Fábulas del entretiempo, Mariano González Mangada

11 El disfraz de carnaval

Hubo una vez un hombre que en Carnaval se disfrazó de sí mismo, y parecía otro y fue muy feliz, aunque el miércoles de ceniza volvió a ser el de todos los días, es decir, el que los demás querían que fuera.

12 Las ovejas y los pastores

Un rebaño de ovejas fieles alcanzó un grado elevado de cabreo, porque todos los pastores se convertían enseguida en ganaderos y, en vez de salir al campo con ellas y llamarlas por sus nombres, se pasaban el día mirando en el ordenador las cotizaciones de la carne. Reunidas las ovejas en asamblea ilegal, decidieron vivir sin pastores, y cuando salían al campo, dejaban que fueran delante las ovejas negras, aunque no siempre, no les fuera a crecer un cayado ente las patas.

13 La maestra que aprendía de sus alumnos

Hubo una vez una maestra que aprendía de sus alumnos y sacaba muy buenas notas; pero un día, probablemente a causa de complicaciones afectivas, flojeó bastante y, a pesar de los esfuerzos y recomendaciones de sus alumnos, éstos se vieron obligados a suspenderla en junio y en setiembre y tuvo que repetir curso.

14 El jilguero y el credo breve

Un jilguero fervoroso dedicado a la catequesis de los jilguerillos estaba preocupado por la excesiva longitud de los Credos de la Iglesia Católica, lo mismo del que pasaba por Apostólico que del Nicenoconstantinopolitano, ya que, al recitarlo los jilguerillos, cuando iban por la vida del mundo futuro, se habían olvidado ya de si el Hijo era o no consubstancial con el Padre, y de sí el Espíritu Santo procedía o no procedía, etc., aparte de que, como eran misterios, los jilguerillos no entendían ni papa de lo que decían; y pensaba también que en esas formulaciones tan largas a lo mejor habían quedado de lado algunas cosillas como la buena noticia de la cercanía del reinado de Dios y de que los pobres eran los amos de eso y tal. Y, hacia el final de su vida, tenia formulados varios credos cada vez más breves que no dio a la luz pública tal vez porque diferían demasiado de los credos oficiales, y uno de ellos decía lo siguiente: Creo que Dios quiere que el mundo tenga arreglo, y lo tiene, y lo van a arreglar los pobres, no muy tarde. Creo quiere decir que lo creo pero no estoy muy seguro.

15 Las cabras, la dirección y el camino

Había una vez un rebaño pequeño de cabras militantes que llevaban muchos años caminando en la dirección correcta y que estaban muy preocupadas porque no venía nadie detrás. Realizado un discreto discernimiento, sacaron la conclusión de que la dirección era la correcta, pero tal vez el camino no lo era del todo, ya que a ellas mismas a veces les parecía insoportable. Y después siguieron caminando por el mismo camino y se consolaban pensando que tal vez por otras laderas había otros caminos más divertidos por donde más cabras caminaban en la dirección correcta, porque estaban convencidas de que no tenían el monopolio de los planos ni de las brújulas.

16 El hombre y el espejo

Había una vez un hombre que se conocía de frente, pero no sabía cómo era de perfil y, siempre que se afeitaba y dejaba entreabierta una de las puertas del espejo del armarito del lavabo y se veía de lado, se asustaba mucho, porque creía que era otro y no él el que se estaba afeitando. Y con el tiempo le pasó algo parecido a lo que dice el apóstol Santiago y es que se fue olvidando también de cómo era de frente, y entonces se dejó crecer la barba, porque era tan tímido que no le gustaba afeitarse delante de un desconocido.

17 El peón de albañil y el librero

Había una vez un peón de albañil que, desde pequeñito, soñaba con ser librero y, como la realidad a veces es igual que las fábulas o mejor, y por un proceso largo de explicar de cosas que pasaban en los años 70 y ya no, llegó a ser propietario nominal de una librería encantadora aunque un poco polvorienta, y lo pasaba bastante bien, aunque, de vez en cuando, soñaba con volver a ser peón de albañil para volver a soñar con ser librero y, mientras, poder ir algún sábado a una librería y comprar libros para poder leer en los ratos libres.

18 El país que adoptó la tortura como forma de ciencia

Había una vez un país que, en vista de los éxitos aparentes obtenidos mediante la tortura por el Ministerio del Interior, decidió adoptar la tortura como forma de ciencia. Desde entonces los científicos eran torturados salvajemente y todos los exámenes, desde la EGB basta el doctorado, se hacían en las Comisarías de Policía o en los Cuartelillos de la Guardia Civil Pero resultó que la gente en la tortura decía no sólo lo que sabía, sino también lo que no sabia y alguna otra cosa, y el método fue abandonado felizmente, porque además, pasado el morbo de los primeros momentos, tampoco los torturadores se divertían mucho, salvo unos cuantos que recibieron como indemnización por despido una suscripción perpetua a cómics sadomasoquistas. También es cierto que en el Ministerio de Cultura pensaban que tal vez el método sirviera para la literatura y el arte, pero no lo pudieron poner en práctica, porque un día, sin saber cómo, llegó la revolución y ya no se torturó ni a los torturadores.

 19 El hombre y la fotocopia

Había una vez un hombre que sacó una fotocopia de sí mismo y era la que utilizaba en la vida corriente y, como en realidad los demás no te prestaban mucha atención, servía como original, que pudo conservar en buen estado basta el día de su muerte, y en el velatorio todo el mundo decía que qué lastima de muerto, que parecía recién estrenado.

20 El rey republicano

Había una vez un rey que era republicano desde pequeñito y le fastidiaba cantidad que te llamaran su majestad, porque creía que hablaban de otro, y decía que la realeza era una cosa funestísima para los cocos de los ciudadanos porque 1os hacía súbditos, y que los reyes estaban bien sólo para los cuentos de los niños y las cartas de la baraja y de eso no estaba tampoco muy seguro. Así que un día se marchó a otro país con república donde ni siquiera fue presidente, sino barrendero del Ayuntamiento como había sido la ilusión de su vida, porque los barrenderos se encuentran siempre muchas cosas bonitas entre la basura