Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

131 Las últimas cofradías

Antes de que a la gente le diera por ser feliz y fraternal y desapareciera por extinción natural el fenómeno de las procesiones y de las drogas duras, hubo un resurgir frondoso de nuevas cofradías, una de las cuales fue la de Los Santos Angeles Maderos en el paso del Prendimiento, integrada solamente por cofrades funcionarios del Cuerpo Superior de Policía; aunque la más notable fue tal vez la Muy Legal y Muy Deslustrada Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de la Droga Dura, fundada por yonquis confesos, que tenía como paso principal una talla de Capuz financiada por los grandes camellos clandestinos conocidos por todos, que representaba la Virgen vestida de punki con el corazón traspasado por 7 jeringuillas y que el Lunes Santo tenía su propia procesión de las promesas, donde Únicamente salían drogotas descalzos y con el mono, dando unos aullidos que llenaban de espanto y devoción a los espectadores y los hacían levantarse de las sillas de alquiler, que para entonces valían ya 5.000 pesetas cada una, y a lo mejor eso ayudó también a la extinción natural.

132 El Evangelizador evangelizado

Un conejo militante obrero cristiano, después de una intensa búsqueda, encontró un día un conejo obrero ateo y, aunque ese conejo obrero ateo no era todo el mundo obrero, (que era lo que él quería, según su misión, evangelizar), pensó que por algo se empieza y quiso evangelizarlo un poco, porque lo veía amable y receptivo; y brevemente le hizo una síntesis, un poco apresurada por el fervor, de las últimas encíclicas papales, el índice del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica del Cardenal Ratzinger y un artículo del nuevo TÚ, número cero (una hoja en papel cuché publicada por su organización con destino a los conejos obreros) escrito por el conciliario general (que por cierto era de Granada) y que se llamaba "Nosotros anunciamos a Cristo Crucificado".
El conejo obrero ateo, que además de ser amable y receptivo, sabía algo de griego, le dijo que muchas gracias, pero que se revisara y se discerniera a si mismo tranquilamente en casa a ver si en vez de evangelizar (que significaba dar buenas noticias), cacangelizaba (es decir daba malas noticias o noticias de mierda, como cualquier telediario); y que realmente a él le hubiera gustado oír lo que decía Jesús de Nazaret, o sea, que la revolución se acerca, que hay que cambiar el coco y creerse de veras esta buena noticia, que si que era buena noticia para los pobres, o sea evangelio de verdad.

133 Cuando será el fin del mundo

Había una vez un hombre en Cartagena que dibujaba muy bien, pero por culpa de unos electrochoks y unas ensaladas de pastillas que le atizó una doctora que se llamaba doña Laura tenía el terrado con goteras y estaba muy preocupado por saber cuándo iba a ser (o si ya había sido, a lo mejor) el fin del mundo porque quería que le volvieran a crecer 6 ó 7 dientes que se le habían caído y ver la multiplicación de los danones en Nueva York para que se los pudieran comer los viejos que vivían en las calles con la casa a cuestas y se murió así sin saberlo, porque se ve que eso de cuándo será el fin del mundo es muy difícil de saber y lo mismo parece que estamos a punto de acabar que da la sensación de que no hemos empezado todavía.
Para Juan Jiménez López 26 marzo 1993

134 La gente que todo lo aprovechaba

Una vez en el futuro había un pueblo que hizo la revolución y desde entonces lo aprovechaban todo hasta los defectos que tenemos la gente y, por ejemplo, las vecinas gotedoras se preocupaban ahora por enterarse de quién estaba malo para curarlo enseguida y llevarle la comida y los que tenían unas manos que todo lo rompían se encargaban de archivar las últimas injusticias que quedaban y las dejaban hechas mixtos, migas, fosfatina o carbonato según el tamaño de la injusticia y cosas y personas que nunca habían servido para nada se volvían útiles para algo y se entretenían y se lo pasaban tan bien como nos lo pasaremos nosotros cuando la hagamos y seamos felices y comamos perdices si damos a los opresores con el plato en las narices (pero sólo hasta que dejen de serio).

135 Recuerdos de una langosta
Lo cierto es que el faraón se lo tenía merecido y nosotras hicimos el trabajo no como si se tratara de una plaga cualquiera, sino con un gusto especial, pero casi todos los sucesos milagrosos, o fenómenos naturales interpretados religiosamente como milagros, tienen algún pero; y éste tuvo por lo menos dos:
Lo primero que hubo langostas que en vez de limitarse a los jardines reales y a las grandes propiedades, se comieron los huertecillos de los pobres.
Y la segunda, que si llegamos a saber lo que iban a hacer los israelitas con los palestinos en el siglo XX, todavía estaban en Egipto y no hubiera habido ni éxodo ni hostias.

136 La termita iconoclasta

En el siglo de oro había también algunas casas de madera y una termita que iba todos los días a la Iglesia, en parte por hambre e instinto natural y en parte porque te parecía que tanta imagen y tanta imagen era un poco idolatría, acabó comiéndose entera una imagen por los pies. La imagen no valía nada, porque la termita que era bondadosa se había comido la más fea, pero la termita fue detenida por la Santa Inquisición y acusada de sacrilegio.
Sin embargo se defendió tan agudamente con la crítica que el profeta Isaías hace de los ídolos, que el Santo Tribunal la absolvió de ese delito, pero acabó condenándola a la hoguera, porque según el testimonio tan secreto como falso de otras dos termitas devotas, cuando entraba en la Iglesia no se santiguaba con agua bendita. Y los inquisidores no lo hicieron a mala leche, sino para que no fuera a reavivarse con los vientos reformistas que soplaban por Europa el fervor de los iconoclastas, y además porque, como poseían un importante paquete de acciones en el gremio de la imaginería, no querrán provocar más paro obrero de sus beneficios.

137 Origen e ideología del medio pollico

Un erudito aladroque de nuestra ciudad acaba de hacer públicas unas investigaciones filológico-históricas sobre el famoso medio pollico que aparece en los cuentos de tradición oral recogidos entre otros por el buen gringo Espinosa y por Fdz Almodóvar. El medio pollico era natural de Roche y la culpa de ser sólo medio la tuvo el pedáneo (al que fueron con las quejas las dos comadres) que no había podido leer hasta el final el juicio de Salomón porque una cabra se le había comido media Biblia que por cierto era la traducción de Cipriano Valera. El medio pollico fue minero como se veía por la fuerza con que reclamaba su salario:
Pío, Pío, Pío,
Quiero lo que es mío
Y republicano federal como aparece en el estribillo final que es una crítica solapada a la institución monárquica
Zuro, zuro, zuro
Al rey le be visto el culo.
Y añadía el erudito aladroque que si el ciudadano rey no le quiso devolver lo que era del pollito, éste hizo bien en darle por ahí, es decir en cantar ese estribillo burlón.

138 Los males de la pornografía

Hace muchos años, en una país de pajarillos variados, Oficialmente laico, pero con una mayoría sociológica católica reconocida por la Constitución, se leyó en todas las Iglesias una instrucción pastoral del Excelentísimo y Reverendísimo Sr. Buitre Arzobispo General Castrense en la que tronaba con santo celo contra las revistas y películas pornográficas porque luego la gente iba y fornicaba (es decir, tenía cópula carnal fuera del Santo Matrimonio) en las tres formas posibles, a saber, singular (haciéndose una paja) dual (en sus tres formas posibles AB, AA, BB, dos de ellas nefandas) o plural (con combinaciones múltiples); y, si, un suponer, la cúpula de avispas militares de la institución a la que pertenecía se veía obligada a declarar esa misma noche una guerra justa, atómica o, de ordinario, convencional, y en los planos salía que tenían que matar a todos los ciudadanos de su propio país, como muchos habían pecado fornicando por causa de las dichosas revistas y películas pornográficas, se iban a ir derechos al infierno, y era un cargo de conciencia para los pobres militares que no hacían más que cumplir con su deber, y para él mismo, cuya misión era darles su bendición en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amén.

139 La papagaya y las muchas casas

Hubo una vez una papagaya rica a la que le dio la manía de comprar casas y cuantas más, mejor; pero tenía continuas y cíclicas depresiones porque no podía vivir más que en una y, aunque le había puesto una montonera de cuartos de baño, tampoco podía cagar más que en uno cada vez y eso, a pujas, porque andaba estreñida y al final se murió igual que si hubiera tenido una casa o ninguna, aunque algunos decían luego que no, que se había muerto un poco antes, pero igual daba.

140 El caracol y el libro

Hubo un caracol parecido a Cioran que una vez, en vez de suicidarse, escribió un libro y le salió un poco amargo y lo tenían que vender en las librerías con un tarro de miel de la Granja San Francisco y tuvo bastante éxito por el morbo de la campaña de propaganda que montaron a dúo la editorial y el sponsor y eso animó un poco al caracol y hasta fue un día a una Feria del libro a firmar ejemplares y una señora te dijo que le había gustado mucho su libro porque escribía casi tan bien como Vizcaíno Casas y el caracol ya no escribió más y se suicidó definitivamente.

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