No sabemos quién dio muerte a Marilyn Monroe. No sabemos de la anticoncepción. No sabemos cuándo las certezas expresarán posibilidades. No sabemos cómo defender la libertad, la creatividad, la responsabilidad humanas. No sabemos bien el lugar que el hombre ha de ocupar en un universo inventivo, creativo. No sabemos en qué consiste educar. Muy poco, de la ballena franca. No sabemos si  el hambre es mortal, inmortal o qué. No sabemos dónde estamos. Menos, de los anillos del poder. No sabemos empezar, caminar, comer, servir, ver, oír, ser, seguir, vivir, existir, luchar, sobrevivir, presionar.

No sabemos de nuestros errores. Mucho menos de la materia oscura. No sabemos bien cómo formular un mensaje galáctico. ¿Qué es una reacción alérgica? ¿Qué es el copyright? ¿Quiénes a ciencia cierta somos? Si Jesús realmente vive, si estamos creciendo o decreciendo. No sabemos mucho de la luna. De Dios, muy poco. Del cultivo de la papa en Guayana, casi nada. No sabemos dónde está Bin Laden y, menos, la Vida Eterna.

No sabemos de la fiebre, de quiénes nos vigilan, del poder de una gota de agua, qué quiere Benedicto XVI, si Taciano fue sirio o asirio. No sabemos qué acabó con los dinosaurios. No sabemos salir adelante o con el siglo. Ni qué podemos ser. No sabemos mirar, ni respirar, ni leer. Escasamente sabemos de Cervantes. No sabemos adónde ir, qué decir, por qué obramos, por qué vivimos. No sabemos producir. No sabemos cómo esto va a terminar. Cómo burlar el horror. Cómo llegar a la luz.

No sabemos cuál va a ser el costo, qué más hacer, si Dios es neutral. No sabemos dónde nos encontramos. No sabemos hasta cuándo. Cuánto vamos a pagar. Si es fantasía o realidad. A qué cara mirar. Cuándo ni cómo. Lo que es. No sabemos por qué ni para qué. Por qué lo hacemos. Los efectos. Cuánto durará. A quién gritarle. Quiénes son. Ni su nombre. Qué es. Qué pasa. Cómo será. Qué hay detrás. Adónde reclamar, denunciar.

No sabemos casi nada sobre los principios de organización de la materia. No sabemos cómo fue. De dónde surgen. Hasta cuándo. Qué nos espera. Qué ocurrirá. Cuál es el camino a seguir. Si será factible. Por dónde comenzar. No sabemos cómo se originó ni de dónde vino. Dónde vamos a jugar. Cómo hablamos. Cómo oramos. Cómo hacerlo. No sabemos el camino. No sabemos el secreto. Cuál es la relación. No sabemos la respuesta. Qué queremos. Qué hacer. De quién fiarnos. Hasta cuándo. No sabemos el tamaño exacto de la pena, ni el lado oscuro de la rosa, ni la terrible majestad del pan. Si la memoria se sabe nuestro asombro: los siempre, los jamases y los nunca más eso de los meses y aquello que regresa de los años. Si con nosotros camina la desolladura. No sabemos para qué sirve la sed.

No sabemos lo que sentimos ni lo que hacemos. No sabemos qué queremos saber. No sabemos qué sabemos. No sabemos que no sabemos. No sabemos que sabemos. No sabemos que realmente sabemos. Esta es la única certeza: el tiempo es la rosa de los vientos que trae la Revolución y la constatación de un país que nosotros somos en el primer día de su nacimiento.

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