Camilo Manrique falleció

Plantación adentro, camará.

Sombras son las gentes nada más...

"Plantación Adentro", canción de Tite Curet Alonso,

 popularizada por Rubén Blades y Willy Colón

Sabiéndote ciertamente

asomado a los pesares,

los asombros más que mares

para tu lumbre presente.

Vislumbraremos luceros

bordados entre la hierba

mientras fanal en rocío

palmaflora te recuerda.

Sigue invocando la vida

que no tan sólo la muerte,

entre soles tu partida

mientras te cubra la suerte.

Primorosa, dulce aurora,

en jardín de madrugada

alba, jazmín, muy señora,

te despide como hada.

Sueño de lumbre en azul,

fogarada, sol, lejura,

la lejumbre cuando jura

entre ventanas de tul.

Dormido pétalo en cierne,

tras el negro mestizaje,

en frágil, leve equipaje

nada la muerte discierne

En alta mar sin confín,

ramazón y ramalazo,

un mismo y único hartazgo:

encontrar el mismo fin. 

El nacimiento es marea,

ráfaga, botonadura,

pena, dolor, llagadura,

aunque nadie casi crea.

 Cielo arriba, cielo abajo,

sortilegio, nube, cumbre,

por donde va la costumbre

de este triste embudo viejo.

Feroz, enceguecida,

en su infinita constancia,

encubierta en su fragancia

siempre la parca homicida.

Ya Tite Curet Alonso

—lumbre, varón, argamasa—

con su muerte en  este agosto

comprueba lo de la causa.

Catalino Curet Alonso,

guayamés de pura cepa,

curtido al son de la mar

lejos murió de su arena.

Del Barrio del Hoyo Inglés,

al Barrio Obrero en Santurce,

del Caribe hasta su cielo

no hay ola que lo perturbe.

Salsa de pura conciencia,

de negritud caribeña,

zarza mestiza, caribe,

como se escucha en La Perla.

El más grande de la salsa,

lo dice la negra Lil,

el de la cara más linda

sin conocer casimir.

Caras lindas de su gente,

caras de su raza prieta,

llanto, pena, paz ausente,

grito que en la vida reta.

En San Juan, en Nueva York,

supieron de este cartero

que traerá desde el cielo

las misivas de su Dios.

  

Cronista de alto coturno,

su pluma la más fecunda

el caribe afán inunda,

dejando al hermano turno.

Indio de raza cautiva,

Decano sólo del sol,

en Saint Joseph, Baltimore,

te consiguió la furtiva.

Con sabor de pura salsa,

cuentero al cual más cuentero,

lo tiene Dios en su casa

alborotando su cielo.

Poeta culto del barrio,

indio de sangre sonora,

plantación adentro, el barrio,

el mundo entero lo llora.

Negro negrito por fuera,

orgulloso de su raza,

debajo de aquella pena

más que alianza pan su alma.

Plantó bandera y escudo,

nunca de segunda mesa,

testigo de la pobreza,

con los pobres siempre estuvo.

Buen albañil, sentimiento,

amante sin contraseña,

con la mano en la conciencia,

amanecer caribeño.

Tropicalísimo loco,

de la salsa la locura,

muy cercano a la negrura

por lo que tuvo de poco.

  

Feliz, efectivamente,

acero, nervio, fulgor,

pa’ que los pobres afinquen

el tambor de su ilusión.

Con más de dos mil canciones,

setecientas ya grabadas,

cabalga sobre la gloria

de sus cien mil cabalgatas.

Juglar, jaguar antillano,

jaguar cortando la tarde,

el rugido de su pueblo

le corría por la sangre.

La esencia del guaguancó

en carcajada final,

la que hasta el diablo bailó,

la sentirá el huracán.

La fuerza de la justicia

volcada en su cancionero,

boicoteada, hoy pernicia,

liberarán los salseros.

Tres grandes para la América:

Celia Cruz, Juancito Torres,

Catalino Curet Alonso,

más inmortales que el bronce.

Con plena idea de su gente

cuando llegue su momento,

cuando el gringo por su cuenta

nos devuelva nuestro sueño.

Porque Juanito Alimaña

ése sí que sabe de eso,

esconde en amplio bostezo

parte de una y otra maña.

Como alma que lleva el diablo

sale detrás con el viento

en sorprendente portento

rezándole al Santo Pablo.

Plantación adentro, Dios,

agosto de 2003,

tan sólo en un dos por tres

se nos murió un viejo sol

Encendido en su garganta

Catalino no murió,

quedó sembrado en canción,

florecerá dulce planta.

De frente en página entera

salió con el alba al mundo

a pregonar el submundo

con la más grande arrechera.

Catalino Curet Alonso,

Tite, Coquí, camarada,

ancho boricua fogoso,

abrazo, nunca celada.

Coquí, de noche Coquí,

marejada, timbre, grito.

nocturno duende caribe,

intermitente alarido.

No te decimos adiós

aunque te vas de regreso

al cielo que te parió

Coquí de pueblo y suceso.

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