Recordar que la calle de la libertad es dura de transitar y no cuenta con veredas ni atajos paralelos, sí con muchas turbas desbocadas. Aprender a reconocer a tientas nuestra casa, a gatas, entre el sudor de la venganza y el humo de la sangre, cabalgando sobre luz. Reconocer la muerte como ecléctica, pluralista, social, distributiva, insobornable, a menos que a alguien se le ocurra privatizarla.

Estar siempre dispuestos a defender la esperanza con la rabia y la ternura de las armas, entre el eco de las calles y los faros de los dioses. Soldar al pueblo dividido, elevando los principios del martirio, los chispazos del encuentro de la muerte con la vida. Cruzar apuestas sobre las cenizas que seremos, reivindicando lo que aún nos pertenece, saludando a quienes recuerden que nos vamos pudriendo de impotencia.

Recordar que mientras haya pobres y ricos, gobernantes y gobernados, no habrá paz; sino desigualdad, miseria, descontento y guerra; hambre, ultrajes, prisión y mortandad. Optar por la violencia, si fuere necesario, como la negra luz que nos alumbra. Reconocerla como la mejor y más necesaria posibilidad de humanizar al hombre. Usar la violencia, demoníaca o divina, cuando ésta sea la forma de salvar tu vida, la de tu hermano o la de tu pueblo, como prueba de tu existencia o sobrevivencia.

Comprender que el mejor arte que hemos de aprender hoy sobre la tierra es el arte de saber morir de pie. Infringir los Mandamientos de la Ley de Dios o los Mandamientos de los Hombres que creas necesario transgredir, violar o quebrantar.

Contar con la existencia de una situación socioeconómica clara y altamente crítica. Corroborar y promover suficientemente una profunda y radical desconfianza en las instituciones. Disponer de un Ejército que se considere a sí mismo como Estado. Consolidar un decisivo apoyo popular.

Asegurarse el consenso o la neutralidad de la potencia extranjera dominante. Asumir el control de las unidades operativas de las distintas Armas que integran las Fuerzas Armadas Nacionales y de los organismos que tienen el control territorial de los centros de gobierno.

Proceder a la toma inmediata de los principales medios de comunicación. Tomar rápidamente el control de las principales vías de comunicación (calles, puertos y aeropuertos) conectadas con la capital y los centros de poder. Neutralizar inmediatamente todas las instancias y fuerzas contrarias al proyecto. Garantizar la tranquilidad de la vida civil, al menos en la Capital.

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