Al fin Roma cayó en mis manos

Gigante en las ansias de un niño

Columnaje en inmortal grandeza

Lo moderno lo antiguo en ejemplar

                                                  abrazo

Las eras grabadas en los muros

Roma de mañana cubierta de neblina

Imponente Señora de su gloria

Muchacho apenas acaricié tus formas

Tus costados alcores tus colinas

De entre la selva aquella majestuosa

La Piedad de Miguel Ángel

Desde un ángulo parece que decía

Vente luego a conversar conmigo

Fui aquí y allá

Y me detuve a conversar con ella

Y me entretuvo

Ya la luz habíase ido

Sólo unos reflectores resaltaban la armonía

Sensación indescifrable de Piedad

Esa joven carnalísima —así me pareció—

Inconsciente del hombre que sostiene

Entre sus brazos

Espléndida mujer

Madre Joven con su hijo en su regazo

Que no parece madre sino novia

Todo lo domina

Todo lo evalúa

Todo lo fulgura

Con su mano delicada al aire

No señala nada y lo señala todo

Roma perenne pasajera colosal

Amazona cabalgando entre sus ruinas

Cuántos te pretenden manceba vestal

Cuántos envidian tus portentos

Tú siempre a ras de siglos la fugaz

Entre el fuego supremo de la vida

Veré reír en Roma eternamente

A esa niña desnudamente tierna

Que arrulla entre sus alas su Jesús

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