En una rebelión de hojas marchitas

que el viento esparcirá por el camino,

en la misma vereda en la que vino

y que golpe tras golpe la transitas.

En el mismo solar donde gravitas,

de este lado implacable del destino,

al borde de los ratos junto al vino

donde fueron a dar todas tus cuitas.

Canoa frente al viento huracanada

buscando enloquecida su corriente,

ráfaga entre tiniebla iluminada

golpeteando el quejido duramente,

quedará tu existencia enarbolada

al pie de los recuerdos dulcemente.

Hermano Alí, el de la Patria Buena,

hecho de sangre, barricada y pueblo.

Hermano de Jesús, el camarada,

pendiente del juguete aquí en la tierra.

Sembraste la justicia a mano llena

disparando en la vida tus canciones

con ronca voz y corazón al vuelo...

las flores hoy palidecieron.

Alí, sabemos que la marcha es lenta

y sigue siendo marcha, camarada,

en cada Nicaragua de la tierra.

La llovizna y el cielo camaradas,

todos los camaradas de la tierra

sembrarán hasta el fondo la alborada.

 A partir de tu muerte tempranera

entre la rabia y la ternura tuyas

nuestra vida será la camarada

que puño en alto acortará caminos.

Acortará el camino a la llovizna

para que abone la simiente a tiempo;

acortará el camino a la alborada

para que se abra la mañana en fuego.

A partir de tu muerte, camarada,

sabemos que hacen falta muchos golpes

para matar la muerte y su carnero.

A partir de tu muerte, Alí Primera,

le nacerán pestañas a la aurora

para que llegué al corazón del pueblo

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