Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

301 Las ranas ya no piden rey a Don Júpiter

Con la revolución industrial, algunas ranas comenzaron a poner en duda la existencia de Júpiter (que en griego se dice Zeus y su genitivo es Dios) y cayeron en la cuenta de que su primer rey, el trozo de madera, era tal vez una rama tronchada por el rayo que había caído en la charca, no por accidente, sino según la ley de la gravedad, y que el segundo rey, la serpiente que las devoraba, era quizás una dictadura fomentada por las ranas más pudientes, que se habían vuelto ranófagas y se comían las ancas de las que mataba la serpiente y cuando estas hipótesis particulares se convirtieron en certeza bastante general, las ranas comunes echaron a la serpiente de la charca, con lo que las ranas ranófagas tuvieron que cambiar sus hábitos alimenticios y, luego, se constituyeron todas en república acéfala, o sea, sin presidente ni presidenta, que mejor hubiera sido llamarla república policéfala, porque todas las ranas fueron cabeza de si mismas y manos y corazón de todas las demás ranas libres, iguales y, por eso, bastante fraternales.

302 El milagro del cuervecito

La cuerva madre de Cuervo Ingenuo era muy piadosa y contaba a su primer nieto cuervecito en el mes de Mayo ejemplos de la Virgen María, Nuestra Señora de los Cuervos Celestiales y Terrenales; y un día estaba contando uno que decía que dos cuervos jóvenes habían ido un domingo a una casa de cuervas malas y se fueron luego a dar un paseo en barca por el mar; y, antes de empezar a remar, el uno rezó un Ave María y el otro no; y luego salieron del puerto y enseguida vino la tempestad, como pasa en los ejemplos, y naufragó la barca y los dos pidieron socorro y auxilio, y se apareció la Virgen y sacó a la orilla al que había rezado el Ave María y al otro no. Y cuando acabó con este final trágico y edificante como un anuncio de la Dirección General de Tráfico, el cuervecito nieto dijo: Y entonces, yo me tiré al agua y salvé al otro. Y a la abuela cuerva le dio un poco de corte de que su nieto cuervecito tuviera mejor corazón que la Virgen de su ejemplo.

303 Los hombres tortuga

No se sabe si es a causa de una maldición de Zeus, porque no quisieron asistir a sus bodas, o si es causa de la maldición de los créditos hipotecarios de las entidades financieras con sus TAES, seguros, comisiones, pero lo cierto es que se ha multiplicado enormemente la subespecie de "los hombres y mujeres tortuga", que, si quieren casarse, están condenados a llevar la casa encima de los hombros toda la vida.

304 El ardillo y las traducciones pornográficas

Hubo una vez una ardilla macho, licenciado en filología danesa, que se ganaba la vida como traductor de revistas pornográficas y, aunque manejaba mucho el Diccionario Secreto de Camilo José Cela, tenía grandes dificultades para traducir adecuadamente al contexto la picha y el coño, por la riqueza de matices que tiene el castellano para designar los órganos sexuales. Porque, por ejemplo, no era lo mismo en castellano decir, "machácame el nabo" que "abrázame el ciprés", o, en su caso, "inúndame el perejil". que "deja caer tu rocío en mi albahaca " y, por eso, y, aunque los lectores de materiales pornográficos no solemos ser muy exigentes, en cuanto pudo se dedicó a traducir textos de informática, que son más sosos y planos y secos, pero tienen la ventaja de ser más objetivos y unívocos y, además, casi no hace falta traducirlos, porque la mitad de las palabras están en inglés.

305 El escarabajo que ponía sus peros a la ecología

Hubo una vez un escarabajo común que ponía sus peros a la ecología, porque, decía, que era una buena capa que todo lo tapa y, a veces, se quería esconder debajo la mismísima aristocracia latifundista, que debía haber sido ejecutada cuando la revolución francesa, pero como aquí no hubo, pues ahí sigue, con sus jornaleros agrícolas, que son muy ecológicos, en casi todo menos en el paro y el jornal. Y mire Vd. por donde, algún ecologista conocía él que había acabado siendo un partidario furibundo de las corridas de toros, porque decía que era la cínica manera de conservar las dehesas y la ganadería extensiva, porque, aparte de otras cosas, qué son los toreros sino jornaleros agrícolas, que sueñan con hacerse aristócratas latifundistas y algunos lo logran ¡y áteme Vd. esas moscas por el rabo, si no hay ahí alguna que otra contradicción! Y, luego, bastaba que cualquier producto venenoso biodegradante lo metieran en una bolsa verde y le pusieran la etiqueta de ecológico para que las amas de casa lo compraran a troche y moche y, luego, cuando se trataba de marranear el campo conocía a algunos ecologistas que si no se llevaban la palma se quedaban los segundos. Y algunas de las multinacionales más contaminantes habían hecho en California o por ahí una Silicona Walley, que era una pocholada ecológica con hierba, por el método de montar las empresas contaminantes lo suficientemente lejos, en países, donde con tal de ganar un jornalico, son capaces de aguantar dioxinas cancerígenas con todo estoicismo. Y, finalmente, que en las disputas entre la ecología, (que significa tratado de la casa) y la economía (que debe significar ley del más fuerte de la casa) parece que siempre sale ganando la economía, porque la ley del más fuerte siempre es más fuerte que los tratados, aunque se encuentren cargados de razón.

306 El mirlo San Pablo y la muerte

Un mirlo devoto fue un 1 de noviembre al Cementerio de la Almudena de Madrid, a llevar flores a sus muertos, que los tenía en una de las últimas ampliaciones que cae un poco en cuesta y cuando vio lo gigantesca que era la urbanización funeraria que en ningún nicho habla carteles de se vende o se alquila, de modo que algunos grandes empresarios de la construcción se estaban planteando invertir en este sector tan próspero donde siempre había demanda, se preguntaba si San Pablo no se había pasado un pelín de optimista cuando escribió.- ¿ Dónde está muerte tu victoria? ¿Dónde está muerte tu aguijón?

307 Mítines y fábulas

En un mitin electoral, un candidato de izquierdas que se desgañitaba en el micrófono, mientras el personal hablaba de sus cosas y no le hacían ni puto caso, dijo de pronto. "Silencio, por favor, que os voy a leer una fábula de Cuervo Ingenuo". Y cuando la gente se calló, les dijo: "No os da vergüenza callaros para escuchar las tonterías de un pajarraco y no querer escuchar mis soluciones a los grandes problemas de la política y la economía?". Y el auditorio respondió: "¿Y no te da a ti vergüenza repetir como un papagayo muermo las chorradas de un programa, que no podrás cumplir, en vez de decirnos algo sabroso, que nos haga sonreír y mantener la esperanza en el futuro;"'.

308 Capullos y Land Rovers

Un cuervo autodidacta amigo de Cuervo Ingenuo, muy amante de la naturaleza y de lo civilizado de la civilización y algo propenso al dulce sarcasmo, criticaba, a veces, acerbamente a algunos/as ecologistas aficionados/as, pues, decía, que se les pasaba la fiebre ecologista en cuanto alcanzaban sus objetivos profundos no confesados, que, en el caso de las ecologistas se reducían a la consecución en propiedad contractual de "un capullo alimonado" 'y, en el caso de los ecologistas, a la obtención de un Land-Rover o, en su defecto, al menos un Suzukí-Santana.

309 Precisiones sobre Narciso

Como todo el mundo sabe, las causas del accidente de Narciso que era un chico guapísimo fueron dos: una, no saber que era guapísimo por no tener un espejo en casa y, dos, no saber nadar Por eso, desde entonces las madres que tienen un hijo guapo que son todas, se lo dicen constantemente para que lo sepa, llenan la casa de espejos para que el muchacho lo compruebe y se pueda reconocer y, finalmente, lo matriculan enseguida en los cursos de natación infantil. Aunque en los países que conocían los espejos y en los que hay mucha afición al agua el mito tiene una variante y es que Narciso no se vio a sí mismo en el agua, sino a una ninfa guapísima y acabó yéndose a vivir con ella al fondo del mar, donde viven tan felices, eso sí, teniendo cuidado de evitar los bidones radioactivos, que lanzan de vez en cuando los países más civilizados, a pesar de las protestas casi suicidas de Greenpeace.

310 Las funciones arbitrales

Había una vez una cebra macho, que era árbitro de fútbol, y se mosqueaba porque su mujer le decía que todas sus decisiones tenían que ser por fuerza arbitrarias. Y había también un gorrión urbano, que creía que los arbitrios municipales eran impuestos que no tenían razón de ser, sino que se los sacaban el alcalde o los concejales de las pelotas. Y por fin, había un conejo obrero que creía que los tribunales del IMAC, que significa Instituto de Mediación, Arbitraje y Conciliación, utilizaban en el arbitraje el método de la ruleta y a quien San Juan se la dé, San Pedro se la bendiga, aparte que más que mediar, cuarteaban, o sea, que no le daban la mitad, sino la cuarta parte de lo que le pertenecía, y es que parece que, por ahora, la conciliación del lobo con el cordero sólo tiene lugar en el estómago del lobo.

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