Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

41 El burro, la flauta y los fabulistas

Un burro y una flauta amigos solían salir al campo juntos, y un día fueron sorprendidos haciendo el amor por un fabulista que les hizo una fábula famosa para zaherir a los literatos diletantes, confundiendo los gemidos de amor de la flauta con la casualidad, y los relinchos del burro con vanagloria.

Años más tarde ambos emigraron a Méjico, donde otro fabulista también emigrante los asustó inadvertidamente mientras volvían a hacer el amor en el campo, e interpretó su turbación y separación momentánea como una sorpresa y separación definitiva en una fábula muy dulce y poética.

Algún tiempo después volvieron a la Península y fueron nuevamente contemplados haciendo el amor en el fondo de una rambla llena de romeros y alhucemas en flor, desde una distancia prudencial, por otro fabulista que fue testigo de que tuvieron, sobre todo la flauta, varios orgasmos y que la música en que los expresaban era superdulce, como un anticipo, en plan reducido, de la felicidad universal.

Pero aún es posible que, en otra ocasión, algún fabulista los sorprenda y nos sorprenda otra vez con datos nuevos e interpretaciones, quizá más hermosos que los anteriores.

42 La ardilla que quería arreglar el mundo

Cuando los animales superiores se enteraron de que había una ardilla que quería arreglar el mundo, la convencieron de que empezara por arreglar su propia casa; y la ardilla tuvo que pedir un crédito al banco y, como el dinero que compraban los ,pobres estaba un poco caro, ella y su compañero se tuvieron que matar a trabajar durante 50 años y la ardilla, aunque en los ratos libres, que eran poquísimos, aún seguía intentando arreglar lo que podía del mundo, pensaba que hubiera sido mejor ir haciendo las dos cosas a la vez.

43 El hombre público que quería cambiar de imagen

Un hombre público quiso cambiar de imagen para presentarse a unas elecciones municipales, pero se encontró con un asesor honesto que le dijo que la imagen que tenía era ya tan espantosa que era imposible cambiarla por otra y que lo mejor que podía hacer era no cambiar la imagen, sino cambiarse a sí mismo. Como el asesor, además de honesto, era convincente, lo convenció y el hombre se cambió a sí mismo y, por suerte, hacia mejor y, como es natural, no volvió a presentarse a ningunas elecciones, sino que se puso a trabajar, y aprendió a vivir con el sueldo base y fue mucho más feliz y querido de la gente que si hubiese sido concejal votado por su imagen.

44 El ateo, la Iglesia y la salvación.

A un ateo bondadoso, muy versado en las cosas de Dios y en la filosofía escolástica, le sobrevino, un día que paseaba por el campo, un extraño silogismo que decía: fuera de la Iglesia no hay salvación. Es así que parece que el Papa Wojtyla y el Cardenal Pepe Ratzinger no tienen salvación. Luego, parece que el Papa Wojtyla y el Cardenal Pepe Ratzinger están fuera de la Iglesia. Y le parecía que, primero, la premisa mayor se probaba por ser doctrina católica a la que se le había sacado el brillo en la restauración postconciliar; segundo, la premisa menor era evidente por la experiencia subliminal universal, y eso a pesar de las fervorosas adhesiones multitudinarias en los viajes del Papa; pero se resistía internamente a aceptar las consecuencias de la consecuencia, no fuera a ser que el que estuviera dentro de la Iglesia fuera él, lo que te hubiera molestado cantidad, o sea, muchísimo.

45 La cosecha de margaritas

Un año hubo por fin una cosecha impresionante de margaritas amarillas y blancas por los baldíos. Sin embargo, entre las flores cultivadas había corrido el rumor de que aquel año, las margaritas, cabreadas con las injusticias del mundo, habían estado a punto de no salir y que, al final salieron, fue para que los pobres pudieran adornar gratis sus casas y los ricos aprendieran a poner sus riquezas a disposición de todos. Pero los pobres adornaron sus casas con flores de plástico que estaban de oferta en el PRYCA y los ricos no pudieron aprender nada, porque como iban en avión o a 180 por las carreteras, ni siquiera las vieron. Y lo más curioso es que las margaritas no se desanimaron, porque al año siguiente volvieron a salir otra vez.

46 La epidemia ascético mística

Hacia el final del segundo milenio, como suele suceder en los fines de los milenios, se declaró una fortísima epidemia atípica ascético-mística y algunos camaleones grandes, vividores públicos y plumíferos profesionales comenzaron a predicar de vírgenes y santos, visiones y apariciones, publicaban calendarios espirituales a medio camino entre los tacos del Mensajero del Corazón de Jesús y los de Mafalda, asistían a coloquios con obispos y otros profesionales del largo camino de la salvación y lograron así unos ingresos no desdeñabas, de los que decían que dedicaban una parte a obras caritativas tipo Madre Teresa de Calcuta, reservando la mayor parte para la principal obra de misericordia de su catecismo particular que era vivir como Dios.

47 Las hoces y el martillo en el paro

Con la crisis de los partidos comunistas de los países occidentales y el derrumbe del llamado comunismo de los países llamados socialistas, una cantidad considerable de hoces y martillos se fueron al paro sin subsidio. Muchos de ellos no sabían otra cosa que estar en escudos o banderas, adornando edificios públicos, medallas o papeles y tuvieron dificultades para salir adelante en el primer mundo, porque todo se hacia ya con máquinas segadoras y martillos pilones o neumáticos y remachadoras. Entonces emigraron masivamente al tercer mundo, donde la gente sacó filo a las hoces y segó, y esgrimió los martillos y clavó clavos, y como son tantos en esos países tan pobres, no quedó ni un solo martillo ni una sola hoz en el paro y hubieran hecho falta muchísimos más.

48 Las olimpiadas de la bondad

En un lejano país se organizaron un año unas olimpiadas de bondad que resultaron un fracaso estrepitoso; porque las bondades, cuando vieron la jeta de los patrocinadores, no querían ir y hubo que llevarlas amarradas, con lo que el rendimiento bajó muchísimo, y las bondades que se presentaron voluntariamente se demostró que eran más falsas que un duro de madera; y es que parece ser que la bondad, cuando se expone mucho a la luz, se aja y pierde mucho, y desde entonces ya no se organizaron más olimpiadas y la bondad volvió a ser de dominio público subterráneo, como ha sido casi siempre, de modo que, si una persona tiene bondad, no se ve, pero se nota.

49 Las cinco avispas militares

Cinco avispas militares que formaban un pentágono conectado por los cinco vértices a los trusts de avispas fabricantes, comerciantes, traficantes y revendedoras de armas, y que estaban firmemente convencidas del aforismo latino si vís pacem, para bellum, o sea, si quieres la paz, prepara la guerra, afirmaron en una conferencia de prensa sobre la preparación de la guerra que lo que más costaba era: primero, fabricar el enemigo, y segundo, fabricar las noticias de prensa, que deberían estar completamente redactadas antes de empezar la guerra para informar a la gente de lo que era conveniente que supiera. Una vez amarradas estas dos cosas, lo demás era tremendamente sencillo y sólo se trataba, como siempre, de hacerlo todo polvo y no dejar títere con cabeza. De cobrar las indemnizaciones de guerra y lograr los contratos de reconstrucción se encargaban ya avispas civiles.

50 El diario de Diógenes

Hoy, 8 de marzo de 1993, he bajado del Olimpo a Cartagena a echar unas horas en mi tarea favorita de buscar un hombre a mediodía con un candil Parece que será mejor responder al que me pregunte: ¿qué buscas?, que busco una persona humana, por el auge del movimiento feminista. He buscado una persona humana entre los ricos y no había, porque no tienen tiempo para eso. He buscado una persona humana entre los pobres y tampoco había, porque todos querían ser ricos y tampoco tenían tiempo para nada. Por fin be encontrado un viejo que me ha dicho que conocía a uno que andaba cerca ya de eso, pero se había muerto. Otro día buscaré más. Hoy me vuelvo al Olimpo porque ya es un poco tarde y está empezando a hacer fresco.

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