Qui habet aures audiendi, audiat.

Después de 33 años de presencia, servicio, compromiso, disponibilidad y entrega por la UCV, el P. Gazo, destinado a la Universidad Católica del Táchira en San Cristóbal, dejó un vacío para todos aquellos que día a día iban a la parroquia y a la universidad para encontrarse con él, recibir una palabra de aliento, solicitar una ayuda o un servicio, dialogar, reflexionar o simplemente reír juntos, abiertos a la esperanza que nos da la vida. De ahí que con toda razón y a tiempo expresara las gracias a la UCV: “Cuando en septiembre de 1966 llegaba para quedarme en la Parroquia Universitaria, traía las manos vacías y una gran ilusión en mi corazón. Recién regresaba a Venezuela y en el aeropuerto recibí mi destino. La Universidad Central de Venezuela se convirtió en aquel mismo momento en el gran reto de mi vida. La UCV vivía momentos de efervescencia. La indiferencia no existía. Había enfrentamientos ideológicos que se vivían con pasión. Mis ojos se asombraban ante una realidad para mí desconocida. En la otra banda —en la de los ateos, en la de los no creyentes, los supuestos enemigos— había grandes sentimientos, había empeño, hermosos sueños, hombres y mujeres jóvenes que luchaban por una "nueva humanidad". No lo podía creer. Qué fácil es atacar al "enemigo" cuando se le considera malvado. ¿Pero a una persona buena cómo se le puede atacar? Y en cada una de esas personas había ilusión, había compromiso, esperanza, sacrificio, amor. ¿Cómo podía atacar —tratar de convertirlos era una especie de ataque a las conciencias— a los que en su corazón ya había amanecido el Reino de los Cielos? Ellos me convirtieron a mí; me enseñaron que el amor está por encima de la fe, que sólo el amor es digno de fe. Y empecé a ver el mundo, a las cosas, a los hombres con sus ojos y su sensibilidad. Me enseñaron que el importante es el "otro" y especialmente el otro humillado y pobre, lo que llamamos pueblo. Fue para mí el inicio de lo que más tarde se iba a llamar "Teología de la Liberación". Este arranque se lo debo a la Universidad de la década de los sesenta. Por eso y por muchas cosas más le doy las gracias a la UCV.”

Ya en San Cristóbal, ya en Caracas, ya en una u otra asamblea; ya se trate de un oficio religioso, visita a algún barrio marginal o análisis académico o político, Jesús Gazo Bernal constituye hoy en Venezuela un valiente, aguerrido testimonio, dispuesto a construir a toda costa  la nueva sociedad, la nueva universidad, la nueva familia, el hombre nuevo, convencido de que esto lo tenemos que hacer realidad aquí en la tierra, puesto que el cielo se construye aquí, en la tierra: sin tierra no hay cielo. Eso sí, envueltos en el horizonte azul del cielo que esperamos, liberando el azul de la esperanza.

Perfectamente  entiende  y  ayudaa  entender  que  el  amor  de  Dios  se  expande preferentemente  hacia  los  pobres,  en  tanto  que  el  pensamiento  capitalista  es acumulativo, competitivo y en una competencia los pobres tienden siempre a perder. Puesto  que, como suele repetirlo,  los  de derecha  piensan que lo importante es producir  una  gran  torta de la que   se  desprenderán  migajas que llegarán a los pobres. Los de izquierda no se contentan con las migajas y piensan que la torta debe ser repartida equitativamente.

“La proclamación del derecho a la propiedad privada significa muchas veces condenar a muerte de hambre a los  que de hecho no tienen ninguna propiedad.  No hay que confundir la delicadeza con la debilidad. El cristiano debe preocuparse más de transparentar a Dios que de defenderlo.  Es preferible una increencia honesta que una fe interesada”.

 Cómo que ¡Alto allí, Gazo!  Cómo que ha llegado la hora de decirle ¡Deténgase! Cómo que exigirle un ¡Alto allí!  Cómo que deje de hacer daño. ¡Tranquilo, Gazo!

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