En ocasión del Día Mundial de la Libertad de Prensa

Si bien la radio anuncia y la televisión muestra, el periódico explica, es más confirmación o desmentida que anuncio, llega a ser información profundizada, interpretación y comentario, filosofía de la crónica local o mundial; asume su rol de servicio a la colectividad en la medida en que obtiene credibilidad de parte del público no sólo por la exactitud de las noticias, sino por la capacidad de hacerse portador o intérprete de los intereses del público, es decir, descubridor y promotor de los valores ciudadanos. Entretanto el Artículo de Opinión, presencia continuada en la formación de una idea o conformación de la opinión sobre un tema de relevancia y actualidad para nuestra comunidad, ha de resaltar la necesidad de la participación ciudadana, la solidaridad y el liderazgo adecuado, imprescindibles ante la realidad del país; ocuparse de los problemas sociales y de sus ambivalentes valores y comportamientos en función de una auténtica construcción nacional.  El columnista sabrá a qué atenerse con relación a las funciones fundamentales de la comunicación intelectual de informar, distraer o expresar y cristalizar las opiniones, más aún cuando se sabe que estas funciones tienden a conservar el consenso al sistema de valores dominantes. El Artículo de Opinión, en suma, ha de velar por el cúmulo de informaciones en el contexto racional y sobre todo emotivo, puesto que el público lector encarna sus sueños en el papel estampado, hasta llegar a esperar la opinión de “su” columna o columnista para verificar, constatar o explicarse uno y otro hecho de la vida diaria local o mundial. El columnista, así el periodista, ha de formular el retrato y la interpretación de la vida humana en cada uno de sus aspectos. Debe ser breve, simple y claro, lejos de virtuosismos lingüísticos. Claridad a la altura de una justa medida en el lenguaje usado dada la amplia gama de lectores. Se debe escribir como si se estuviese dirigiendo a personas inteligentes, puesto que la masa es más inteligente de cuanto se cree. Beaverbrook aconseja tener como lema el Versículo 8 del Capítulo 21 de Isaías: “En lo alto de la torre, en atalaya, estoy de pie, sin cesar todo el día, y en mi puesto de guardia permanezco alerta toda la noche”. Ojalá que en medio de las tempestades, de los huracanes desencadenados, de la angustia y el espanto cotidiano de nuestro pueblo, amenazado, pisoteado, asediado, siempre haya un centinela, uno en atalaya, para que comunique lo que vea en “viaje al amanecer”: caballos, tropas de caballería, invasores, marines, misiles, soldados mercenarios o corruptos desalmados de regreso. Sólo, entonces, el Artículo de Opinión, en cuanto periodismo  en sí, será “un espacio de resonancia”, un coautor del período histórico en el que le correspondió vivir. Parte de ese periodismo que constituye una ciencia que trata de algo falso en la medida que es real.

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