Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

71 Los escarabajos que solo luchaban cuando les tocaba

Hubo hace años una época de crisis como todas las épocas en la que los escarabajos obreros, naturalmente con excepción de los escarabajos peloteros, luchaban por su salario sólo cuando les tocaba a ellos. Y así, todos los días iban a trabajar, y, mientras, la fabrica o la comarca que tenía dificultades luchaba y perdía; y luego, cuando les tocaba a ellos, luchaban a su vez, las recibían todas en el mismo carrillo y volvían a perder, porque, en cambio, los escarabajos empresarios luchaban por su beneficio todos los días, aunque no les tocara expresamente a ellos.

72 El pollito y los tabúes sexuales

Había una vez un pollito que deseaba romper con los tabúes sexuales, convencido de que el sexo era un don del cielo para la comunicación placentera; pero vio que no era tan fácil dentro del sistema capitalista, y que él mismo y la gente sexificaban bastante mal, peor que en un vis a vis de los establecimientos penitenciarios, por la competencia, la propiedad privada y el ansia de beneficio inmediato y máximo; y, cuando ya era mayor, pensaba que qué lástima, con lo bonito y sencillo que era y el poco tiempo que llevaba, y lo contento y relajado que dormía uno, y que, con el tiempo y una caña, las cosas mejorarían.

73 La televisión totalmente interactiva

Cuando se generalizó el uso de la TVTI (Televisión Totalmente Interactiva), hubo al principio algunos incidentes molestos para los profesionales del medio que, hasta la fecha, habían actuado con total impunidad. Por ejemplo, cuando en los telediarios se seguían predicando sermones en vez de noticias, algunas manos televidentes empezaron a agarrar por el cuello al presentador y luego, pensando que él era un mandado, se introducían por los platos, buscando los cuellos de los realizadores y de los directores; de resultas de lo cual, los telediarios mejoraron algo, aunque algunas cadenas los sustituían a veces por culebrones o telefilmes americanos, que se veía más claramente que eran filfa, pero que la gente se los seguía bebiendo como palabra de Dios.

74 Memorias de una gallina

Una gallina madura publicó unas memorias críticas en las que analizaba los cambios tecnológicos acaecidos en la producción de huevos desde los tiempos patriarcales a la actual era de los hipermercados. Consideraba positivo el que hoy no fuera necesario ya ser padre para comer huevos y que el pollo no fuera sólo bocado para la reina Nefertiti sino patrimonio universal, a pesar de que su gusto y sabor actual se acercaba a veces al plástico o bien a la materia prima sin forma substancial de la filosofía aristotélica. Sin embargo se quejaba de que las gallinas tenían que trabajar ahora a tres turnos la misma gallina, con luces por la noche en los gallineros, donde las viviendas económicas de pisos que les habían construido apenas permitían rebullirse y, con el mito de la productividad, si una se olvidaba de poner huevos dos días, iba a la cazuela, y por eso acababa añorando los tiempos en que las gallinas se paseaban por las eras y por los portales y eso, a pesar de las zorras, los milanos y los gavilanes, porque, claro, no existe la dicha perfecta, por ahora.

75 El fabulista que leía sus fábulas a los animales

Hubo una vez un hombre corriente que sufrió una infección aguda de fabulitis y escribía fábulas sin parar, y luego atracaba con ellas a los amigos y conocidos y se las leía, con frecuencia dos o tres veces y la gente le huía . Entonces le dio por leérselas -como san Antonio de Padua- a los animales domésticos y, cuando podía, silvestres a ver qué tal. Los animales comprendieron enseguida que ellos en las fábulas representaban a las personas humanas; pero decían que cómo eran tan extraños, complicados e infelices; y que, aunque por casi todas las fábulas se veía que era posible que mejoraran, pues que gracias, y que por el momento preferían seguir siendo tan animales como eran y esperar a que el proceso de hominización de los hombres avanzara un poco más y entonces se plantearían el salto evolutivo.

76 El niño bonito

Una vez una madre tuvo un niño tan bonito que todo el mundo se lo comía a besos y estuvo en un tris de que no te dejaran nada de niño. Menos mal que lo afeó un poco y así pudo el niño, ya no tan bonito, pero pasable, sobrevivir hasta el momento de hacer la mili y estando allí lo enviaron, a pesar de las promesas de Felipe del año 1985, por ahí fuera a una misión humanitaria de la OTAN a que lo espachurrara un camión en una falsa maniobra.

77 Las orugas del tercer mundo y la sociedad de consumo

Una vez en el pasado, en el presente o en el futuro imperfecto se popularizó el mito de la sociedad de consumo, se presentó en la ONU una delegación de orugas de los países pobres que solicitaban el derecho a participar de lleno en esa sociedad mas allá de las pocas gorras de visera y latas de Coca Cola light que ahora les llegaban. El asunto, debido a la elasticidad de los reglamentos, se trató únicamente en el Consejo de Seguridad que le informó de que, en la actual división mundial del trabajo, todavía no les tocaba a ellos ser consumidores, ni siquiera a muchos de ellos ser consumidos por los países ricos, si no en general consumirse de asco, lo cual, además de un alto contenido ecológico tenía un efecto ejemplarizante para la armonía universal ya que, gracias a eso, los consumidores de los países ricos consumían con el ritmo adecuado y algunas ONG podían desarrollar, dentro de un orden, acciones de solidaridad, que serían más eficaces cuando se abarataban los transportes internacionales cuestión que estaba en estudio.

78 Los alcaravanes sindicaleros en clave cosmopolita

Cuando la conciencia obrera volvió a funcionar en clave cosmopolita, o sea, internacionalista, los alcaravanes sindicalistas de los países del centro experimentaron grandes contradicciones internas al preparar sus tablas reivindicativas. Porque si pedían aumento de sueldo, como era su obligación, se daban cuenta de que sus burguesías se lo concederían aumentando la explotación de la periferia, donde, a su vez, las burguesías periféricas sobreexplotarían a su proletariado periférico, dejándolo más en cueros, si eso fuera posible. Y si no lo pedían, como aconsejaban los gobiernos socialistas en nombre de la solidaridad, sabían que sus propias burguesías aumentarían sus beneficios tan ricamente. Por eso se quejaban amargamente del actual reglamento de los partidos del fútbol económico, ya que así los goles solamente se podían meter en su propia portería.

79 El declive de la aristocracia obrera

Hubo un tiempo en que se generalizó el trabajo precario y la famosa y discutida aristocracia obrera bajó mucho de categoría. Así, por ejemplo, si uno ligaba un trabajo de seis meses, todo el mundo lo consideraba conde; sí de un año, duque, si de año y medio, marqués; si de dos años, conde duque; y con un contrato de cuatro años uno era un rey. Los afortunados colgaban los contratos enmarcados en maderas nobles en el comedor de la casa, y grababan escudos con el logotipo de la empresa encima del dintel de la puerta y algunas otras memeces como hacerse tarjetas de visita con el canto dorado, que desaparecieron todas cuando hubo unas inundaciones terribles de conciencia y todos los obreros comenzaron a considerarse iguales poco más o menos.

80 La asamblea general de animales y plantas

Según unas confidencias de un pastor del Campillo de Adentro de la Azohía, los animales y plantas de toda la creación celebran todos los inviernos una Asamblea en la que el único punto del orden del día es si se han manifestado ya los hijos de Dios o si los hombres siguen tan cepas como siempre. Después de la respuesta negativa, lloran un poco con gemidos de parto para darle la razón a san Pablo (que se equivocó en tantas otras cosas) y se despiden hasta el invierno siguiente sin perder toda- vía la esperanza.

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