Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

101 El perro, el canario y los dibujos animados

Una mañana de día de San José de 1993, un perro y un canario estaban viendo en la tele una película de dibujos animados de Carlitos, en la que dos crías de EGB discutían como personas mayores por el amor de otro crío de EGB, que se había subido a un tejado con nieve, y una de ellas mandaba para rescatarlo, sin importar el precio, a un pajarilla con casco, que pilotaba a un perro que era el helicóptero y las aspas eran las orejas largas y negras y estuvieron a punto de reírse, pero resulta que notan que las tiras eran yanquis y el doblaje que parecía venezolano, debía ser chileno porque una creía decía no se qué de Santiago y del desierto de Atacama y entonces se acordaron de Allende y de Víctor Jara y de Pinochet que seguía haciendo de Júpiter Olímpico en Chile y no tuvieron más remedio que acordarse dulcemente de los muertos de Schulz (a sabiendas de que tal vez él no tenía mucha culpa sino quizás sólo el Gobierno y las multinacionales de su país) y apagar la televisión.

102 El yacaré de Venezuela y los jesuitas de Misión Obrera de las Españas

Una vez un lagarto jesuita obrero emigró a Venezuela, y allí, por efecto de las malas compañías de Jesús en forma de obreros y cesantes (que es como llaman allí a los parados) se convirtió en yacaré (o sea, cocodrilo americano, como los yacarés que habían participado en la guerra de los yacarés de Horacio Quiroga) y escribía cartas desde su carey (que es una choza redonda hecha con palicos y canicas, como debieran ser todas las construcciones teológicas) a los jesuitas obreros de las Españas, que también se habían convertido en fauna suburbana por efecto de las malas compañías de Jesús en la misma forma de obreros y parados y en otras formas derivadas y concomitantes.
Y las cartas eran como profecías de Jeremías e Isaías (juntos y por este orden) traducidas del hebreo por Carlos Marx. Y se veía que, aunque no sabía del todo lo que había que hacer, sabía dónde tenía que estar; y por eso ayudaba bastante a los de aquí, que tampoco sabían qué era lo que había que hacer (y quizás mejor, porque los jesuitas son siempre peligrosos para el mal y para el bien) y además sentían unas tentaciones tremendas de largarse de donde tenían que estar, tentaciones que él les ayudaba suavemente a vencer.

103 La pulga y las ladillas de la CIA

Una Pulga investigadora privada denunció no hace mucho una nueva técnica de la CIA para encojar aun más los movimientos populares y era que ladillas infiltradas en el aparato del Estado Central y en los aparatillos autonómicos y locales detectaban las iniciativas populares no gubernamentales más avanzadas en educación de adultos, lucha no paternalista contra la drogadicción, educación multiétnica etc. etc. y así, y les asignaban subvenciones para que llegaran a un nivel medio bueno de funcionamiento y un buen día, con cualquier pretexto como por ejemplo, que no hay fondos, cortaban el grifo de las pelas y como las iniciativas se habían acostumbrado a volar con el aire de las subvenciones, estaban en un tris de irse al suelo y, aunque algunas no, la mayoría se daban unos batacazos de miedo de los que no se recuperaban nunca o muy muy tarde, como se puede ver por ahí sin ir más lejos.

104 Los aladroques y el viernes de dolores

Un aladroque*, que era fervoroso cofrade desde chiquitito se encontró un Viernes de Dolores con otro aladroque que estaba parado sin subsidio hacia 7 meses y que no iba vestido de fiesta sino así como de duelo, y le reprochó con fervor y patriotismo su actitud y vestimenta en día tan señalado como la fiesta patronal (que debería llamarse matronal, pero así es el machismo). Para mí, tío, dijo el aladroque parado, hace 7 meses que todos los viernes son viernes de dolores, y todas las semanas, semanas de pasión y cada uno de los 7 meses de paro sin subsidio un cuchillo clavado en el pecho. Y, efectivamente, se abrió la camisa y aparecieron los 7 cuchillos clavados en el pecho, como en la imagen de la Virgen de la Caridad, con la diferencia de qué cada cuchillo llevaba en el mango el sello del INEM. Amén.

*Aladroque. Voz muy cartagenera. Pez: boquerón.

105 Los nuevos trabajadores

Había una vez una época en donde la fortaleza de las clases trabajadoras no se manifestaba mucho, salvo en la pretensión que tenían los enemigos seculares del mundo del trabajo en considerarse ellos mismos trabajadores. Y así era reconfortante Y edificante ver a los jueces y directores de prisiones afirmar que no hacían otra cosa que su trabajo, (si bien es verdad que los verdugos no lo podían decir ya, porque no había pena de muerte, y por otra parte a los torturadores les daba corte hablar en público de su trabajo) y lo mismo de edificante era oír al Ministro de Interior y a los delegados del Gobierno en las Comunidades Autónomas afirmar que los picoletos y maderos eran unos trabajadores más de los muchos trabajadores y que no hacían otra cosa que su trabajo, si bien es verdad que las clases trabajadoras de toda la vida no se lo creían del todo, porque las herramientas de trabajo que manejaban los nuevos trabajadores eran un poco extrañas y su mesa de trabajo caía encima de los lomos de los antiguos trabajadores y, por eso decían que no trabajaran tanto y que sus chaquetas siguieran siendo ejemplo de vagancia como habían sido siempre y que se llamaran como quisieran pero trabajadores, mejor no.

106 El fabulista y el porvenir de las fábulas

Un fabulista mientras miraba crecer el montoncito de sus fábulas (iba ya por la 106 que es ésta) se preguntaba como un padre cualquiera que sería de ellas y si las leerá alguien voluntariamente alguna vez. Como estaba acostumbrándose a pensar en clave cosmopolita desde que leyó La paz perpetua de Kant (que era un libro transparente al contrario de La Crítica de la Razón pura, que era macizo y espesote y oscuro y que quizás hubiera sido distinto si Kant hubiese nacido en el Algar donde hay tanta luz en vez de en Königsberg) comprendía que ni siquiera la Biblía, el Corán o el Quijote, que eran de los libros más famosos, habían sido leídos por todos los habitantes del mundo que eran muchísimos y cada día más y se consolaba pensando que además de sus amigos, amigas, amantes y confidentes de la policía que sí las leerían o se las oirián leer, a lo mejor entre tanta gente sabía alguno que alguna vez leía voluntariamente alguna de sus fábulas y con eso se consolaba y seguía escribiendo, aunque en el fondo, era tan rara la fiebre que lo inspiraba que aunque nadie leyera nada de lo que escribía, hubiera seguido escribiendo.

107 El pescadito que se convirtió en pez gordo

Hubo una vez un pescadico chico que era revolucionario e ingresó en una organización militante preparada para la toma del poder ( aunque no sabía exactamente qué poder, o poder de qué, pero eso es otra fábula) y en el proceso de acumulación de fuerzas populares, parte de las fuerzas las acumuló él personalmente en forma de proteínas y se convírtio en pez gordo y ya no veía las cosas de la misma manera que cuando era pescadico chico revolucionario ni siquiera con gafas y se movía poco, aunque tuviera unos colores irisados y brillantes que quedaban muy bonitos en los acuarios institucionales.

108 El gorrión y el pan nuestro de cada día

Un gorrión que asistía a la catequesis con asiduidad se negaba insistentemente a pedir en el Padre Nuestro.- Danos hoy nuestro pan de cada día, y discutía con la paloma catequista, que lo de pan valía, lo de nuestro, regular, pero tenía un pase (aunque había algún manuscrito que decía tu pan y hubiera quedado más claro), pero lo de cada día, ni hablar del peluquín, que seguro que estaba mal traducido del griego y el griego mal traducido del arameo, porque eso era confundir al Padre con la panadería tradicional donde había que ir por el pan todos los días y que el mismo BIMBO y el PANRICO lo hacían ya para que durara una semana o más (aunque es verdad que sabía un poco a chicle) y que si jesús había dicho que no había que preocuparse por la comida y el vestido, no nos iba a hacer pedir el pan todos los días, como si el Padre no supiera lo que necesitamos, y que si no se daba cuenta la paloma Catequista que todas las siete peticiones del Padre Nuestro eran la misma hecha poesía para que quedara más clara y bonita y que lo único que se pedía era que viniera ya de una puñetera vez el reinado de Dios (que aquí se pedía con la forma del pan del futuro) y no porque el Padre no lo quisiera (que esa era precisamente su voluntad), sino porque la mayoría de la gente buena estaba tan asustada de lo que podía ser, que desde dentro de la religión trabajaban inconscientemente para que no viniera ni hoy, ni próximamente, sino a lo más pronto el día del juicio y a ser posible por la tarde.

109 Nuevas confidencias del tiempo

En una segunda entrevista que le hizo la misma lombriz periodista larga el tiempo recordaba que ya había habido gente tremendamente lógica y poética que afirmaba que él no existía porque el tiempo pasado ya no era, el tiempo futuro todavía no había venido y el presente eran décimas de segundo que se escapaban como agua entre las manos, lo que quedaba muy bonito pero que todo el mundo sabía que no, que él existía como movimiento y que por eso lo mejor era llamarte entretiempo (como hiciera el fabulista titulando sus fábulas: fábulas del entretiempo") y que de todos modos en el mundo desarrollado la gente no tenía tiempo para nada y al mismo tiempo se perdían grandes cantidades de tiempo lo que era un desastre sociológico y que aunque Marcel Proust había ido en busca del tiempo perdido durante 7 gruesos volúmenes, todavía había montones de tiempo en las oficinas de objetos perdidos de los Ayuntamientos, en los contenedores de basura, en las aceras y hasta en las calzadas donde entorpecían el tráfico de la gente que no tenía tiempo y por eso iba a toda pastilla y que se podían haber parado y cogido un saco de todo ese tiempo perdido y aprovecharlo por ejemplo haciendo el amor, leyendo un libro, escribiendo una fábula de cualquier otro modo, o empujando el mundo hacia el futuro perfecto donde ya no habría tanta escasez ni tanta pérdida de tiempo, sino mucho tiempo sobre todo para ser feliz.

110 El hombre y la felicidad

Hubo un hombre que solo se preocupaba de la felicidad de los demás, pero a todo el mundo decía que lo hacía por egoísmo puro, porque le resultaba imposible ser feliz él mientras supiera que había gente que no lo era. (Más en privado ante sus amigos reconocía que esto no era pura verdad al 100% pero a él te hubiera gustado que sí lo fuera).

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