Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

231 El crack del libro

En un lejano país y en una época lejana tuvo lugar una importantísima floración de escritores y traductores en paralelo con una marchitación igualmente importante del número de lectores que originaron a dúo un crack de superproducción tan típico que pasó luego a los libros de texto de economía. Porque, aunque el director general de la cosa del libro estaba muy contento de haber superado la cifra de 50.000 títulos anuales, como la gente no reza ya nada, los libros se iban amontonando en las librerías hasta rebosar y quedar apilados en la puerta como si fueran periódicos, y los repartidores venían con las furgonetas cargadas de novedades y se iban igualmente llenos con las novedades de la semana anterior, que los libreros ya ni desempaquetaban y aunque quedaban algunos clientes que todavía compraban libros por costumbre, que luego tampoco leían, no pudieron impedir la ruidosa quiebra en cadena de libreros, distribuidores y editoriales por fin unidos, a pesar de sus diferencias, en la ruina total Menos mal que el Ministerio de Cultura tuvo la idea de conceder becas de lectores, y al cabo de 100 años se pudo llegar a un cierto equilibrio entre producción y consumo, y el sector volvió a la normalidad, es decir, a dar trabajo y sueldo a gentes anormales, que salvo contadas excepciones, se conforman con un beneficio módico en proporción a la inversión de tiempo y de dinero, y se consuelan pensando que colaboran en algo que tiene que ver con la cultura.

232 La paloma mensajera

Había una vez una paloma culipava, que era mensajera y algo goledora, y le gustaba mucho el cine y sus amigos la llamaban el poney-exprés, y su vida no tenía nada de fabulosa excepto que en una manifestación del 1 de Mayo le cayó encima una farola del Ayuntamiento, que sostenía con otra una pancarta de las juventudes Socialistas, y hubiera merecido aparecer en el libro Guinnes como récord de la represión municipal involuntaria de manifestaciones pacíficas, porque le tuvieron que dar 14 puntos, pero no apareció, y por lo demás su vida fue del todo corriente, y aunque estaba soltera, era muy alegre, y a lo mejor era por eso.

233 Los conejos y el saber

Quizás no todo el mundo sabe que la causa del famoso accidente mortal de los dos conejos con los dos perros, galgos o podencos, no fue otra que el ansia de saber, que es proverbial en los conejos especialmente en la disciplina cánidos, y que, a veces, es mas poderosa que el miedo o la prudencia. Y desde entonces, los conejos corren delante de los perros provistos de dos espejos retrovisores como los de las motos de modo que puedan huir mientras satisfacen su ansía indomable de conocimiento científico.

234 El examen del mundo

A los pollitos de la escuela elemental de la fábula 21 se les ocurrió un día poner un examen, o una evaluación como creo que se dice ahora, al mundo, sobre dos asignaturas que eran igualdad y cariño. El mundo se sentó en el pupitre y se devanó los sesos para rellenar un par de folios. Ya se sabe que en los exámenes la gente no decimos todo lo que somos y sabemos y a lo mejor, como el mundo es tan grande, no pudo venir todo el mundo y faltaron algunas partes o aspectos del mundo, pero los pollitos fueron muy duros al poner las notas, porque a la mitad le pusieron I (insuficiente) y a la otra mitad N. M. M. (necesita mejorar muchísimo).

235 El hombre que oía todo como quién oye llover

Había una vez un hombre, que oía todas las cosas como quien oye llover, y, por eso, le gustaba oírlas en la cama, adonde iban los amigos de tertulia, y a los pocos minutos de conversación, el hombre se quedaba profundamente dormido con una sonrisa beatifica como si oyera el manso tambor de la lluvia y los amigos se iban a casa contentos, porque con él nunca se alargaban las veladas y no había que trasnochar.

236 Las ovejas y la primavera

Esta fábula me la contó mi amigo Lorenzo y dice así: Cuando va a llegar la primavera, los corderillos dicen: ¡Primaveeera! Y las ovejas dicen: !Quién la vieraaa! ¡Quién la vieraaal Y los borregos: ¡La veraaás! ¡La veraaás! Y cuando viene la primavera, las ovejas salen al campo, y los corderos se quedan en la guardería y, por la tarde, al volver las madres, se arma un follón respetable a la puerta del cole hasta que cada una encuentra al suyo y le da de mamar tan contentos los dos, porque como las ovejas son no poco machistas suelen decir.- "donde esté un pezón, que se quite un biberón".

237 Los misioneros viceversa

Es posible que los misioneros occidentales no contribuyeran demasiado al conocimiento de Dios por parte de los pobres infieles, pero sin duda contribuyeron al conocimiento de la geografía y antropología de esos pobres pueblos tan primitivos por parte de los occidentales y por la puerta que ellos abrieron les hemos ido metiendo los prodigios de nuestra civilización cristiana, como son el santo rosario, las medallas, el paro, la Coca Cola, la gripe y los restaurantes Mac Donalds. Menos conocidos en cambio son los misioneros viceversa, como el jefe samoano Tuzavii de Tiavea que vino a misionar a los papalagí (que quiere decir, los hombres blancos) urbanitas de Europa, donde no le hicieron ni puto caso, pero en cambio le dieron ocasión para enviar a su tribu unas cartas admirables (publicadas primero por Pastanaga y luego por Integral) sobre los vestidos, el dinero, el cine, la enfermedad del pensamiento profundo etc. de los europeos, con las cuales los indígenas samoanos, al conocer un poco más nuestra maravillosa civilización, se confirmaron en su primera impresión de que somos completamente majaderos.

238 Las cosas del querer

Un gusanillo era querido indudablemente por una gusanilla, pero el gusanillo, que era soltero todavía, pese a las tempestades amorosas y que se consideraba bastante analfabeto amoroso sexual, no se aclaraba del todo. Porque la gusanillo le decía siempre que le quería, y aunque él se había enterado desde la primera vez que se lo dijo y aun antes, la gusanillo utilizaba la pedagogía de la repetición, que parece ser adecuada para otras cosas, pero a lo mejor para esto no, porque esas palabras repetidas parecían una factura, para pagar la cual le daba la sensación al gusanillo de que nunca tendría fondos suficientes. Y también pensaba que si la gusanillo lo había querido tal como era, por qué quería después cambiarlo, aunque fuera para mejorarlo, y también la gusanillo le decía: dime que me quieres mucho. Y el gusanillo, que apreciaba la exactitud del lenguaje, le decía: te quiero un poco o bastante o regular y la gusanillo se ponía triste. Y como tampoco sabía ver la diferencia entre querer y querer que le quieran a uno, que parece lo mismo pero no es igual, porque hay una transposición de sujetos y objetos directores no del todo clara para el gusanillo pero para la gusanillo si. Total que aquí se acaba esta fábula, pero no las dificultades conductuales y lingüísticas de los dos gusanillos.

239 Las familias de grillos

Una organización política integrada por grillos de procedencias diversas, pero unidas en el objetivo fundamental de mantenerse en el sillón y crear puestos de trabajo para familiares y amigos, que se decían socialistas, consiguió en una Comunidad Autónoma una cómoda mayoría absoluta, gracias a la cual podía pasar olímpicamente de las críticas de la oposición. Pero parece que la oposición es inherente al actual sistema parlamentario y las familias de grillos se constituyeron en oposición las unas de las otras, con tal eficacia que consiguieron cambiar dos veces al Presidente de la Comunidad, con gran admiración de los electores propios y ajenos que estaban de acuerdo en que el partido se decía socialista pero para unos era una jaula de grillos y para otros un avispero.

240 El burro y el cerdo

Saramago no llegó a conocer un burro que vivió muchos años en un barrio de Lisboa, en Portugal, y como era obrero y tenía que currar como un ídem (burro) para empinar la olla y a su lado vivía un cerdo de la PIDE que se hinchaba de comer sin dar ni golpe, sólo asustando un poco o denunciando terroristas o fichando gente pobre en comisaría y algunas veces pensaba que aquello sí que era vida y sueldo y sentía tentaciones de apuntarse a cerdo, aunque no lo hizo porque le daba no sé qué. Pero luego vino el 25 de abril, y durante unos días se levantó la veda del cerdo, y la gente los corría a cantazos por la calle con mucha devoción, y vio lo que adelgazó corriendo su vecino, y, aunque luego cambió un poco el aire y los cerdos volvieron por el momento a su tarea secular, el burro no volvió a tener más tentaciones de apuntarse a cerdo, porque el 25 de abríl viene todos los años e incluso pudiera venir en otra fecha.

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