La poesía existe. Tal vez no sepamos entenderla, tal vez la vida que llevamos no nos deje sentirla, tal vez la vivamos sin darnos cuenta o dándonos cuenta, tal vez, tal vez. La poesía existe así como existe la violencia, lo mismo que existe el amor. Vivimos entre años-oscuridad y años luz y sin embargo la poesía existe y un día tendremos que comprenderla, tal vez, tal vez.  (Neftalí Beltrán).

            Desciende por favor  a sus entrañas. Verás que el corazón de los poetas es un injerto de desierto y luna. Amigo de la sombra y sus caudales, de la sombra difusa de la muerte, de las maneras de morir al día. Revelarás el triunfo del poeta: saberse polvo, polvo enamorado, velando a pensamiento desatados.  Vive fuera de sí  o muy adentro. Sabe el tamaño exacto de la pena. Conoce el lado oscuro de la rosa y la terrible majestad del pan. De lumbre en lumbre, en orfandad suprema —hijas de los trigales y las piedras— su cólera y ternura vagando andan por campos, farallones y veredas. Vigilia del asombro detenido, marchándose de prisa sin moverse, estatua en soledad, en estampida. Remontando hacia adentro de la lumbre, entre umbrales, abrojos y neblinas, subterránea fuente al descubierto.

   El poeta representa el drama angustioso que se realiza entre el mundo y el cerebro humano, entre el mundo y su representación. El que no haya sentido el drama que se juega entre la cosa y la palabra, no podrá comprenderlo. El poeta conoce el eco de los llamados de las cosas a las palabras, ve los lazos sutiles que se tienden las cosas entre sí, oye las voces secretas que se lanzan unas a otras palabras separadas por distancias inconmensurables. Hace darse la mano a vocablos enemigos desde el principio del mundo, los agrupa y los obliga a marchar en su rebaño por rebeldes que sean, descubre las alusiones más misteriosas del verbo y las condensa en un plano superior, las entreteje en su discurso, en donde lo arbitrario pasa a tomar un rol encantatorio... El poeta os tiende la mano para conduciros más allá del último horizonte, más arriba de la punta de la pirámide, en ese campo que se extiende más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de la vida y de la muerte, más allá del espacio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia. Allí ha plantado el árbol de sus ojos y desde allí contempla el mundo, desde allí os habla y os descubre los secretos del mundo. Hay en su garganta un incendio inextinguible Hay además ese balanceo de mar entre dos estrellas. Y hay ese Fiat Lux que lleva clavado en su lengua. (Vicente Huidobro).

            La poesía cruza la tierra sola, apoya su voz en el dolor del mundo y nada pide -ni siquiera palabras.  Llega de lejos y sin hora, nunca avisa; tiene la llave de la puerta. Al entrar siempre se detiene a mirarnos. Después abre su mano y nos entrega una flor o un guijarro, algo secreto, pero tan intenso que el corazón palpita demasiado veloz. Y despertamos. (Eugenio Montejo).

La poesía existe o no existe; eso es todo. Si es, es con tal evidencia, con tan imperial y desafectada seguridad, que se me pone por encima de toda posible defensa, innecesaria. Su delicadeza, su delgadez suma, es su grande invencible corporeidad, su resistencia y su victoria. Por eso considero la poesía como algo esencialmente indefendible. Y, claro es, en justa correlación, esencialmente inatacable. La poesía se explica sola; si no, no se explica. Todo comentario a una poesía se refiere a elementos circundantes de ella, estilo, lenguaje, sentimientos, aspiración, pero no a la poesía misma. La poesía es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino; eso es todo. Hay que dejar que corra la aventura, con toda esa belleza de riesgo, de probabilidad, de jugada... Cuando una poesía está escrita se termina, pero no acaba; empieza, busca otra en sí misma, en el autor, en el lector, en el silencio... Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio.  ( Pedro Salinas).

Antes que sucumbir, la tierra se renovará por sí sola. Pero el hombre no sabe si sobrevivirá. Dirán: la poesía no ha erradicado la miseria, no ha evitado la guerra, no salvará al mundo. No nos ha salvado la poesía de la mezquindad de unos, devenida en miseria de todos. Pero ella nos rodea y constituye, aunque tantos resisten a su acción y su espíritu. La poesía puede salvarnos de nosotros, a pesar de nosotros. Para trascender la tragedia, el hombre tendrá que ser Otro. Porque la poesía existe, la humanidad a la que la exigencia del sueño habrá hecho sobrehumana, se reconocerá a sí misma. Para abolir la matanza. Y celebrar de nuevo en hermandad y cumplida justicia la existencia.  (Revista Prometeo)

 La poesía sigue en pie... no lucha porque no está dicotomizada... no se radicaliza porque va más allá de los contrarios... no se polariza porque es TODO...  todo lo unifica, todo lo abarca, todo lo existe, todo lo sabe, todo lo goza, todo lo religa... (Jazmín Sambrano).

 Sabe de noche, sabe de alborada. Del supremo quejido del obrero. Del fresco amanecer de la vacada. Del llanto del turpial sin hijo y  nido.  Del asomo del niño en el barranco. Del manso arroyo donde el cielo ríe. Del tardo abuelo en busca de una estrella. De la nieta que está para llegar. De la triste moneda del mercado. De ninfas, girasoles y arrebatos. Del sagrado silencio de las piedras. Del grito bochornoso, el pueblo bravo. De la muerte sonora de la patria. De la palabra, el pueblo y de la pólvora. De la pobre miseria enriquecida. Del siglo que despierta ensangrentado. De la aventura, el riesgo, la emboscada. De la belleza en que se enciende el alba. Del lugar en que el grito nos religa.

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