Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

151 Una modesta proposición para el psicoanálisis

Un paciente miriápodo, doctor en psicología, propuso a un congreso de loqueros el cambio de nombre del psicoanálisis por el psicodiálisis, porque, afirmaba, la misión del psicoanalista no es precisamente analizar y hacerse un lío con Edipo, Electra, Clitemnestra y demás personajes de la tragedia griega sino sólo tirar suavemente de la cuerda o de la manta para que el paciente abocara el saco de la psique y luego los complejos, en cuanto les daba un poco el aire (oxigenoterapia) o el sol (helioterapia), se reducían a polvo igual que pasó con algunas momias que algunos arqueólogos primerizos habían desvendado y se habían hecho carbonato lo que era una lástima después de conservarse tantísimos años en el caso de las momias, pero no en el de los complejos porque ya estaba bien de que dieran tanto la tabarra al personal.

152 El papamoscas y los desnudos femeninos

Hubo una vez un papamoscas* crítico de arte que analizando los desnudos femeninos pensaba que las mujeres para estar guapas desnudas tenían que estar un poco llenitas y citaba como confirmación algunas películas eróticas que había visto en las que las protagonistas que estaban muy guapas desnudas, cuando salían con ropa daban la sensación de gordas y concretamente decía que los senos aunque no era necesario que fueran exactamente iguales debertán ser más bien generosos, (como los escotes de las novelas de antes) y que era verdad el dicho popular de que tiran más dos tetas que dos carretas como se veía por lo que pasaba con los hombres que, como tenían tetillas, no tiraban nada y habia que empujarles como a las carretillas.
*Papamoscas: Nombre de pájaro.

153 El jardin de las delicias

El papamoscas crítico de arte de la fábula anterior había visto de pequeño en el Museo del Prado el jardín de la Delicias del Bosco y hasta se había confesado por ver algunas de las cosas que había visto en el panel del medio como plantas, florecitas en el culo de alguien y otras cosas bellas y dulces que hacen en privado los que se quieren o quieren quererse. Y hacia el final de su vida se inclinaba a pensar que el cuadro tenía truco y que el Bosco había colocado los paneles al revés, porque el jardín de las Delicias del medio no era el presente porque no se daba ni todo, ni siempre, ni en todas partes, ni en público, sino más bien el presente era el jardín de las angustias del panel de la derecha, donde los placeres eran angustiosos y nada deliciosos por las estrecheces, humo y oscuridades de los sistemas y de las mentes hasta la fecha. Y que el futuro, si lo había, tenia que estar hacia la izquierda, para hacer de este mundo un jardín de las delicias, cosa muy posible, sana y conveniente y así los que quisieran podían pasar más hacia la izquierda hasta el panel donde aparecía Dios charlando con Adán y Eva. Por eso en la actualidad no era posible Dios, sino sólo los demonios, los curas, monjas y el Papa Wojtyla, porque Dios era la parte de su herencia, y de algo tenían que comer y que desde luego si el futuro era de verdad el panel de la derecha más valía apagar ya la luz del
mundo y tomarse unas píldoras de suicidín compositum.

154 El gato persa y su foto

Hubo una vez un gato persa, de los de cara de perro, que era naturalmente natural de Persia como las persianas y un día le hizo una foto un americano que vivía allí en tiempos del Sha y luego, cuando Jomeini hizo su revolución con una casete que grabó en París y que la gente oía y sacaba copias como las cartas de la cadena del misionero de Venezuela, y el americano se tuvo que ir a Boston, allí vendió la foto a una agencia de diseño que le puso al gato unas gafas de John Lenon, la imprimió en París en unas postales pequeñitas y luego se vendía en la tienda del museo Reina Sofía para ayudar a financiar una exposición de obras de arte moderno que eran un armario viejo lleno de mierda y una caja de zapatos pintada con fuchina y cosas así y por la postal se veía lo grande que era el mundo y lo pequeño que lo habian hecho las multinacionales sin darse cuenta que estaban preparando el camino para cuando a la gente ya no le interese sólo comprar y vender sino tomarse por ejemplo un té en Bagdad con unos amigos sin miedo a que lo misileen los yankis como objetivo estrictamente militar.

155 El monje y el pajarillo

En la Edad Media, ya sea porque los monjes se ensimismaron mucho, ya sea porque los pajarillas cantasen muy bien, se daba el caso de que había monjes que salían al jardín y se tiraban cientos de años oyendo cantar pajarillas y cuando volvían al convento habían pasado cientos de años y no conocían a nadie como recoge Carmen Conde en un cuentecillo para niños.
Más curioso, si cabe, pero menos conocido es el caso de otro monje que era copista y que se tiró también cientos de años oyendo al pajarillo y cuando volvió al convento tenían ya imprenta y fotocopiadora y el monje quedó tan maravillado con esta útima que casi casi se tira otros setecientos años mirándola embobado copiar en segundos lo que a él le había costado horas o días o semanas y decía que aquello si que era un milagro y no comprendía por qué era ilegal fotocopiar libros y que eso era como hacer pagar entradas por ver llover o necesitar un permiso por escrito para tomar el sol. Y por la noche, cuando se habían acostado todos, iba a ver a la fotocopiadora y le ponía lamparillas de aceite y le rezaba de rodillas la corona del rosario que tiene 150 Ave Mariás y la llamaba dulcemente Nª Sª de las Luces.

156 La tórtola y la fenomenología de la droga

Hubo una vez una tórtola que hizo una prueba de exámen para animadora sociocultural del Ayuntamiento y le pusieron Aproximación a una Fenomenología de la Droga y escribió que iba a prescindir metodológicamente de las drogas duras más organizadas y aceptadas socialmente como el militarismo el racismo y la religión y que ella se había aproximado al fenómeno de oído, por las explicaciones pastorales recibidas en un Colegio de religiosas y entrando en materia señalaba que los camellos solían empezar vendiendo al menudeo golosinas, (sobre todo de chocolate) o medicinas para superarse, en píldoras, que ellos llamaban pirulas o pastillas y luego se solían convertir en tratantes de ganado, que vendían caballos pero en singular y que, a veces, montaban también ellos a caballo (o según otros eran montados por él) y lo espoleaban no con espuelas sino con jeringuillas y al caballo lo querrán mucho porque sólo te daban agua destilada o embotellada. Los grandes camellos en cambio, no montaban a caballo, sino sólo tomaban Coca-Cola sin rabo (o sea sin cola) que parece que era seca y sin colorantes y se bebia como la horchata con pajitas o canutes pero por la nariz y acababa su análisis fenomenológico diciendo que la droga era carísima, la venta muy ambulante y que a los grandes camellos y consumidores ricos la droga les sentaba muy bien y a los camellos pequeños y consumidores pobres les sentaba fatal.

157 Difusión o infusión

En los años 40 se creó en un país una organización de conejos militantes obreros cristianos que copió muchas cosas de los conejos comunistas (que entonces los había, aunque mayormente en la cárcel o en el extranjero) y entre otras copiaron la responsabilidad de agitación y propaganda que ellos, para disimular, la llamaron de difusión y desde entonces los responsables de eso difundían como podían, según los estados de ánimo y las disponibilidades económicas, hasta que en los años 90 un conejo responsable, que por cierto era muy guapo, se peinaba a raya y se llamaba Miguel Angel, que era partidario más que de la difuión, de la infusión efusiva, o sea que en vez de difundir por ahí los papeles a voleo como si fueran pesticidas a lo mejor era preferible juntarse a tomar té, menta poleo o escaramujo con los amiguetes y conocidos para hablar o callar sobre algo, cosa que se iba perdiendo con el progreso, si bien era utilizada a veces por algunas organizaciones enemigas para vender cacharros de plástico o productos de limpieza extraños pero carísimos.

158 El hombre que decía verdades como templos

Hubo una vez un hombre naturalmente pobre que decía verdades como templos y decía muchas y, al principio, fue la cosa bien porque primero sirvieron para las parroquias que se juntaban en bajos y, luego, los aprovecharon las innumerables confesiones evangélicas o no que habían venido de Estados Unidos para evangelizar a los pobres que todavía no lo estaban y luego las utilizaron como viviendas provisionales la gente que vivía en chabolas o en las casas cochambrosas del centro de las grandes ciudades, pero al final ya no había utilidad para tanto templo ni sitio donde ponerlos y el país se parecía un poco a Roma y al Estado Vaticano y cuando el hombre que decía verdades como templos contempló lo que había hecho vio que no era bueno y ya se calló.

159 El gobierno preocupado por la literatura

Hubo una vez un gobierno preocupado por la literatura que habia oído algo de un tal Cervantes y de otro tal Miguel Hernández y por eso metió en la cárcel a todas las personas inteligentes no por mala voluntad, como denunciaron erróneamente las organizaciones de Derecbos Humanos, sino sólo y exclusivamente para que escribieran obras maestras.

160 El porvenir de las fábulas

Cuando el fabulista iba por la fábula 130 y tantas, todos los animales y personas que habían salido en las anteriores celebraron una asamblea en su cuarto y como él estaba en la cama, lo invitaron y el único punto en el orden del día era la protesta unánime por sacarlos en unas fábulas tan mediocres y tan politizadas, porque ellos tenían derecho al honor, a la propia imagen y a la supervivencia literaria y que así el libro iba a pasar a la posteridad más desconocido que los fragmentos perdidos de Heráctito, a lo que el autor, un poco dictador como todos los creadores, contestó acogiéndose a la paternidad responsable y a la vigente libertad de empleo y que ellos eran libres de ir por ahí a otros fabulistas antiguos y modernos a ver si los contrataban con tanto cariño como lo hacía él y que muchas de las barbaridades que él decía, era necesario que alguien las dijera y a lo mejor no se podían decir de otra manera y casi los iba a convencer cuando se hizo de día y se fueron a trabajar todos los que tenían trabajo y los que no a hacer cola en el INEM, así que no se sabe si a partir de ésta va a haber más fábulas ni cómo van a ser, aunque se supone.

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