Cecilia Amiga:

Siempre te tuvimos y tendremos  en el corazón. Fuiste una de las mejores amigas de Poesia.org. Insignia fundamental de las letras latinoamericanas. Siempre se te recordará por la reciedumbre de tu coraje ante la injusticia humana. Ahora cuando partes, nos confirmas que el hombre es un gran dolor humano. Desde estas severas soledades de los Andes, desde la infinita soledad de nuestras cumbres, el más cálido abrabeso por tu fecunda vida.

El perfume de los campos de tu patria entero entre tu alada gracia. Los cielos que te cubren poseen la estrella de tus padres y los ríos que llegan de las altas lagunas colman de simiente tus retamas florecidas. En pie de paz,  presentes, cercanos, acallados, te saludamos hasta que brote el día. Te devolvemos, a pulso de cariño, la inquietud de nuestro corazón y el fervor de nuestro aplauso.

Nos conocimos en aquel Festival Electrónico preparado por los chilenos tiempos ha. ¿Te acuerdas de Waldemar, de la cocuicita aquella? Un día me contaste que ya no te publicaban en La Insignia, por no sé cuántas ferocidades políticas; cuando quisieron que te fueras a escribir para la Haine (Barcelona), el órgano de la ETA, me parece. En fin no faltaba siempre alguien que “te serruchara el piso.” Entre tanto, el hilo de seda de tu inspiración siempre a flor de día. 

Me dabas tu coraje. Recibías el mío. Bajo la lluvia temblabas de ternura  y escuchabas rodar el agua por el aire. Lluvia despacita, albada. Eras el viento y también en zumbido final del trueno. La gran tormenta que derriba y resucita. Lo que tiernamente se nos da en los frutos  y lo que al final, nunca se olvida. La luz que aclara el revés de las altas hojas. El barro más profundo, la distancia del pie al cielo. El camino más alto. El amplio olor del hombre en sus músculos rendidos. Eres como el tiempo que torna  en la transparente distancia.

Un poeta en un pueblo cualquiera del mundo.

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