento, solo se conoce el dato, pues por primera vez en mucho tiempo, la Conferencia Episcopal no ha separado las cifras por diócesis, ni señalado los abandonos de seminaristas. Apenas tres cifras: 1128 seminaristas, 208 ingresos nuevos y 124 ordenaciones.

Un modelo ultraconservador

Y las expectativas no invitan precisamente al optimismo. Fuentes episcopales consultadas por elDiario.es aseguran que durante el presente curso, marcado por la pandemia y las dificultades en la formación, la cifra de seminaristas españoles podría descender, por primera vez en la historia, por debajo del millar.

Y eso contando los Seminarios Redemptoris Mater, del Camino Neocatecumenal (popularmente conocido como los ‘Kikos’), que actualmente suma al menos una quinta parte de todas las vocaciones al sacerdocio en nuestro país, con 225 seminaristas en la decena de centros que compiten, en algunas diócesis, con los seminarios diocesanos. Una muestra más del modelo de sacerdote que suele salir de los centros de formación de nuestro país.

La crisis de vocaciones fue uno de los temas que se abordaron en la pasada Comisión Permanente de la CEE, donde los obispos conocieron de primera mano los nuevos (y preocupantes) datos. Así, el Episcopado ha puesto en marcha el Plan de formación sacerdotal Formar pastores misioneros, con el que la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios quiere hacer una profunda renovación formativa en los seminarios.

¿Soluciones? No aparecen a la vista (ni siquiera se plantean un debate sobre, por ejemplo, los curas casados, y menos el acceso de la mujer al sacerdocio), aunque algunos obispos confían en que, tras la pandemia, se produzca una vuelta de la población a la religiosidad, y puedan volver a surgir nuevas vocaciones.

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