A la luz del ideario de José Martí y de Simón Bolívar gobernar quiere decir crear. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país. Crear es la palabra de pase de una generación. La salvación está en crear. Para eso el genio: para vencer la fuerza con la habilidad. Leer para aplicar, pero no para copiar. La libertad, para ser viable, tiene que ser sincera; si la República no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la República. Vivir republicanamente la República. Barrer ruinas y echar sobre ellas los cimientos de una nacionalidad viva y gloriosa. En los Gobiernos no hay otro partido que someterse a lo que quieren los más. La primera de todas las fuerzas es la opinión pública. Nada se hace cuando aún falta algo que hacer. Inquirir la manera de hacer prácticas las abstracciones útiles, sin estorbar al país. No aplicar teorías ajenas, sino descubrir las propias. Injertar a nuestra República el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestra República. Estrategia es política. El problema de la independencia no es el cambio de formas, sino el cambio de espíritu. Tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él; dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor; si no, lo peor prevalece. Ser hombre de todos los tiempos, ser un hombre de su tiempo, es el primer deber de un hombre de estos días. Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, este Estado no debería subsistir, y al fin no existiría. Meterse la Vida de Bolívar en el bolsillo en que se lleva 50 cápsulas. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabecera, sino con las armas de almohada: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. Pensar es servir. Servir es gobernar. Gobernar es crear. Encender el entusiasmo por todo lo noble, admirar y hacer admirar todo lo grande. Tan necesario es cuidar de crear, por decirlo así, el espíritu público, que sin su auxilio la fuerza física apenas produce un efecto muy precario. El modo de gobernar bien es el de emplear hombres honrados, aunque sean enemigos. Para que un pueblo sea libre debe tener un gobierno fuerte, que posea medios suficientes para librarlo de la anarquía. Si hay alguna violencia justa, es aquella que se emplea en hacer a los hombres buenos, y por consiguiente felices; y no hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionarle su suerte. La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ellas se sostienen la Igualdad y la Libertad. Gobernar es hacer triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad. Es hacer reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Es llegar a tener una sociedad en la que Ciencia y Amor, Saber y Bondad, vayan juntos, para bien de todos, para el bien de la humanidad. El honor es el mejor guía del laberinto de las revoluciones. Para juzgar de las revoluciones y de sus actores, es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos de muy lejos.

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