Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

311 El saltamontes y la pastoral obrera

Un saltamontes militante obrero cristiano no alcanzaba a comprender el súbito interés de su organización (cuando aumentó el nivel de vida de sus militantes),por la pastoral obrera. Porque le parecía que toda pastoral implica una teología, y, mientras no hubiera una teología crítica obrera, la pastoral obrera iba a consistir en intentar meter a los obreros más mansos en el redil y echarles de comer en las gamellas las pajas mentales escolásticas de la Doctrina Social de la Iglesia, lo que podía ser muy coherente con según qué cosas, pero bastante incoherente con según que otras, más importantes a su modesto juicio.
Hasta que un día hizo una encuesta entre sus compañeros de trabajo (que ya le iban quedando pocos con las crisis y reestructuraciones) sobre cómo se imaginaban ellos que debía ser la auténtica pastoral obrera. Y ellos contestaron, con una chocante unanimidad, que la auténtica pastoral obrera consistía en que los obreros sacaran al campo al episcopado y al clero con un bozal específico que les dejara pastar, pero no sermonear, y con un pico y una pala para plantar árboles en los ratos libres para zurcir el agujero de ozono.

312 La paloma y el propósito

Una paloma torcaz madura, parlera y algo cegata, que pertenecía a una federación de palomares fundados por una paloma gabacha de difícil nombre, le puso a Cuervo Ingenuo una pregunta con un fervoroso propósito escrito a máquina, que proponía "tomar conciencia de nuestra participación en las estructuras económicas injustas de todo el mundo, causa de la desigualdad entre las personas y entre los pueblos".
A Cuervo Ingenuo le pareció sugerente la cuestión y estuvo varios días pensando, y hasta hizo un esquema provisional que se iba haciendo cada vez más largo y prolijo.
Hasta que un domingo, por la mañana, mientras esperaba la llegada de una amiga en el Costa Azul, se le ocurrió que la respuesta sería más breve, cambiando un poco la pregunta tal que así: "¿Participamos en alguna estructura que no sea causa de la desigualdad entre las personas y entre los pueblos?" Y para que quedara mejor la respuesta, le copió debajo una frase de Pío XII que se aprendió de joven y que decía: "Es todo un mundo el que hay que renovar desde sus cimientos". aunque no estaba nada seguro de que el Papa Pacelli le hubiera dado el mismo sentido que él le quería dar.

313 El cuervo y la relatividad

Cuando Cuervo Ingenuo era pequeñito se encontró una vez con un cuervo viejo cariñoso que le dijo: "No sé lo que ha pasado, Cuervo Ingenuo, pero yo de Joven era de extrema izquierda y, sin moverme, sin moverme, de donde estaba, ahora soy de extrema derecha".
Y ya de mayor, y con ocasión de contestar a una encuesta del CIS el 16 de febrero de 1994, Cuervo Ingenuo se dio cuenta de que a él le había pasado lo contrario, porque él, de joven, era naturalmente de centro, es decir, cariñoso y conciliador y partidario normal de la libertad para el pueblo, la igualdad y la fraternidad y ahora, sin moverse, sin moverse de donde estaba, se daba cuenta de que era de extrema izquierda.

314 El amante fijo discontinuo

Hubo una vez un hombre que trabajaba como "amante fijo discontinuo pluriempleado". Y no es que fuera de naturaleza fogosa, sino analítica y especular. Y una vez analizados los rayos amorosos que recibía, los reflejaba con naturalidad (aún que con algunas incorrecciones menores connaturales a cualquier proceso real y físico). Y así sus amantes recibían, casi en su totalidad, el amor que ellas ponían en él, y, aunque, a veces, quedaban encandiladas, el mérito había que atribuirlo en su integridad a su amor de ellas, así como también el pequeño demérito, tal vez, de querer en exclusiva formalizar "un contrato fijo de plantilla". que el trabajador amante no aceptaba, no se sabe por qué.

315 La campesina y la parcela comunal

Una tierra comunal baldía acordó con una campesina que la cultivase y comiese de sus frutos con una sola condición, que no la vallase. Y aunque era tierra corriente no de primera calidad, como la campesina sabía trabajar, daba frutos muy sabrosos. Hasta que un día, por miedo a perderla, la campesina la valló con postes de madera y alambre de espino y no dejaba entrar a nadie. Y, por eso, discutieron la tierra y ella; y la tierra se declaró en huelga y dejó de dar frutos durante dos años y medio, pero la campesina mantenía en pie la valla y disparaba tiros de sal, si cualquier otra campesina intentaba cultivarla o segar la hierba para los conejos, y ni la tierra ni ella eran muy felices. Pero después de unas lluvias la tierra lo pensó mejor y lo volvió a dar fruto cada mes y también la mujer abrió un portillo en la valla y no se sabe cómo terminará esta fábula, porque, por un lado, las propiedades comunales son un anacronismo (quizás más futurismo que arcaísmo) que no pega bien con la propiedad privada y, por otro, la campesina sigue teniendo la escopeta cargada.

316 La tórtola el amor y otras cosas

En un país lejano hubo una tórtola amante maravillosa que casi parecía agotar todas las formas y tiempos gramaticales del verbo amar con dedicación exclusiva.
Pero gracias a las contradicciones del ser humano, además de amar tan apasionadamente, también podía hacer otras cosas, como comer, ir al mercado, tener gatos y colesterol e incluso enfadarse y desamar a ratos al objeto de su amor, lo que le ayudó mucho a vivir más entretenida y a disimular un poco su amor, que la gente, de conocerlo, hubiera considerado exagerado.

317 Los castores y la lucha por la igualdad

Una colonia relativamente evolucionada de castores, que habían luchado relativamente por la libertad y habían conseguido la libertad total de todos para las multinacionales, preocupadas mitad por mitad por hacer avanzar el mundo y por la felicidad de las personas (que a veces parecen lo mismo, pero no es igual), decidieron luchar por la igualdad, a ver si un día venía también la fraternidad, y consiguieron hacer aprobar una ley por la cual toda la propiedad privada debería llevarse en dinero metálico colgada de los testículos. Con lo cual no consiguieron del todo la igualdad, pero casi, porque los que se pasaban un pelín en la propiedad, perdían con el alargamiento la facultad generativa, y no nacía tanta gente con el deseo de acaparar.

318 El murciélago y el reinado de Dios

A un murcielaguito militante obrero cristiano no le parecía ya apropiada la expresión reino de Dios o reinado de Dios para expresar la maravilla que va a ser para los pobres la necesaria tierra buena del futuro, porque una vez vio en la tele a una reina visitando un barrio de chabolas de gitanos pobres, y, aunque los gitanos pobres anduvieran cantando y bailando delante de las cámaras, le parecía que la cosa no iba por ahí, porque luego la reina se fue a desinfectarse y a dormir a su palacio y los gitanos se fueron a dormir a sus chabolas y todo siguió igual Así que desde entonces llamaba a la cosa futura, en vez de reinado de Dios, república de Dios, aunque de un modo provisional y transitorio, porque también hay por ahí cada presidente de la república que vaya tela..

319 El final de la delincuencia

En un lejano país, una mañana de octubre ocurrió el milagro de que se acabó 'la delincuencia y los rateros, camellos y drogotas se dedicaron a hacer gratis las tareas comunitarias que nadie hacía, como poner baldosas arrancadas de la acera, pintar farolas, reponer bombillas de semáforos, arrancar matas, limpiar solares etc. con lo que la gente no cabía en sí de contenta.
Pero resulta que en medio de tanta felicidad, se produjo una crisis económica en el ramo de la Seguridad y servicios sociales, de modo que un ejército de guardias jurados, cerrajeros, psicólogos, asistentes sociales, policías, jueces, funcionarios de prisiones etc. quedaron en paro absoluto, y de resultas del hambre y el aburrimiento empezaron a drogarse y a robar, produciendo así la necesidad de nuevos puestos de trabajo en esos ramos, que fueron ocupados por los antiguos rateros y drogotas reinsertados y no hay noticias de cómo acabó el asunto, aunque hay gente que dice que no lo hacían peor que los otros, porque no hay mejor cirujano que el bien acuchillado.

320 La confianza y la desconfianza

Una vez la desconfianza y la confianza estaban trabajando juntas haciendo una casa para el futuro y la desconfianza cavaba los cimientos y la confianza levantaba las paredes. Y pasó una duda y se maravillaba de que las dos pudieran trabajar Juntas. "Todo depende", le dijeron. "Porque la desconfianza en los poderosos es la que trae la confianza en los compañeros pobres y nos va bien".

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