Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

221 La tortuga y la justicia

Había una vez una tortuga pobre, preocupada desde niña por la JUSTICIA, con todas mayúsculas que era dar a todos lo que es de todos y leía mucho la Antología Rota de León Felipe y como él admiraba mucho a Don Quijote, aquel estrafalario fantasma del desierto y deseaba, como él, adoptar como oficio el desfacer entuertos. Así que estudió con una beca para abogada y, al acabar la carrera, todavía seguía preocupada por la Justicia, con una mayúscula que era corregir las apropiaciones indebidas y conseguir que la ley fuera igual para todos y que todos fueran iguales ante la ley, y aún leía la Antología Rota y pensaba que a Don Quijote, aunque era evidente que estaba equivocado, no se le podía negar la buena voluntad. Y, después de ejercer una temporada como abogada de pleitos pobres, y como, aunque lenta, era constante y escarbaba bien en las leyes, se fue convirtiendo en abogada de pleitos ricos, y siguió preocupada por la justicia, con minúsculas, que era dar a cada uno lo que era suyo según las leyes, y, como ya no la leía nunca, regaló la Antología Rota a la Biblioteca de la Asociación de Vecinos y, por fin, decía que a Don Quijote no era necesario ajusticiarle, sino que bastaba con ingresarlo en un Hospital Psiquiátrico por decisión judicial a petición de parte.

222 El gorrión de contratas y los gorriones plantillas

Hubo una vez un joven gorrión electricista, que trabajó en Refinería en una contrata arreglando algo junto a unos ventiladores debajo de unos intercambiadores de calor y además del ruido de los ventiladores se quejaba de que no podía cagar en el water de los gorriones obreros plantillas y que, aunque la decisión era de la dirección de la empresa, los gorriones obreros plantillas la secundaban con devoción y cuando un gorrión obrero de contratas por ignorancia o urgencia, querría entrar en el water reservado para ellos, los gorriones obreros plantillas piaban y aleteaban de una manera parecida a como lo hacen los gorriones blancos con los gorriones negros en Sudáfrica y el joven gorrión obrero pensaba que cuando a él lo despidieran como siempre no pasaría nada, porque era eventual, pero que cuando en la próxima crisis industrial despidieran a los gorriones plantillas de refinería, él iría a las manifestaciones de apoyo, pero no iría con tanto entusiasmo.

223 El escarabajo y las mierdas

Un escarabajo científico alemán, técnico en mierdas, publicó un voluminoso trabajo titulado "Die menscklicke Seize", que traducido quiere decir, la mierda humana, donde analizaba detenidamente la relación entre la mierda y las clases y estamentos sociales, y aunque existía, según ya barruntaba la sabiduría popular, una igualdad fundamental ante la ley, entre la mierda papal, real, episcopal, pobre o rica, todavía se apreciaban más diferencias en la textura, color, compactación, periodicidad y otras propiedades organolépticas que estaban recogidas en una montonera de tablas detalladas y gráficos de ordenador que no tenían mayor interés que corroborar la tesis fundamental de que los hombres por sus mierdas son iguales aunque no mucho, aunque sí resultaba de interés una nota de la página 419, en la que como ejemplo de conciencia de clase citaba una composición no muy poética recogida oralmente en la E. N. Bazán que decía:
Yo me fui al monte a cagar...

224 El dromedario y la salud

Había una vez un dromedario, que era médico Seguridad Social y alcanzó un grado tal de automatismo i daba salud ni saludaba, porque no miraba siquiera pacientes sino que les expendía las recetas a toda pastilla mientras leía en voz alta el nombre del siguiente en la lista de citas previas, y cuando fue sustituido por una especie de cajero automático pero en medicinas, que le pusieron de nombre DAS Dispensador Automático de Salud, la gente ni siquiera lo notó porque la máquina, para reconocer al cliente, o sea, para quién era, les tocaba la frente y las yemas de los dedos con un sensor extensible y retráctil y la gente se quedaba muy aliviada aparte de que las recetas las escribía más deprisa y más claras que el dromedario médico.

225 Hasta la última gota de sangre

Estaba una vez un cordero haciendo la mili, todavía no se habían inventado ni la objeción de conciencia ni la insumisión y un día vino a darles una charla un cura con sotana y un sombrero con un redondel que parecía el del planeta Saturno y había no sé por qué un esqueleto en la pared y el cura les dijo que tenían que derramar basta la última gota de su sangre, de ellos, porque ya ponía en el letrero de la puerta que todo por la patria y se ve que el cura se ganaba así honradamente la vida. Y esta fábula no es inventada, que me la contó el mismo cordero ya mayor que se llamaba el Nene, y como no ha salido nunca en los periódicos, por eso, la pongo aquí porque las fábulas son para las cosas que no tienen mayor importancia.

226 Jasón y Medea

Esta fábula va a ser un poco larga y empieza así:
Cuando Jasón abandonó a Medea para casarse con la hija del rey de Corinto, Medea se puso tan contenta, que le regaló a ella, creo que se llamaba Deyaníra, el mejor vestido que pudo encontrar en unos grandes almacenes de Corinto. Y es que resulta que Jasón se tiraba a veces hasta una semana en la taberna jugando y bebiendo con unos amigotes, que les decían los Argonautas, y luego contaban en la casa que venían de buscar el vellocino de oro, como si alguna oveja fuera a ser tan pánfila como para cambiar la lana por el oro que abriga mucho menos y pesa mucho más. Como Jasón encima tenía muy mal beber, cuando llegaba borracho perdido les endiñaba a ella y a los hijos unas palizas paternales de muerte. Bueno, pues, como todo el mundo sabe, cuando Deyanira se puso el vestido, que le sentaba muy bien, se quedó muerta del todo, pero no porque Medea ,hubiera envenenado el vestido, sino porque era de una nueva fibra experimental todavía no perfectamente homologado, a la que Deyantra se declaró totalmente alérgica y como las alergias no estaban muy estudiadas entonces, la pobre no tuvo remedio y se murió, y vamos más o menos por la mitad de la fábula que dice así: Entonces Medea comprendió que Jasón iba a volver con ella y con las palizas y le entró tal pavor que perdió un pelín la cabeza, mató a sus hijos de una vez, en vez de poco a poco como lo hacía el padre, y se suicidó brevemente. Era evidente que la historia contada así no coincidía con las pautas ideales de masculinidad vigentes por aquel entonces y por otra parte, la empresa fabricante del vestido, en la que tenían acciones hasta el mismo rey de Corinto y los grandes comerciantes de Atenas, para evitar responsabilidades consiguió echar tierra al asunto del vestido envenenado y colgarle el muerto (en este caso la muerta) a Medea, que como estaba también muerta no podía protestar, y se inventaron lo del vestido envenenado y los celos, porque ya se sabe que los celos son más creíbles que la bondad, que de ordinario resulta increíble y paciencia que ya casi acabamos. Por eso los trágicos griegos, como Eurípides, se vieron obligados a modificar un poco el argumento en sus tragedias griegas, que eran como los culebrones de entonces pero más cortas, para que la gente pudiera llorar a gusto sin poner en peligro la ideología machista y la industria textil, pero es evidente que con la versión original recogida en esta fábula, la gente hubiera llorado igual o más.

227 El sol lava más blanco

Cuando las organizaciones políticas no pensaban en la revolución ni soñando, lavaban en casa la ropa sucia, y la tendían en el sótano para que nadie la viera y de vez en cuando había gente que robaba calzoncillos o bragas de otra organización y los exponían en tablones de anuncios para que se pudieran ver las manchitas de los meados o los restos de los pichones, e incluso había gente que incomprensiblemente aireaba la ropa mal lavada de su propia organización cuidando de que se vieran bien las iniciales bordadas en punto de cruz; pero cuando la revolución estuvo más cerca algunas organizaciones, como sabían que era natural tener ropa sucia porque la ropa, cuando te la pones, se mancha, y lo que no era natural era no lavar la ropa y decir que estaba limpia, o lavarla mal y decir que está bien lavada, pues ya tendían la ropa al sol para que se asolease porque, junto con la lejía, el sol es uno de los mejores agentes blanqueantes de toda la vida y es mucho mejor quitar las manchas a plena luz que no tener que andar pintando los calzoncillos con pintura blanca cada vez que uno se los pone.

228 La torda y la devaluación de las palabras

Una torda inquieta militante obrera cristiana se devanaba los sesos para ver cómo se podría llamar hoy apropiadamente al reinado de Dios, porque se veía que las palabras se devaluaban como los sueldos y las monedas débiles, y no había quien se entendiera. Y si echaba mano, por ejemplo, de una preciosa profecía de Isaías que antes se cantaba en Navidad y que empezaba: "consolaos, consolaos pueblo mío", pues, en conjunto, aun parecía que valía, pero luego las palabras, una a una estaban irremediablemente chafadas con los clichés en la acera. Porque decía la profecía que "nos habían dado un niño, y que nos había nacido un hijo que llevaba el imperio al hombro, y que le pondrían de nombre, admirable, consejero, dios fuerte, padre del siglo futuro y príncipe de la paz". Y resulta que nacer un niño en general era bonito; pero que los niños no nacen en general, sino en particular, y los que se anuncian hoy a bombo y platillo son los nacimientos de los niños de los reyes, de los artistas y de los banqueros y estaba claro que la cosa de la Profecía no iba por ahí; y los hijos del pueblo que oprimen cadenas, además de que muchas veces eran un premio no deseado en la lotería, no venían nunca con el imperio en el hombro, y muchas veces ni siquiera trazan un pan debajo del brazo; lo de admirable, con tanto y tanto anuncio de televisión, sonaba a detergente, y no admiraba nada a nadie, consejeros los había a montones en los Gobiernillos Autonómicos, además de los consejeros de los buenos consejos de administración, pero ninguno había sido nunca de los nuestros; lo de dios, después de tantos dioses como adoramos hoy la gente, pues uno más no significaba gran cosa, aunque se dijera que era fuerte (y además de eso había mucho que hablar porque parecía que los suyos venían perdiendo siempre, por lo menos desde el Calvario, sí no antes), y por fin el intimo príncipe de la paz que parece que hubo en España fue Godoy, que menos mal que mucha gente no lo conoce, porque si lo conocieran, a lo mejor se acordaban de sus muertos: Así que en el total del despiece no veas cómo quedaba la profecía con la devaluación de las palabras y como siguiera así la cosa a lo mejor había que nombrar el reinado de Dios o hacer la teología a señas, como los mudos.

229 Tótem y tabú

El día en que volvieron a sacar a la calle, después de muchos años, el tótem de la tribu de Cartagena, Cuervo Ingenuo, en compañía de una cuerva que se llamaba Ana y había venido a visitar a su cuervo que se llamaba Jaime y estaba preso en la cárcel de San Antón, dio unos aleteos por el muelle donde había congregado un inmenso gentío CÍVICO-militar que aplaudía y que lloraba y Cuervo Ingenuo no se explicaba por qué. Porque el tótem era la estatua de una mujer con un muerto en brazos que se veía que lo habían fusilado a la moda antigua, o sea, crucificado, y por eso llevaba detrás una cruz chiquita con una sábana para envolver al muerto; y había gente con sotanas de colores que la llevaban a hombros por turnos y la bailaban; y también había una tonadillera, un torero y la guardia civil; y la estaban esperando en el muelle los sucesores legítimos de los que habían condenado y fusilado a su hijo, y hasta había tres barcos de guerra muy contentos con sus cañones y con sus banderitas de colores grandes y chicas; y, con el fervor, nadie se acordaba de que el tótem había sido chorizado a otra tribu de indios italianos; y había vendedores de chambis (que es como llamamos en Cartagena a los helados) y de cascaruja y de globos y de pulseras y de collares de los jipis; y aunque la gente ponía cara como de duelo (que no se sabía si era por el hijo de la mujer del tótem, o por Cartagena, que decían que estaba en las últimas) a Cuervo Ingenuo te parecía que era mucho jolgorio, mucha música, muchos colorines, mucho aplauso y muchas palabras para un funeral, que suele ser una cosa más seria de ordinario, y además estaba seguro que si ponía todo esto que había visto en una de sus fábulas, mucha gente buena se iba a cabrear, porque era un tema tabú.

230 ¿Entrará el gorgojo en acción?

Un gorgojo* pobre guardaba lo poco que podía en una Cartilla de Ahorros de la Caja Postal y un día le mandaron a casa una carta de una cosa que se llamaba Argentaria, que él había visto repartir dinero aparentemente a espuertas en el un, dos, tres. Con la carta venía un folleto con muchos colores que se titulaba: entre en acción, pero eso no quería decir haga Vd. algo, sino compre acciones a 25.000 pelas mínimo. También había visto algunos anuncios de la tele de lo mismo, y además con la música del coro de los esclavos de Nabuco que fue la misma con que se empezó a anunciar el grupo Torras para que lo comprara KIO y pasara lo que sabemos y otras cosas.
*Gorgojo.- Insecto coleóptero. Vive como parásito en las semillas.

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