El mundo cambia constantemente, en el tiempo y el espacio, día a día y de un sitio a otro. Los seres humanos no somos la excepción porque también estamos en perpetua transformación. Para empezar, nuestra vida individual es un ejercicio de adaptación. A través de las colectividades, los pueblos y las sociedades, las culturas y civilizaciones cambian a lo largo de la Historia. Los seres humanos somos agentes dinámicos del cambio: transformamos nuestro entorno y al hacerlo, nos transformamos a nosotros mismos, poniendo así en tela de juicio la noción sencilla de una naturaleza humana fija e inmutable. No obstante, la condición humana persiste con tenacidad y cuando a través del tiempo y la distancia, nos reconocemos en otros seres y ellos se reconocen en nosotros, ¿no estamos a la vez reconociendo que algo ha permanecido? ¿hay algo que pueda dar razón simultánea del cambio y la inmutabilidad?


Por supuesto que sí. Ese algo es la poesía. Nuestras lenguas son, por supuesto, diferentes, como diversas son las maneras en que colocamos las palabras, frases y oraciones, así como la forma y la métrica de nuestros versos. Pero a través de sus modos y ritmos múltiples, la poesía nos remite al diálogo entre el cambio y la permanencia en la vida misma.


Mediante el lenguaje, expresamos nuestras distintas creencias, valores y experiencias. La pluralidad de ese río de identidades constituye la humanidad. La poesía es un puente entre personas y grupos que nos ayuda a comprendernos mutuamente y a entendernos a nosotros mismos. La poesía expresa -a veces de manera sencilla, otras con honda complejidad- nuestros temores, esperanzas, anhelos y presentimientos. En sus más eximias manifestaciones, la poesía es capaz de revelar verdades que captan la esencia de nuestra común humanidad y su belleza nos recuerda las cumbres artísticas que la especie es capaz de alcanzar.


Conmemoramos el centenario del nacimiento de un gran filósofo-poeta, Leopoldo Sedar Senghor, quien escribió: "Basta con nombrar algo para que bajo el signo empiece a surgir el significado". La poesía es una excelente manera de nombrar el mundo, dar cuenta de sus rasgos permanentes y de sus transformaciones en formas que deleitan al espíritu. Que el Día Mundial de la Poesía nos traiga a la memoria esta mágica capacidad, en todas sus modalidades". (Koichiro Matsuura).


Ejercicio de conciencia, la poesía es vida, combate, compromiso; acompaña al hombre desde la primigenia madrugada, trata de traer la paz al mundo, se desvela por crear un mundo mejor. De donde al poeta no le queda sino amar su oficio, desplegarlo, donarlo. Lo que lleva a decir a Ramón Palomares: "Tengo el favor de vivir el gratísimo aroma del amor... el amor a la escritura, el amor a la creatividad". Y a Adriano González León: "La poesía está en todas partes, lo que ocurre es que desde los sumerios (5000 a.C.) se viene discutiendo sobre la esencia, la existencia, la presencia y la jodencia de la poesía"

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